jueves, 9 de agosto de 2012

Lo que descalifica a la batalla


Deuteronomio 20:1 Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto. 2 Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá en pie el sacerdote y hablará al pueblo, 3 y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; 4 porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.
5 Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la estrene.
6 ¿Y quién ha plantado viña, y no ha disfrutado de ella? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la disfrute.
7 ¿Y quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la tome.
8 Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo. (RV1960)

Los tiempos actuales son apremiantes, y las batallas o enfrentamientos son cada vez de mayor dimensión, al menos cuando estamos conscientes y no dormidos de lo que pasa alrededor nuestro, pues podemos estar en condiciones cómodas que no nos permitan ver la gravedad y las guerras que tendríamos que salir a enfrentar.      

Las situaciones demandan que estemos dispuestos a pesar que los problemas y las guerras sean contra enemigos que son más grandes que nosotros o que tengan mayores recursos para la batalla. Esta es una realidad espiritual clara donde el enemigo tiene superioridad, y a pesar de eso el Señor nos manda a no tener temor porque él es poderoso para protegernos.

A pesar de la promesa de Dios se tiene algunos obstáculos que son personales, cosas normales en nuestra vida que toda mujer u hombre alguna vez enfrenta, estas nos descalifican para ser útiles en la batalla, pues influyen en nuestras capacidades para enfrentar la guerra al distraernos, y ponernos en peligro. De lo que podemos estar claros es que en la antigüedad, todo varón con edad tenía la obligación de salir a la guerra. Hoy día pensar que no tenemos que salir a la batalla sería irresponsable, “enfrentar” no equivale a capacidad, sino a responsabilidad espiritual, pues sabemos que no importan las capacidades o recursos porque el Señor es quien pelea por nosotros; hay enfrentar y disponerse es lo que cuenta aunque nos sintamos pequeños espiritualmente.

Analizando detenidamente los obstáculos tenían que ver con lo que está pendiente en nuestro corazón de lo que esperamos en la vida, estas expectativas nos desvían y nos vuelven incapaces de enfrentar algo tan importante como la batalla, pues en la antigüedad no se podía nadie extraer porque su no colaboración podía significar su propia destrucción. Ser eximidos de pelear solo podía ser por las tres causas señaladas en este pasaje, aunque existía otra causa de poco honor que eran aquellos que el temor los superaba y que les llama: medrosos o pusilánimes.

Esta no era una invitación a una fiesta como en Luc_14:18-20 donde se disculpaban por no poder asistir al no querer hacerlo, sino que aquí por el contrario eran descalificados porque su alma no estaría lista para la batalla. Esto es lo mismo que en lo espiritual donde queremos primero se cumplan en nuestra vida ciertas aspiraciones antes de enfrentar los problemas decisivos.

El sacerdote se debía adelantar a hablarle al pueblo guerrero, era el llamado a animar, esto nos habla del trabajo ministerial que está siempre martillando al pueblo a tener valentía de enfrentar y no ceder a otras presiones modernas que tratan de quitarse y buscar soluciones fáciles sin complicación. Además les hablaba para que no existiera desaliento, porque a veces no es temor a enfrentar sino que el temor es a la reincidencia, repitiendo lo mismo sin poder superarlas, y pensar que estamos luchando por gusto; esto de verdad puede desalentar, y causar desgaste.

Los oficiales hablan también para preguntar acerca de las cosas que descalifica al hombre y  que muchos creemos que manejamos bien, y sin saberlo nos podemos exponer y en lugar de completarlas nos vamos a la guerra y nuestra mente está en otro lado. El sacerdote animaba pero el oficial miraba para que quienes fueran no murieran en la batalla y esto implicaba lo que podía hacer morir por distracción interna y los que no solo eso sino que podía meter desánimo a los demás. Los oficiales no miraban si tenían pies planos, sino que trataba que estuvieran enfocados y esto lo conseguía preguntando por las causas de distracción, lo que los eximía de ir a la batalla, estas eran:

La ansiedad por estrenar algo. Esto es algo que quiere comenzar y si no lo hacemos no nos sentiremos a gusto. La mente o mejor dicho nuestra alma se enfoca en cosas que sentimos que son importantes aunque lo sean temporalmente pues no sabemos que esa ansiedad por estrenar casa (según el verso 5), no durará, es pasajera. La sensación de comenzar algo nuevo aunque sean cosas terrenales siempre ocasionará alguna distracción que puede costarnos la vida y por esto eran eximidos.

La necesidad de estrenar en este caso, era porque se había dejado pendiente algo por lo que ya se había esforzado, así muchas cosas pueden estar listas y salir a la guerra era inoportuno; Se podría decir: bueno hoy que estaba por estrenar algo tan importante como una casa me llaman, y entonces renunciamos a no estrenar por ir a la batalla pero en nuestra mente no lo hacemos. Nuestra atención estará en estrenar y no en otra cosa, y el oficial miraba como una tragedia que no la estrenara y que al final lo hiciera otro, la debilidad que puede llevar a la guerra es de ansiedad de estrenar después de construir la casa, el oficial y los líderes miraban importante que estrenara por lo que significaba una casa en Israel, pero lo principal era su vida por el riesgo que muriera por la distracción. Hoy día existe mucha ansiedad por las cosas materiales que distraen al cristiano.

El Señor quiere que estrenemos lo que hemos terminado, Él no está para molestarnos, ni se alegra tratando de meternos en batallas para quitarnos la oportunidad de disfrutarlo. Esto se vuelve importante cuando lo podemos entender, pues quien ya pasó por ahí puede entender lo que representan las cosas importantes en la vida, aun los ministro tenemos que pasar por esto. La iglesia actual tenemos un compromiso de adaptarnos a muchas de estas situaciones para que los cristianos tengan la oportunidad de servirle al Señor, por supuesto cuando hemos sido llamados.

Disfrutar lo que se ha sembrado. La viña representa esfuerzo que se ha hecho de manera continua, de manera disciplinada, con conocimiento, y con esperanza de que en el tiempo oportuno tengamos los resultados esperados. Este no es el disfrute de ganga, sin esfuerzo o de comodidad que muchos pensamos que es la mejor bendición, sino lo que llegaba como esperado después de un tiempo de trabajo, y que ha representado sacrificio.

Iniciar a disfrutar es algo que nos mantiene con fuerzas para continuar en el esfuerzo de la viña y esto representa en las cosas de la vida en las que nos empeñamos por comenzar a disfrutar. El joven puede pensar que necesita llegar al tiempo en que disfrute de sus frutos del esfuerzo de sus estudios, o de proyectos materiales en los que se esforzado por terminar para comenzar a disfrutar.

El problema en la guerra podía ser mental al tener expectativas que asumen una lógica para nosotros como el cosechar lo que se ha sembrado. Esta lógica mata al cristiano cuando las cosas no se dan en la forma u orden lógico. Esta es la razón por la que a muchos se nos permite licencia para no ir a la batalla mientras se disfruta lo sembrado. Como cristianos no estamos listos si nuestra prioridad es disfrutar, aunque es solo cuestión de tiempos, porque quiere el Señor que se tenga el tiempo para disfrutar y saborear éxitos, sin embargo vienen tiempo donde nos tenemos que alistar para la guerra. La licencia no es para siempre y el oficial sabía que se podía perder esta batalla pero en la otra estaría con todas sus capacidades.

Tener un compromiso con ilusión. El comprometerse para casarse sin duda es el evento más determinante para el hombre, es lo más grande, es el contrato más delicado y el que dudará toda la vida. Esto ponía del otro lado a la novia, que sin duda tenía el mismo deseo de unirse, nadie podía quitar esa ilusión. Este compromiso acrecienta la ilusión en las partes, y quien nunca se ha ilusionado en la vida quizá no ha vivido, pues nuestra alma nos permitirá que nos enamoremos y que sintamos que no podemos vivir si aquella otra persona. En la guerra estaría expuesto por la debilidad emocional, esto al igual a las anteriores nos metería en un gran peligro y estaríamos vulnerables.

Para los oficiales se tenía que cumplir el compromiso y por eso era exonerado, esto es lo que el Señor quiere, que cumplamos y que no se corra el riesgo en nuestra mente que nos deprimamos pensando que no regresaremos o aun peor que muramos. Se les permitía volverse y tomar aquella mujer para que no fuera otro quien la tome (esto era considerado tragedia), es decir el Señor quiere que cumplamos el compromiso y que se cumpla la ilusión.

Cuando se superaba lo que descalifica. Este es el objetivo, el Señor quiere que se superen las cosas que nos descalifican y que él venga a ser el primero en nuestras vidas, que podamos ser completos para él, para poder ir a la batalla, esto es que estemos con todas nuestras capacidades para no caer a causa de nuestra distracción de nuestra alma. Aunque nos dispongamos si tenemos estas cosas pendientes nos pueden descalificar. Si somos oficiales y tendremos que entender que es mejor dar licencia a que alguien muera por querer ser duro y legalista.

Es necesario superar la distracción en nuestra mente de lo que se piensa y razona que necesitamos comenzar y disfrutar, o de nuestros sentimientos que nos mueven a unirnos y que nos ilusionan. Las distracciones del hombre en la guerra cuestan la vida, y hablando de lo espiritual lo que nos puede hacer fracasar es la atención en otras cosas cuando no nos permiten ir a terminarlas.

Llegará un momento en que todo esto se supere, esperamos que sea porque llegó el tiempo y porque cuando nos mandaron de regreso y nos descalificaron  a la batalla, nos volvamos y hagamos lo que nos mandaron a hacer para que lo podamos superar, y que luego estemos dispuestos para hacer frente a las batallas que el Señor nos mande, porque él nos hará vencedores pero tenemos que enfrentar y disponernos. 

También existen aunque en menor número los que no esperan a que se cumpla en ellos estas cosas y que siempre están dispuestos, personas especiales como Pablo que recomendaba no casarse para quien pudiera hacerlo, pero si nuestra situación no es esa tenemos que entender que debe ser temporal. Lo importante es que el Señor nos supere y nos dispongamos, porque también existen otros que nunca se sentirán saciados y siempre tendrán casas que estrenar, viñas que disfrutar y compromisos que les ilusionen y nunca querrán disponerse a la batalla, pues nunca resuelven su vida como si el Señor no quisiera que se alcance.

Reflexiones

1.                  El sacerdote debe animar para que se disponga todo el pueblo, aunque haya algunos que se serán descalificados por el oficial y otros a ellos mismos por medrosos.
2.                 Estrenar no es un deseo que el Señor rechace nos puede conceder esperar hasta que pase ese deseo, pero cuando estemos listos debemos estar dispuestos a alistarnos a la batalla.
3.                 Disfrutar lo que se siembra es algo normal pero que esta lógica del disfrute no nos desanime, cuando pensemos que tenemos que enfrentar la batalla sino que esperemos a ser eximidos, ese tiempo para disfrutar es importante pero pasajero.
4.                 El compromiso con la ilusión tiene que ser real y validado por el Señor, pues de lo contrario, para no caer en un ciclo de desilusión. Lo que nos ilusiona y viene con compromiso es lo que vale y no lo que el mundo vende: disfrute sin compromiso.
5.                 El Señor quiere que sean superadas las cosas que nos descalifican, y él hará que se cumplan, para que volvamos con la capacidad de enfocarnos en la batalla que él quiere. Es parte de su plan que se sacien estas necesidades de la vida lo antes posible, aunque no quiere que sean la prioridad en nuestra vida, por esta razón era una ley en Israel, para que nadie le robara la ilusión, la necesidad de estrenar ni de disfrutar la viña, pues siempre ha existido personas que nos quieren robar para que nos sintamos infelices y quejándonos de Dios.

miércoles, 1 de agosto de 2012

La intimidad familiar


Sal 51:6  He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Sal 55:12  Porque no me afrentó un enemigo, Lo cual habría soportado; Ni se alzó contra mí el que me aborrecía, Porque me hubiera ocultado de él; 13  Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, Mi guía, y mi familiar; 14  Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, Y andábamos en amistad en la casa de Dios.
Sal 128:3  Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.

Nadie puede escapar a la realidad de la familia, no importa en el tipo de familia que nos toque vivir o nos haya tocado desarrollarnos, pues como cristianos tenemos familias formadas quizá no por los padres, sino por otros miembros que se incorporan como la propia familia y en la práctica es con quien tendrá intimidad, sea la relación buena o no muy buena.

Mantener la comunión familiar en este tiempo es todo un desafío pues existen distracciones, y barreras que la dificultan y hasta lo pueden echar a perder: El trabajo que nos toca desarrollar, la mujer que tiene empleo o trabaja fuera, pues la mujer tiene mayor intervención en el bienestar familiar y esto hace más complicada su labor, también existen todo tipo de distracciones que nos vuelve distantes y hasta totalmente ajenos a la familia, todo esto y otras cosas más reducen los espacios para la comunión y la intimidad familiar.

Está de más decir la importancia de este espacio y la intimidad familiar para desarrollar muchos de los valores espirituales para todos los miembros, además de lo enriquecedor que es para el crecimiento de casa miembro, pues podemos pensar que el aprendizaje solo tiene una dirección, de padres a hijos, pero en la práctica somos ayudados como padres a mejorar nuestra vida y que al final se vuelve en beneficio de ellos.

El peligro de la traición familiar. Cuando existen daños dentro del círculo de intimidad familiar son los más duros de resistir, de hecho dice David en el Sal_55:13-14 -acerca de un amigo que le traicionó- a quien le hizo entrar en ese círculo de intimidad, y que no respetó. Traición es el quebrantamiento de la lealtad o confianza que otro nos brinda, la familia es por definición el espacio donde la confianza se brinda por el amor que tenemos, pero cuán difícil es entender la que el precio de quebrantar la confianza tiene doble sentido.

Si nos permiten entrar en la intimidad familiar es un valor grande a guardar, pues si no se hace los daños serán grandes. Los hijos, los cónyuges nos debemos fidelidad porque tenemos el potencial de hacer mucho daño al faltar a la confianza, la cual creemos que es obligación para nosotros, pero en realidad se trata de un privilegio que nos dan. Aunque el amor facilita el perdón cuando se traiciona la confianza, no quiere decir que las consecuencias se van a detener en nosotros cuando fallamos, y esto lo debemos entender, porque el perdón es en primer lugar para mi beneficio, si la otra persona está dispuesta a cambiar ese perdón se volverá en un recordatorio poderoso para que el Señor le ayude.

Para David aquella persona no solo era un familiar, sino que además lo valoraba con liderazgo sobre su vida, como guía, es decir de quien podía recibir un consejo; este era el lugar que ocupaba y esto nos habla de que en la intimidad se avanza también en nuestra voluntad como para permitir que nos den un consejo, la traición tenía una desilusión pues cuando se espera más de las personas y traicionan no es solo la persona sino lo que representaba para nuestros planes, para David era impactante.

Perdiendo la libertad y confianza. En el huerto se perdió la confianza, y la libertad de la intimidad que gozaban con el Señor, pues metieron a uno ajeno al círculo de intimidad, la serpiente,  y elevándolo a una posición de consejero que no le correspondía. Aquí está el punto, el cuidarnos de entender a quién podemos escuchar y prestar atención y más aún seguir un consejo.

Después del pecado de Adán y Eva entendemos que se descubre lo que estaba cubierto (heb. tukja: cubierto). Dios nos da áreas cubiertas para los demás, pues el pecado lo descubre, lo desnuda, cuando Eva y Adán pecaron su primera consecuencia fue vergüenza o pena, y se llenaron de inseguridad pero lo más significativo y grave fue el esconderse de Dios, entonces son dos consecuencias graves: desnudez y alejamiento de Dios.

Lo que pasó entre Adán y Eva con el pecado fue nuevo pues ya existía una relación familiar con el Señor, y ahora se le estaba agregando un gran obstáculo que antes no existía en la relación entre ellos, pues en ese momento estaban enfocados en tratar de cubrirse a como diera lugar y  no acercarse a él a causa del pecado. Con alguna similitud se puede tener el mismo deterioro en la familia, pero aquí con el agravante que puede ser en todas las relaciones, es decir de hijo o hija a padre o madre y viceversa, y tener a causa del pecado cerrado la comunión.

El plan de Dios en la intimidad. Existen aspectos que refuerzan la intimidad y la unidad como lo dice David en los salmos:

·          Comunicación dulce de los secretos, nos debemos esforzar que sean dentro de nuestra intimidad familiar y no fuera. Que esa dulzura sea la mayor parte del tiempo, y que exista esa dulzura dentro de nuestra familia. Esto es posible cuando hay amistad, y es difícil saber que los nuestros deben de llegar a ser amigos aunque también hijos y viceversa. Cuando la dulzura la sentimos con los extraños y nunca con los nuestro podemos estar en problema.
·          La sinceridad llevará estabilidad porque nos permitirá avanzar y no estancarnos en las dificultades que se presenten, el Señor ama la verdad en lo íntimo, pues la falsedad en este nivel es el que más daño nos hace. La verdad por dura que sea nos llevará a la estabilidad.

Los beneficios de la buena intimidad. Serán muy grandes y nos llenarán de alegría, así lo describe en el Sal_128:3. Los beneficios son para el que teme o respeta al Señor en cuanto a la lealtad para no traicionar la confianza que nos ha dado de ser parte de él, porque Adán y Eva eran parte de la familia de Dios, así también somos hoy parte de su familia y promete un beneficio que va más allá del concepto de felicidad que podamos tener.

Este salmo habla de una familia donde queda tácita la presencia de la cabeza del hogar al mencionar la bendición que gozan los demás, entendiéndose que también disfruta de la bendición dada a los demás como propias:

·          En primer lugar la mujer muy bendecida dando fruto hasta en el lugar más profundo (a los lados dice el salmo y la palabra heb. yereká: es la parte más profunda o inaccesible). Esto hace referencia a lo más íntimo, esto es lo de más cuido, lo que está más cubierto y donde solo la cabeza tiene acceso completo.
·          En segundo lugar habla de los hijos como plantas de olivo (que alumbren alrededor y que no estén apagados), como en contorno haciendo un círculo o alrededor de la mesa, en el convite. Este es un lugar más accesible pero dentro de lo que cubrimos pues se ama. Si nuestros hijos están apagados y no lo notamos es porque no estamos con ellos ni siquiera en la mesa, o es porque están muy apagados porque no dan aceite, o se apaga la luz por otros vientos o porque necesita despabilarse.

La intimidad familiar es un bien que el Señor quiere que cuidemos y aunque existan fracasos, no se puede abandonar, porque el Señor pudo haber dicho que se fracasó con el hombre en el huerto de Edén, y aunque hubo consecuencias no los sacó del Edén desnudos sino que los cubrió, y esto es para que también nosotros hagamos lo mismo por misericordia que ya hemos recibido antes.

miércoles, 25 de julio de 2012

El Consejo despreciado


Jer 38:14  Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. 15  Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás.
Jer 38:16  Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.
17  Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa.
18  Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.
19  Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan.
20  Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás. 21  Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha mostrado Jehová: 22  He aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y han prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en el cieno tus pies, se volvieron atrás. 23  Sacarán, pues, todas tus mujeres y tus hijos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a fuego.
24  Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás. 25  Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey; 26  les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese volver a casa de Jonatán para que no me muriese allí. 27  Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y le preguntaron; y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto no se había oído.
28  Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalén; y allí estaba cuando Jerusalén fue tomada.

Existen momentos que necesitamos conocer la voluntad de Dios, en urgencia podríamos tomar decisiones con nuestros propios criterios y equivocarnos, pues quizá en esa situación no hay margen de error válido, por lo que debemos saber que a quien acudir. El hombre moderno pareciera que se refuerza la autosuficiencia, al punto de no tolerar escuchar un consejo no digamos seguirlo.

Existen muchas barreras para aceptar el consejo de Dios, aunque leemos en las escrituras que él es consejero admirable. A veces se espera que la instrucción venga directamente de él sin intermediarios, muchas veces nuestra necesidad sobrepasa el consejo de la palabra escrita y necesitamos una palabra directa, así como un traje a la medida confeccionado por un sastre o diseñador, que puede seguir a la perfección mis defectos en el cuerpo, se ajusta a mi necesidad, así es el consejo de Dios a través del ministro, o del profeta.

Conocer la voluntad de Dios a través del consejo tiene una ventaja pues se trata de la aplicación de una verdad a mi vida, y por ende es una canalización de la bendición y de su gracia; esto se recibe como un regalo de Dios en una aplicación práctica que nos permitirá salir de esa necesidad y avanzar en la fe.

El rey Sedequías tenía un dilema, una necesidad, una aflicción pues estaba en riesgo su propia vida, esto era quedarse y hacer frente (según el consejo de sus cercanos), o rendirse a los caldeos, sin embargo tenía que vencer algunas barreras para alcanzar la bendición de Dios, y la manera que podía hacerlo era buscando a Jeremías a quien antes había permitido que sus príncipes le metieran en la cisterna, aunque después también permitió que le sacaran de allí.

Un necesitado especial que hizo traer al consejero. El rey tenía necesidad del consejo, y algunos elementos que se pueden distinguir en lo que hizo se pueden discutir desde el punto de vista del necesitado y del que brinda la ayuda.

La barrera de sentirse superior. Este es una barrera muy difícil de superar puesto que era el rey, y Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel, y pudo haber dicho: qué tengo que aprender o escuchar a un preso, si yo tengo poder, tengo educación, dinero, entonces porque lo voy a buscar, pues no se vería bien si nosotros fuéramos a pedir consejo de un preso a una cárcel, pues se pensaría que algún nexo malo existe. En nuestro medio algún cristiano puede menospreciar al siervo por no tener la preparación que desearía que tuviera, o por no tener recursos, pero Dios no da sus competencias bajo esos requisitos humanos.

La barrera del qué dirán. El rey mandó a traer a Jeremías en la tercera entrada de la casa de Jehová, y esta era la puerta hacia el norte que daba al palacio. Esto habla del fácil acceso o poco esfuerzo para conseguir consejo, algo que hoy día muchos queremos: tener consejo sin ningún esfuerzo, como si Jeremías era el necesitado y no el rey Sedequías, así también hoy se puede querer ayudar a quien está en un grave problema facilitándole las condiciones. El rey no quería ser visto con Jeremías porque la palabra de Jeremías era muy evidente: que se tenían que rendir a los caldeos. El rey sentía compromiso con sus príncipes y esto lo hundiría, así hoy podemos tener muchas influencias para no aceptar el consejo de Dios a través del ministro y sentimos vergüenza que nos vean aceptando el consejo.

El consejo y la respuesta de Dios: un dilema. Existía una inquietud, una pregunta que el rey quería conocer su respuesta y le advierte que no le encubra nada. Esto parece valiente, pero esto tiene algunas cosas detrás que debemos ver con mayor detenimiento:

Quería saber primero las consecuencias. El querer conocer la voluntad de Dios a través de la profecía era para saber si había cambiado la palabra y medir las consecuencias, conocer hasta dónde podía llegar, si continuaba haciendo frente sin rendirse, saber si el riesgo era tolerable. Algunos de nosotros quisiéramos oír lo que nos conviene y que nos dijeran que no habrán consecuencias o que se puede arreglar con el tiempo la situación. Si alguien va por malos caminos y le dicen que nunca le pasará nada, entonces tampoco hará nada por arreglar las cosas. Otros quieren saber las consecuencias pero solo para cuidarse de ella y no cometer ciertos errores y tratar de evadirlas. Pero poco se piensa que la corrección en mi vida cambia mi destino, es decir nada está dado en nuestras vidas, todo puede cambiarse si queremos nosotros.

Dar malas noticias puede traer consecuencias para el consejero. Jeremías sabía la costumbre para el que da malas noticias, cuando no le dicen lo que quiere oír, se enoja con el que da la noticia y corre peligro de que recaiga sobre él ese enojo. La culpa no es del consejero o del mensajero, pero se enojan con él. Si alguien está diciendo las consecuencias muchas veces se cree que es el deseo del consejero, pero no es así, es todo lo contrario, Jeremías se hubiera alegrado si el rey hubiera tomado el consejo, tanto por él como por el pueblo a quien gobernaba.

El dilema es que si se dice lo que va a ocurrir, le traería consecuencias a la vida de Jeremías y el rey quedaría en una condición más difícil, hoy día cuando se carga contra el consejero se termina invalidando su obra, es lo mismo porque mata la iniciativa de otros que de corazón buscan un consejo.
La otra parte del dilema es aceptar el consejo como una alternativa para que en lugar de querer conocer la voluntad de Dios sobre algún asunto nos enfoquemos en la solución, en un plan de acción que debemos seguir para salir de la dificultad.

El consejo no me agrada, qué hago. El profeta Jeremías decía que si no le gustaba el futuro o la voluntad de Dios le podía matar, y si le daba el consejo no haría caso de él, y con esto logró al menos que no le matara. Hoy día la muerte no es física pero a quien no le gusta termina desprestigiando o desautorizando al mensajero de la voluntad de Dios, limitando su obra a favor del pueblo.

El rey entonces le promete que no le pasará nada, y Jeremías le comienza dando el consejo de parte de Dios. Esto debería ser suficiente para nosotros pero siempre queremos saber lo que va a pasar, y el que da el consejo puede pensar que para reforzar, para que sigan el consejo, tengo que hacer mucho énfasis en las consecuencias para que el temor me sirva de palanca. El consejo tiene vida, salva, es una salida a nuestras angustias y solo deberíamos de seguirlo.

Algunos conflictos sin ser graves pueden llegar a serlo, y lo único que necesitamos es orientar nuestra vida con decisiones que no son tan difíciles y que pueden traer grandes beneficios. Recuerdo que un día me había quedado en un fango con un vehículo grande, que a pesar de su 4x4 no era capaz de salir por sí mismo; luego pasó un amigo con un vehículo pequeño y me dijo espérame y te saco, y buscando entre sus cosas sacó una soga que amarró a la parte delantera de mi vehículo y me dijo: dale para adelante. Inmediatamente pensé que no lo había amarrado a su vehículo sino que lo tenía en su mano, pero me insistió y cuando intenté salir, el vehículo patinaba y él con la soga en su mano tiró para un lado halando la punta hacia él. El vehículo comenzó a tocar la parte dura y más seca del camino y logré salir. Así es nuestra vida muchas veces solo se necesita un consejo que es como un lazo con el que el Señor nos tira para que comencemos a salir.

Las consecuencias de no seguir el consejo. El final de este capítulo es triste porque el profeta queda en el patio de la cárcel hasta que sucedió la palabra que le había sido dada al rey, quien pudo haber cambiado su destino (el consejo siempre llega a tiempo), y también para todos los que estaban bajo su cobertura, pero a veces honramos más a quienes que no les debemos nada y no al Señor, por temor al qué dirán, por presión, por no ceder y perder el poder o recursos, u otras causas.

Al final Jeremías pudo ver el cumplimiento de esta palabra con sus propios ojos, no como uno que miraba con alegría por el fracaso del rey, sino con lágrimas por el amor a los suyos, al pueblo. El consejero no gana nada, ni pierde nada, somos los que necesitamos el consejo, porque si el Señor lo da es porque estamos a tiempo, no nos detengamos por nada a recibirlo.