sábado, 15 de septiembre de 2012

Hará que se cumplan tus deseos



2Sa 23:1 Estas son las palabras postreras de David.Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob,El dulce cantor de Israel:
2Sa 23:2 El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,
Y su palabra ha estado en mi lengua.  
2Sa 23:3 El Dios de Israel ha dicho, Me habló la Roca de Israel:
Habrá un justo que gobierne entre los hombres, Que gobierne en el temor de Dios.  
2Sa 23:4 Será como la luz de la mañana, Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.  
2Sa 23:5 No es así mi casa para con Dios; Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo,
Ordenado en todas las cosas, y será guardado, Aunque todavía no haga él florecer
Toda mi salvación y mi deseo.  2Sa 23:6 Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados, Los cuales nadie toma con la mano; 2Sa 23:7 Sino que el que quiere tocarlos
Se arma de hierro y de asta de lanza, Y son del todo quemados en su lugar.

Cuando pensamos os deseos que nos mueven pueden venir muchas cosas a nuestra mente dominadas por lo que necesitamos hoy, y no pensar en un deseo transferido o proyectado por el Señor a nuestras vidas. El problema es que nos conformamos con los deseos que tenemos aunque sean de corto plazo y no nos atrevemos a pedir que nos ayude a cambiarlos porque no vemos peligro en ellos.

Los deseos van cambiando en nuestra vida, de acuerdo a factores pero se ven marcados por la madurez que vamos alcanzando; los deseos de niño no son los del adolescente, ni tampoco los de un adulto joven, ni los de alguien como David que se dice eran sus últimas palabras, quizá no porque estuviera muriendo pero sí por ser las del final de su vida.

La madurez entonces se refiere a la espiritual, a la que viene no tanto por la edad, sino por la capacidad de soportar mayor peso de responsabilidad haciendo lo correcto en la vida. David habla como un estadista que puede hacer un repaso de su desempeño como rey y principalmente de lo que Dios había hecho en su vida, y a pesar que estaba terminando su carrera no estaba satisfecho en cuando a sus deseos, pues seguramente sabía que los que no se habían cumplido en su vida se terminarían de cumplir en el siglo venidero.

Entonces tiene mucho valor aprender de alguien que estuvo con el Señor, que no solo fue rey, sino que también fue pastor de ovejas, y que fue un hombre muy próspero materialmente, pero también fue una persona que vivió en humilde condición; no fue toda su vida un hombre renombrado y conocido sino que también fue un hombre desconocido, anónimo. Tuvo siempre deseos que fueron moldeados por Dios y que en cada etapa de su vida pudo vivir sin que le robaran ni tampoco los abandonó.

El forjamiento de sus deseos. Cómo fueran nuestros deseos si viviéramos el mismo camino de David. Esta es una pregunta que no debemos contestar a la ligera, porque a David se le fueron dando ciertos privilegios, pero también sufrió cantidad de dificultades duras. Quizá se piensa que en los cambios de vida o etapas que se pasan ameritan cambios en las cosas que se desean, y es correcto que los habrá pero que siempre sea el Señor quien los ordene, para que nuestra puntería no se vaya a quedar en cosas materiales únicamente.

Dice la porción que David fue levantado en alto, y cuáles serían sus deseos al estar en alto, nos damos cuenta que fue la mayor parte del tiempo ayudar, proteger, y llevar justicia, y no hubo un deseo de conquistar por poder como la mayoría de los reyes. También dice que fue ungido, en esto tenía claridad pues cuando revisamos de donde lo sacó el Señor para ungirlo la primera vez por medio de profeta y juez Samuel, nos damos cuenta que esa unción no cambió su imagen de sí mismo, ni comenzó a decirles a sus hermanos que ya no haría las obligaciones que tenía porque sería alguien especial (que se lo había dado Samuel), como muchos que hoy piensan que si son llamados es para estar sobre los demás y no como servidor de ellos.

Se dice también de David que era el dulce cantor de Israel; que desearíamos como un cantor que era compositor y músico, pero que además deleitaba cuando lo hacía, pues sabemos que tocaba con unción pues cuando ministraba el espíritu de Saúl se tranquilizaba. No deseaba ser como ningún famoso, solo quería agradar a Dios cantando lo que el Señor le inspiraba, nunca pensó en fama como el camino a seguir como medio para generar ingresos por sobre todo, que es una trampa actual donde sucumben ministros que se apartan de sus ministerios y se vuelven profesionales independientes (freelancer), y pueden perderse en poner condiciones para ministrar al Señor y por supuesto se cambian los deseos de Dios por esos de grandeza y notoriedad.

El deseo de David en su sucesor. Tenía una gran preocupación y era quien le sucediera, que pudiera cumplir ciertas características para que fuera bendecido por el Señor. Otros reyes no se preocuparon por esto, porque pensaban que por ser sus hijos los sucesores en la dinastía eran los mejores (por eso les tocaba), pero los deseos de David no estaban en quien seguiría la obra que está dejando y que es necesario continuar y mejorar, sino que quien lo haga pueda cumplir los deseos del Señor.

El Espíritu de Jehová ha hablado por mí y hoy también tengo su palabra en mi lengua, esto quería decirlo para que fuera puesta atención a lo que decía haciendo recordar que no solo tenía autoridad en su palabra sino que era el Señor quien se la daba. La Roca que es Cristo le habló y le dijo que preguntara si había un justo que gobernara con el temor de Dios. El deseo del Señor fue manifestado y esto es grande, pues si obedecemos tenemos asegurada la victoria. Este debe se nuestro deseo si esperamos gobernar no importando lo que sea, grande o pequeño pues es lo mismo.

Podemos pensar en gobernar y hacerlo como se le antojara, pero esto está muy lejos de la realidad David hacía conforme a la voluntad del Señor. Cuando se llega a administrar (que bien es sinónimo de gobernar), tenemos un gran desafío para tener éxito: ser justo y temeros de Dios (respetar a Dios en lo que hacemos), es decir con temor en todas nuestras acciones, como si él está enfrente y le pudiéramos preguntar si es correcto cuando tenemos duda.

David era ejemplo de esto, aunque se equivocara en decisiones, pero fue rectificado al permitir que Dios obrara. Se puede brillar como el sol en un día sin nubes, y se puede ser como lluvia que hace brillar la hierba. Esta es la visión del Señor para nosotros que al gobernar podamos hacer que la luz brille sin estorbos, llegue a todos y que la lluvia haga crecer la hierba, para que prospere el ganado, y haya leche y carne. Todo esto es prosperidad y en esa visión se alinean nuestros deseos.

Su pacto es lo primero para que se cumplan los deseos. Parece ser que cuando dice en el verso 5: no es así mi casa para con Dios, pudiera referirse a que esté hablando a su propia casa donde no hizo su mejor gobierno, pues tuvo algunas dificultades graves con sus hijos que fue tarde para resolverlas.

Podemos pensar que nuestros deseos son primero, que nuestras necesidades son primeras, y que por tanto todo lo demás queda en segundo plano, pero esto no es lo que mantiene, ni lo que nos hará salir adelante, es claro que es el Señor pero para que pueda actuar y que pueda bendecirnos con todo es necesario que se respete el pacto con él, este no expira pues es eterno, a perpetuidad. David pudo entender que no obraba solo sino que estaba regido por un pacto que tenía que respetar.

Decía: el pacto es ordenado; entonces no es como vayan saliendo las cosas, sino que está bien reglamentado para que lo podamos practicar en cada área de nuestra vida y esta incluye los mismos deseos que brotan de nuestra carne, los cuales tenemos que superarlos; este orden servirá para que no se quede como una buena intención nada más. David podía decir que no había gobernado como a él se le había antojado sino que guardó este pacto y todo lo siguió al pie de la letra como decía el reglamento.

Aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo. El hecho de que no se cumplieran todos sus deseos y que no tuviera la victoria final, no quería decir que no seguiría el pacto. Esto es muy diferente a lo que nuestra mente nos puede decir: si las cosas no van bien y no se cumplen tus deseos, puedes incumplir algunas cláusulas y compensar de alguna manera lo que el Señor todavía no ha hecho, pero se nos olvida que ese pacto es no negociable, y que es solo para nuestro beneficio.

El que no florezca, el que no brote, significa que no se ve claro todavía, que no van las cosas por el camino que nosotros deseamos para que se arreglen las cosas, pero el rey David nos dice que en su casa siempre ha salido el sol y que siempre ha habido hierba (que es el inicio de otras cosas), pues después del agua, viene la hierba y entonces comen los animales y entonces hay leche, y queso, y mantequilla, y hasta sorbete, siempre estuvieron seguros.

Así como brotó la vara de Aarón y no la de los demás, esto ocurrió no porque la rama era la buena, la que tenía la mayor posibilidad de reverdecer, sino porque el Señor la hizo brotar, y dar flores y aun frutos. Los deseos los cumple el Señor según su voluntad.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Tierra deseable al Señor


Luc 8:15  Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.
Mat 13:23  Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Mal 3:12  Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.
Stg 5:7  Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.
Pro 8:19  Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado;
Y mi rédito mejor que la plata escogida.

Hoy día el trabajo para saber si rinde es medido con índices de productividad, y todos nos vemos enfrentados a ellos y quien no rinde o se acerca a los costos esperados queda fuera de los empleos. Esta es una ley de productividad que no es más que la capacidad de dar la mayor cantidad de frutos a un costo cada vez menor. Somos deseables al ser más productivos y rechazados si no tenemos producción. Aun nuestro Señor cuando buscó fruto en la higuera y al no encontrarlos la maldijo y ésta sus discípulos la vieron después seca.

El punto es no quedarnos sin fruto, pues la parábola nos habla de darlos a 30, 60 o a 100; esto quiere decir que lo importante es dar fruto, mejor si es 100 y no 30, pero ese rendimiento dependerá de lo que alcancemos a dar de acuerdo a las capacidades que vamos adquiriendo de parte de Dios. La gran ventaja es que la fuente de esas capacidades no representan costos para nosotros, solo es disponernos.

Pero, cómo hacer para enseñarles a quienes amamos para que también entren en la productividad del Señor, pues muchos pueden ser muy productivos para trabajar pero en lo espiritual que es la obediencia al Señor muchas veces no lo desean, y luego muchos esperan ver grandes resultados por el solo hecho de visitar una iglesia. De hecho queremos beneficios con poco esfuerzo pues esto es lo que nos venden los medios y el mismo sistema, que el más listo es aquel que sin trabajar tiene muchos beneficios en la vida.

La teoría del más listo trata de confundir inclusive menospreciando la gracia del Señor con la cual el Señor nos brinda beneficios que recibimos sin merecerlo y sin costo material, pero esto no significa que no tengamos que poner de nuestra parte para ser productivos o llevar frutos espirituales; tampoco la productividad del Señor está en contradicción con la fe, pues la misma fe exige obras, de lo contrario es muerta dice el apóstol.

Entonces, ¿a qué se refiere la palabra cuando nos habla de dar mucho fruto y cuáles son los requisitos para llevarlos? ¿De dónde salen los buenos frutos o dónde se producen? ¿La tierra productiva es la misma tierra deseable?

Llevar frutos para ser buena tierra, tierra deseable. La buena tierra se vuelve tierra deseable cuando lleva frutos; ésta es como dice Malaquías Mal_3:12, aquella donde el devorador no podrá destruir el fruto, ni tampoco faltará fruto por esterilidad de la vid (nótese que la esterilidad no es de la tierra sino de la vid, es decir de lo que se sembró), la semilla que se siembra es buena y no se permitirá recibir otro tipo de semilla. Estas dos causas evitan que seamos una buena tierra y por ende que nadie la desee. Es difícil llegar a ser buena tierra y deseable cuando no se prepara el corazón, más cuando hemos sido rechazados y no creemos que podemos superarlo, creyendo que es irreversible.

La buena tierra es aquella que admiran los demás, pero esa admiración debe servir para inspirar a otros, y que no nos afecte en nuestro orgullo, de lo contrario estoy en peligro de ser afectado por los beneficios que tengo hoy, pero que pronto puedo llegar a perder porque está afectando mi alma. Si no somos tierra deseable para Dios no importa si parece ser que lo somos para otros.

Pero ¿qué es la buena tierra? El de corazón bueno y recto (o  noble), como dice en Mat_13:23; el de corazón bueno es entonces el que oye la palabra y tiene la rectitud o nobleza para aceptar la palabra, que es el entenderla. Para entender se necesita humildad de corazón y aceptar que necesitamos de ella, no es cuestión de inteligencia humana sino de actitud, porque la inteligencia sin obediencia me pone en peligro. Lo que queda es actuar en ese entendimiento para que los frutos lleguen a nuestra vida.

Entonces somos nosotros la buena o mala tierra, cuando es buena todos pueden ver la razón por la que es buena: los frutos. Cuando existen frutos todos quieren esa tierra, algunos se equivocan cuando ven una plantación con producción abundante pensando, que es porque es buena tierra en sí misma, pero pueden existir piedras que no se ven hasta que uno se acerca, las piedras se han apartado y ordenado donde acomodando la semilla.

Si nos miran con fruto no quiere decir que seamos perfectos, pero los defectos y limitaciones son superados. La buena tierra es precisamente porque se ha querido escuchar y aceptar la palabra para pasar de ser mala tierra a buena tierra, la atención de la planta es una obediencia que nos llevará a hacer lo mejor.

Se necesita paciencia y voluntad. La paciencia o perseverancia o aguante producen buenos frutos. Esta paciencia pasa por tener buena voluntad de escuchar y aceptar la palabra de Dios y los medios que el Señor usa para darnos a conocer lo que espera y quiere de nosotros.

Por esto tener un espíritu largo es necesario, ya que no tener los frutos esperados cuando los necesitamos no quiere decir que no estén allí, lo que sucede es que si los frutos están en en la semilla, y no dejamos de sembrar, de abonar, de preparar, de hacer las cosas hasta que llegue el fruto. Lo que significa que si no podemos ver en la semilla el fruto (si no se alcanza a ver la sandía cuando vemos la insignificante semilla), entonces no tenemos fe, y esto nos afectará para salir adelante de cualquier situación de la vida.

Habrá un fruto final. En Stg_5:7, nos habla que sin duda al final se manifestará un fruto final  en la venida del Señor, pues ahí se echará de ver si realmente hemos sido buena tierra o si solo ha sido pantalla. Esto a lo que nos obliga es a no cansarnos de sembrar y cuidar, hasta que venga el fruto final.

El labrador es un obrero que solo sabe trabajar y esforzarse, no es de un momento, o  tratando de hacer el mínimo esfuerzo y esperando lo máximo. Quizá el labrador no es el más inteligente ante los demás, o quien tiene más educación, sino que es uno que está dispuesto, que tiene una gran voluntad, tanto así que puede hacerle frente al desánimo cuando llega, y no deja de salir de su casa al campo, aunque llueva, haga mucho sol, aunque se sienta enfermo o se sienta triste.

Está esperando que llegue la lluvia temprana que le ayudará a crecer (dar tamaño y volumen) a la plantación, a desarrollarse (preparación antes de fruto), pero también debemos nosotros también esperar pues habrá una lluvia tardía que ayudará a que demos fruto, a que se llene y alcance tamaño y peso el fruto. Esta es la promesa del Señor, la primera es vistosidad y admiración, pero la segunda son logros. A veces solo nos conformamos con tener la primera y nos debilitamos en la fe y obediencia, y perdemos lo mejor: los frutos.

¿Cuál es nuestra motivación? Por esto dice que es mejor el fruto del Señor y no el fruto materialista Pro_8:19, esto no es fácil entenderlo, nos cuesta asimilarlo, porque solo en las crisis, cuando falta, cuando no está lo que antes mal administramos, es cuando nos damos cuenta que lo que nos mantiene no es lo material, sino algo que el Señor nos está dando y que posiblemente no lo entendemos hasta que vienen frutos nuevamente. Los frutos pueden ser abundante en este tiempo y con escasez de recursos puede haber abundancia, entonces entendemos un ley grande en nuestra vida. Los frutos pueden ser en todo tiempo y no deben afectarnos, pero esto depende de nuestra motivación que no es más que nos acordemos del Señor y de sus promesas.

Los frutos del Señor son mejores y además ganamos mejores intereses celestiales, porque así como el dueño del capital tiene que confiar donde deposita su dinero, buscando lo más sólido y confiable y luego recoge su ganancia a través de lo que gana de intereses. Entre más confiable la inversión menos tasa de interés, pero en el Señor lo que le confiamos no es nada con valor, pues solo es un escuchar y aceptar su voluntad, esto tiene beneficios en sí mismo, al instante, en este siglo, pero el Señor además de eso nos dará beneficios por haber tenido fe, nos compensa con intereses mejores que la plata escogida para este tiempo y para el siglo venidero.

Somos productivos en frutos como oro y además con réditos como plata escogida, algo doble que nos vuelve tierra deseable para Dios, porque el querrá seguir dándonos abundantemente pasando de 30 a 60 y de 60 a 100.

viernes, 31 de agosto de 2012

Yo soy tu parte y tu heredad



Núm 18:20  Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.
Núm 18:21  Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.
Deu 10:8  En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy,
Deu 10:9  por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.)

¿Quién no quiere recibir una herencia?, y si nos dieran a escoger lo que quisiéramos recibir, creo que estaríamos influenciados a pedir de acuerdo a nuestras necesidades y no de acuerdo a una visión de largo plazo. El corto plazo en nuestra mente es muchas veces una trampa que no nos deja alcanzar las metas de largo plazo que el Señor sabe que necesitamos alcanzar y que están preordenadas para nosotros.

Lo normal es pensar en lo que nos darán de herencia y no en quien nos la dará, pero esto es precisamente lo que el Señor quiere hacer cambiar en nosotros, pues una forma que muchas veces miramos lo incorrecto, por ejemplo un joven cree que cuando se case le darán amor, comprensión, y todas las cosas que parece ser propias de ese cambio de estado de vida, pero no piensa en que, lo más importante será que esa mujer sea compañía para siempre y que pueda disfrutar al tenerla cerca. De igual manera quería hacer el Señor con los levitas, y lo mismo quiere hacer con nosotros, que veamos que es mejor estar con él, todo lo demás no debería importarnos porque de eso él se va a encargar.

Hoy muchos no pueden heredar bien, y hay un deseo también del Padre celestial de hacerlo bien pero los hijos que van a heredar algunas veces no quieren vivir para heredar, pues existe el interés de solo recibir sin importar que tienen que saber administrar lo que se recibe para no perderlo rápidamente, pues existen muchos casos donde alguien recibe y lo despilfarra y lo pierde, y en lugar de llegar a ser de bendición se vuelve frustración. El Señor en la parábola de los talento se la quita a quien la guardó, reprochándole que mejor hubiere sido mejor darla a los banqueros para al menos haber recibido los intereses; aquí se muestra que es importante aprender a trabajar porque ese talento le fue quitado y pasó a quien administró mejor.

De la tribu de Leví fueron tomados los sacerdotes y los que apoyaban el servicio, cantores, porteros, etc. que participaban como ayuda les llamaban levitas. Nosotros hoy somos sacerdotes del Señor si realmente ministramos y nos disponemos para hacerlo (muchos han guardado sus vestiduras y no las usan), por esta razón podemos y debemos conocer lo que tenemos como herencia de parte de Dios.

Qué significa Levi. En la tribu de Leví representa algo importante en cuanto a la herencia en comparación con las demás tribus de Israel y para comprender mejor esto se debe examinar el origen de la tribu que vino del tercer hijo Jacob con Lea.

Leví: significa unido, sujetado juntado, adherido, apegado a Dios. Hijo de Lea que le puso ese nombre porque dijo "esta vez se unirá mi marido conmigo" Gen_29:34. Para Lea entonces era la esperanza de conseguir la unión a su marido por el nacimiento de su tercer hijo Leví, así también los levitas tenían que estar unidos a Dios, porque era la esperanza para unir al pueblo con Dios.

La unión de aquel tiempo de la tribu de Leví representaba la cercanía que tenían con Dios a través de la ministración en el templo donde podían tener acceso a la presencia de Dios en el lugar Santo, privilegio que tenía únicamente esta tribu, pues nadie más podía acercarse al Señor sin morir. Hoy día nosotros tenemos ese privilegio de acercarnos por su hijo Jesucristo.

Apartado por Dios. Sin duda como dice Deu_10:8  el Señor apartó en su tiempo a Leví, siendo este un acto de exclusión de lo que las otras tribus tenían que hacer porque estaban siendo apartados o sacados de las otras para cumplir ciertas funciones:

Llevar el arca del pacto. Mover el arca del pacto donde se manifestaba Dios no podía ser llevado por cualquiera, por lo que se tenía que levantar y llevar al hombro, y aunque esto parezca ilógico, el Señor nos da el privilegio de llevar su presencia, nosotros y únicamente nosotros somos los responsables de llevar esa presencia pero solo si vamos donde él dice que vallamos y no donde nosotros queremos ir. Si la columna de fuego o la nube se movían los levitas se levantaban y desarmaban y cargaban el tabernáculo del Señor.
Servir en su presencia. Este es el servicio al Señor que muchas veces no percibimos que él nos mira en todo momento, y más aún nada pasa desapercibido, todo lo mira, lo externo, nuestra actitud, pensamiento, nuestro corazón. El sacerdote tenía cuidado de no ministrar con un corazón equivocado, inclusive podía morir si no se cuidaba.
Bendecir su nombre. Esto no es más que pronunciar bendiciones en su nombre, somos levantados para bendecir a otros pero no en nosotros sino en el nombre del Señor. El sacerdote tenía que ser imparcial con las personas y tenía que bendecir a todos. Si tenemos esa capacidad de bendecir aun a los enemigos estaremos cumpliendo con una función sacerdotal.

Este privilegio no lo tenían las demás tribus, sin embargo esto tenía un precio que tenían que pagar, al menos humanamente, o lo que su mente les hacía pensar que era un sacrificio pero a la verdad no lo era.

Leví no tiene herencia. Lo anterior era la razón por la cual Leví no tenía herencia como las demás tribus, porque tenía que dedicar el tiempo y sus fuerzas, con todo su corazón al Señor. No podía distraerse en las cosas que los demás se desgastaban, sino que estar completos para el Señor.

Entonces el Señor les dice algo que era para alegrarse para creérselo, para decir ya estuvo, ya la hice, estoy a salvo, no me preocuparé por nada en la vida: ¡yo soy tu porción y tu herencia”. Esto muchas veces no lo podemos dimensionar pues tiene dos tiempos el actual y el futuro. Cuando le dicen a Aarón de la tierra de ellos no tendrás heredad, quizá si nosotros hubiésemos estado allí nos hubiéramos entristecido, y qué cara hubiéramos puesto nosotros al escuchar “Yo soy tu parte y tu heredad”. Nos hubiéramos quedado con los beneficios o con el dador de los beneficios.

Lejos de la implicación en el ánimo de Aarón con su hermano Moisés que eran Coatitas de la tribu de Leví, no pensaban en recibir una parte de las que estaban repartiendo, lo tenían claro. Existía una diferencia entre la porción y la heredad.

Porción: viene de una palabra hebrea que significa  "liso" por alusión a las piedras lisas usadas para echar suerte a la hora que estaban asignando las porciones a repartir. Esta era la parte actual, la presente tu porción tu parte, tu territorio, lo que te toca recibir. El Señor les dijo: yo soy para ti esa porción.
Heredad: esto era lo que les era dejado como legado, el hijo hereda tierras y casa para ocupar cuando el padre falta, se tomaba posesión mientras se vive pues no se le puede heredar a un muerto. Entonces el Señor estaba diciéndoles también yo soy tu herencia, es decir tu futuro, aquí tenemos herencia más allá pues se heredará también en la vida eterna, así como lo que hemos heredado por nuestro Señor Jesús. Somos coherederos en Cristo.

Algunos podemos perder los beneficios por lo que queremos hoy, no perdamos lo mejor porque no nos hará falta nada pues el que hereda está tratando de darnos conforme a lo que prospera nuestra alma y luego recibiremos lo mucho, pues si en lo poco somos fieles en lo mucho nos pondrán. Cuántos por querer solo esos beneficios no llegan a conocer al Señor que da los beneficios. Cuántos podríamos interesarnos en la herencia y no en el que da la herencia, pues por esta razón muchos son desheredados.

Por esto el Señor le quita ese obstáculo de la mente a Aarón y a la tribu de Leví al decirles que no tienen parte ni heredad como los demás del pueblo, que se enfocaran en Él, y que allí estaría todo para ellos, porque siempre disfrutaría de los frutos de la tierra y de todos los beneficios pero nunca se sentirían dueños de nada. Esto debe ser una realidad aceptada más aun por los ministros del Señor pues la obra no es para recibir una porción más grande que los demás ni para recibir la mejor herencia material, sino que somos llamados para estar cerca de él, y disfrutar de llevar en nuestros hombros su presencia, servirle y bendecir al pueblo, lo demás son solo añadiduras que el Señor quiere darnos.

La decisión es hoy, para amar al que da y preferir estar con el testador, porque si estamos con él no nos faltará nada, estaremos seguros, pues todas las cosas vendrán cuando él lo quiera.