martes, 29 de enero de 2013

Diligentes y firmes


Texto: 2Pe_1:3-11
2Pe 1:3  Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,
2Pe 1:4  por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; 2Pe 1:5  vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
2Pe 1:6  al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
2Pe 1:7  a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
2Pe 1:8  Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
2Pe 1:9  Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.
2Pe 1:10  Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.
2Pe 1:11  Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El carácter piadoso es muy importante en la vida cristiana, aunque hoy pareciera que no es necesario o fundamental pues cuando comenzamos en el camino, podemos sentir que somos animados a solo esperar en la iglesia a que el Señor haga todo en nosotros, y que el Señor no demanda de nosotros ningún esfuerzo. No se puede cuestionar que la obra de nuestro Señor ha hecho todo lo que necesitamos, sin embargo no se puede dejar fuera la necesidad de desarrollar carácter para alcanzar toda la bendición de Dios.

La mediocridad en la vida espiritual es similar a la mediocridad en la vida secular, pues se puede terminar la vida sin haber hecho nuestro mejor esfuerzo en la vida, entonces no es tanto cuanto se vive sino también el cómo se vive y esto tiene que ver con el carácter que tuvimos para enfrentar la vida.

Si miramos las recomendaciones del apóstol Pedro a la iglesia, insiste en la necesidad de recordar estas cosas aunque pareciera que son muy lógicas, claras y que no hay que explicar, sin embargo parece que lo mejor es que nos sean dichas de una y otra manera para que no nos olvidemos y que revisemos cómo hacerlo en la práctica. Desarrollar el carácter con diligencia y firmeza es posible y el apóstol nos muestra el camino.

Promesas y naturaleza divina. El verso 4 habla de cómo se alcanza la naturaleza divina y aunque pensamos que la tenemos, existe una parte que viene del carácter del Señor en nosotros, esto nos hace diferentes en naturaleza divina aunque externamente parece que no se tiene ninguna diferencia. Pero ¿cómo comienza el proceso para esa naturaleza? Todo comienza creyendo las promesas de Dios en nosotros para que nuestro crecimiento o soplo, o el hincharse (significado de naturaleza), no se detenga, para que ese crecimiento no sea del mundo o de nuestra propia autosuficiencia.

Las promesas de Dios no son pequeñas sino que son valiosísimas, es decir lo más valioso que existe, y de mucho costo, porque tiene dos lados para ver las promesas, por un lado cuando nos ofrecen o ponen a nuestro alcance lo vemos por su utilidad, uso o lujo, su funcionalidad, pero por el otro lado podemos verlo como costoso para poderlo que esté a nuestro alcance. Esto último es el caso de las promesas de Dios, pues tienen un alto costo, un alto riesgo, una gran determinación de parte del Señor, que no se puede despreciar, porque cuando alguien nos da algo que ha tenido costo o sacrificio me debe obligar a apreciarlo por lo que el otro ha hecho por mí, cuánto más si es de gran bendición y beneficio.

Las promesas también son grandísimas, o sea que su dimensión es superior a cualquier cosa que existiera antes. Así son las promesas de Dios que trascienden esta vida, así como las cosas espirituales llegan hasta la eternidad, también las promesas; si alcanzamos a ver esto podremos mirar la bendición eterna implícita en todas las promesas de Dios aunque parezcan pequeñas.

La diligencia hacia la naturaleza divina. La clave para capitalizar la naturaleza divina es la diligencia en hacer las cosas que nos permitirán huir de la corrupción o ruina que hay en  el mundo, ya que esta sucede porque la humanidad sin el Señor vive sin freno de su concupiscencia, esto es que el deseo de lo prohibido arruina cualquier vida; para muchas cosas no se tiene freno en lo humano, porque solo el Señor nos puede ayudar a huir de ella.

Es aquí donde viene la diligencia para no quedarnos solo pensando que todo está bien y que la corrupción o ruina no puede llegar a nosotros, cuando sabemos que no es así, pues vemos vidas sanas de repente llenarse de corrupción. No ser diligentes en sus vidas trae consecuencias, y podemos enfrascarnos en creer que la ruina llega porque otros no hacen su trabajo, así se puede responsabilizar a los padres, los líderes, o los ministros, pero sabemos que necesitamos una diligencia propia.

La fe o confianza en sus promesas es la base de donde comienza la diligencia pues no se puede dejar que la fe se vaya muriendo o debilitando, sino que se debe edificar sobre ella con virtud dice el apóstol Pedro, y esto no es más que valor u hombría. Si no hay valor no pasamos de decir "por fe" pero sin nada más, pero el Señor nos pide que nos decidamos en apartarnos de la corrupción y el nos ayudará, entonces el carácter y determinación condiciona nuestras acciones. Solo así podremos mirar el conocimiento de Jesús como necesario, útil y que nos permite llevarnos a otra dimensión de bendición.

Pero el conocimiento debe tener continencia o dominio propio porque la concupiscencia o deseo de lo prohibido puede estar ahí asechando, y no debemos darnos por vencidos, pues tarde o temprano será superado, no debemos desanimarnos si fallamos, por esto la paciencia o aguante son claves. Sobre la paciencia se puede edificar la piedad, es decir como este es un esquema del evangelio que nos vuelve devotos, esto es que se van haciendo estructuras que nos ayudan a mantenernos porque permiten hacer las cosas que le agradan a Dios una y otra vez, esto es como si nos volviésemos más disciplinados.

Pedro quiere llevar hasta lo último en el desarrollo y esto no es más que los frutos que vienen con el amor fraternal, y en el amor ágape, lo que nos habla que no podemos quedarnos sin la parte externa de beneficios al prójimo. El recorrido termina perfeccionando en nosotros la naturaleza divina, pero todo comienza con la fe al Señor, siguiendo con toda la diligencia en aspectos nuestros y terminamos con la diligencia con los demás.

Firmeza para no caer. ¿En qué consiste la firmeza? Precisamente mantenernos haciendo todas las cosas que el Señor nos manda anteriormente, para que se perfeccionemos la naturaleza divina en nosotros. Cuando nos dedicamos con esa diligencia y firmeza eso no nos dejará estar ociosos ni sin frutos, pues lo aprendido por el conocimiento de Dios se verá con claridad. Lo contrario sería como si alguien terminara una carrera, le den su título universitario, pero nunca tuvo la diligencia y firmeza de vender sus servicios porque no tiene suficiente confianza en lo que aprendió. Esto sería grave y no faltaría quien se lo reprochara, y esto sucede hoy día pues hay conocimiento, sabemos que lo que nos toca hacer, la diligencia, pero es fácil quedarse solo con el deseo. Por el contrario si demostramos la diligencia entonces seremos afirmados por el Señor.

Tenemos la capacidad, porque dice el apóstol Pedro que nosotros somos escogidos y llamados, el llamado es interno, es la parte que nos compromete y une, mientras que el ser escogido o seleccionado es la voluntad de Dios con todos nosotros. Esto nos debería volver consciente como para no defraudar al que cree en nosotros. El proceso nos dice entonces que debemos creer en esas promesas, y entonces ponemos diligencia para huir de la corrupción, esto parte del quehacer cristiano, y no caeremos dice el Señor. Si nos centramos en solo servir a los demás sin tener diligencia en huir de la corrupción corremos peligro y podemos quedarnos vacíos, por esto muchos quieren servir pensando que al hacerlo hemos alcanzado la cúspide y podríamos estar en peligro.

El cristiano no fallará, no caerá para el Señor, si estamos ocupados en esta firmeza y diligencia, porque sabe que si estamos en la tarea correcta, no nos dejará tirados pues estamos haciendo con diligencia el esfuerzo. Sin embargo aquellos que no hacen ningún esfuerzo ¿qué libertad tendremos para pedirle al Señor, si no sentimos que no estamos ocupados en el quehacer de consagración? Pero por el contrario cuando estamos en el quehacer de consagración el Señor no permitirá que caigamos jamás, pues si un médico no logra salvar a un paciente porque no tenía conocimiento para hacerlo, ¿cómo lo despedirían si estaba en la lucha? Cuánto más el Señor nos ayudará, pero tenemos que dar el primer paso. 

domingo, 20 de enero de 2013

Siervos inútiles somos


Texto: Luc_17:5-10
Luc 17:5  Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
Luc 17:6  Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
Luc 17:7  ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
Luc 17:8  ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
Luc 17:9  ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.
Luc 17:10  Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

Debemos ver que la porción de la petición de los apóstoles para que le fuera aumentada su fe, como una transición con la parte del siervo inútil,  y pareciera que no tiene ninguna relación entre ellas pero si analizamos la porción tiene una analogía. Para aumentar la fe de ellos el Señor les da una respuesta clara, pues más que aumentar es que la que tengamos esté viva, pues una semilla de mostaza es lo más pequeño pero si está viva crecerá y será eficaz.

Veamos que la mayoría de los servidores queremos hacer un servicio tradicional y que con la ayuda de una gran fe comencemos a dar un servicio con mayor valor a los ojos de Dios y de los hombre, y diríamos mi servicio es diferenciado, pues otros hacen las cosas comunes del servicio, pero yo con la fe que tengo me dedico a las cosas imposibles. Quizá por esto haya tenido que advertirles de no quedarse solo de este lado de lo externo, sino mirar del otro de lo interno, esto es la obediencia del sicómoro y la obediencia del siervo.

Por otro lado teniendo una fe activa y en crecimiento puede tener en nosotros una influencia que nos haga pensar que merecemos bendiciones especiales por ese servicio tan diferenciado. Nos cuesta entender que las bendiciones de Dios en nosotros, no vienen por el servicio realizado y que por tanto debe ser mayor a la que reciben quienes no le sirven al Señor, casi como un pago por el trabajo hecho. Esto es lo más lejos de la verdad, y de hecho reconocerlo es acercar su gracia a nosotros, porque esa misma gracia es la que llega a quienes servimos sin ninguna distinción, y más de algún siervo se ha preguntado por qué razones algunas cristianas que no están sirviendo pueden tener mayor bendición de parte de Dios. Esta fue la pregunta de Job o de Asaf, pero no aunque sabemos la respuesta el problema es el estancamiento y peligro que se corre, entonces es importante algunas condiciones del esclavo o siervo inútil.

La obediencia bajo dos perspectivas. Esta fe viva como el de la semilla de mostaza es la que necesita el servidor de Dios para hacer que un árbol arraigado obedezca y se plante en el mar. Esta obediencia es hacia afuera, es decir cuando demandamos o pedimos o mandamos a un árbol. Sin embargo el Señor la contrasta con la obediencia hacia adentro, es decir cuando nos toca obedecer a nosotros, pues ¿quién no quiere hacer esos milagros hacia afuera? pero no debemos dejar fuera que necesitamos ser siervos obedientes. No está diciendo que se amarre firmemente una cosa a la otra, pero el hecho que el sicómoro se agache (obedezca), para oír lo que le diremos, también nosotros debemos bajarnos para escuchar a nuestro Señor cuando somos nosotros los esclavos.

Para el Señor es más fácil decirle al sicómoro desarráigate que al sicomoro humano, porque el sicómoro natural se agacha para escucharle, mientras que los siervos nos cuesta agacharnos a escucharle para obedecer; con nosotros no alcanza la fe normal, sin embargo el Señor nos tiene confianza para habernos dado una misión tan delicado.

Para que nosotros podamos agacharnos y llegar ser los siervos obedientes tenemos que entender algunos aspectos que el Señor nos aclara, esto favorecerá los malos entendidos para el servidor, pues desgraciadamente muchos todavía no entendemos esto, y hasta pensamos que existe una jerarquía entre las áreas del ministerio. Por ejemplo nada es mayor que otra área del servicio, y el hecho de que algunos sean visibles y admirados no significa que tiene mayor retribución para el Señor.

¿Cómo se puede saber si somos siervos o esclavos que  nos agachamos? Esta es una pregunta que nos debe de interesar para que nuestro servicio sea exitoso y provechoso para el Señor. El esclavo tiene estas características:

1.  Si no está arando está apacentando. Esto es lo que no debemos perder de vista que nuestra labor es preparar el corazón para lo que el Señor quiere hacer. Por otro lado está apacentando, es decir cuidando, alimentando, dando agua, etc.
2. No debe de esperar atenciones especiales. No se debe sentir que merece que lo atiendan como consecuencia del trabajo realizado. El Señor les habla del peor trato que puede recibir pues ese señor que habla aquí es humano, uno de su nación en aquel tiempo.
3. Pasamos de un tipo de servicio a otro sin queja. Esto habla de dos dimensiones del servicio, uno que es externo y hasta fuera del control de casa, y otro doméstico dentro de la casa de Dios, en la intimidad. Uno que debemos hacer todo el tiempo fuera, y cuando llegamos a casa llegamos a servir a preparar y dar de comer. Esto también se relaciona con aquellos esclavos que preparan la palabra de Dios después de hacer una labor a la vista de todos, es decir que está siempre dispuesto a realizar con gozo el que no se ve.
4.No debe esperar reconocimiento ni del Señor y mucho menos de los hombres. Esto es lo que puede descalificar a muchos, pues se espera que nos digan qué bueno, gracias, pero si no lo tenemos más bien tenemos que verlo como una ventaja pues eso nos puede hacer creernos importantes y afectar nuestro ego, y correr un gran peligro. Al esclavo por ser esclavo no se le dice gracias, al esclavo si es ingeniero o doctor no importa, pues a nadie le dirán: Esclavo doctor fulano de tal, eso no importará ni afectará en nada si se es esclavo.
5. El que puede decir siervo inútil soy. Después que no ha habido agradecimiento puede seguir sirviendo con esmero, aunque haya hecho un gran milagro o una gran obra no debe pensar que por eso dejará de obedecer a su Señor. Inútil: gr. acréios: significa Sin valor, sin mérito, indigno de alabanza. No quiere decir que hace las cosas mal o no las hace sino que lo que hace no debe sentir que es algo extraordinario.

Nuestro Señor no es un amo humano. Deja claro cómo debemos actuar para ser tenido como esclavo o siervo de Dios, pero no podemos pasar por alto que el Señor no es injusto como el amo humano, por lo que si hacemos nuestra parte, él actuará haciendo más de lo que merecemos pero sin relación al servicio. El siervo tradicional cuando recibe beneficios del amo rápido piensa que es por su labor, y si no lo recibiere rápidamente reacciona con su calidad del servicio.

No se trata de mandato sino de demanda del amo, dónde se enfoca el esclavo, en el mandato o en la demanda (petición o solicitud). Lo que parece un mandato para algunos, para el siervo fiel alcanzará a ver más allá pues mira la solicitud, la necesidad del amo y nunca mira egoísmo en él, eso le permite estar contento siendo siervo.

No le hacemos un favor a Dios, es nuestro deber, pues tenemos deuda con él. No debe existir una lucha solo por tener poder a través de la fe, pues la fe es buena, pero dejará de serlo para nosotros si solo queremos que se agachen por lo que decimos (para que nos obedezcan), y nosotros no queremos agacharnos al Señor. Muchos queremos agarrar al amo como sicómoro y que nos obedezca.

sábado, 12 de enero de 2013

Que reverdezca nuestra vara



Núm 17:1   Luego habló Jehová a Moisés, diciendo:
Núm 17:2  Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme a las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara.
Núm 17:3  Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada jefe de familia de sus padres tendrá una vara. Núm 17:4  Y las pondrás en el tabernáculo de reunión delante del testimonio, donde yo me manifestaré a vosotros. Núm 17:5  Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros.
Núm 17:6  Y Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en total doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.
Núm 17:7  Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio. Núm 17:8  Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras. Núm 17:9  Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara. Núm 17:10  Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio,(A) para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para que no mueran.
Núm 17:11  E hizo Moisés como le mandó Jehová, así lo hizo. Núm 17:12  Entonces los hijos de Israel hablaron a Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos. Núm 17:13  Cualquiera que se acercare, el que viniere al tabernáculo de Jehová, morirá. ¿Acabaremos por perecer todos?

Una vara seca es algo que físicamente solo sirve para echarla al fuego y muy poca utilidad puede tener, sino más bien simbólico representando poder humano. Los seres humanos que no pueden estar en la voluntad de Dios de repente se encontrarán en contra de lo que el Señor quiere hacer, pero por alguna razón a pesar de los beneficios que Dios brinda al hombre cuando reconoce su Señorío en la persona de Jesucristo, cuesta dejarse gobernar.

La verdad es que pueden ser muy distintos las fuentes de inconformidad y queja del hombre, pues cuando la situación no la entendemos, existe tendencia de comenzar a señalar personas como responsables de las cosas que nos afectan, sin preguntar, sin pedir al Señor su opinión, o sin buscar ayuda en ministros de Dios.

Llegar a la situación descrita en el capítulo 16 del libro de los Números donde existió una rebelión liderada por Coré (de la tribu de Leví), con dos más y 250 varones de renombre contratados, a quienes por seguirlos les expuso a la muerte. Así también la muerte de 14,700 personas por no estar de acuerdo con el gobierno de Dios. Los primeros murieron porque la influencia de Coré al decir que ellos eran suficientemente santos como para no reconocer autoridad de Moisés y Aarón, mientras que los 14,700 murieron porque culparon a Moisés y Aarón por la muerte de los primeros 253.

A pesar de esta rebelión podemos darnos cuenta que el Señor quería dejar claridad al respaldo en Aarón, pues de verdad que al mirar al hombre en sí mismo no veremos nada especial como para merecer y ser responsables del gobierno de Dios; Moisés no quería ese cargo y a Aarón lo designó el Señor por la tartamudez que puso de excusa. Esta es la razón por la que tuvo que enseñarle al pueblo que ser respaldados por el Señor no es por ser mejores o perfectos pero algún día sabremos las razones de las decisiones de Dios.

El quiere que cesen las quejas. En estos tiempos que se pueden echar la culpa de nuestra situación a otros, debemos de reflexionar que no hay ninguna excusa como para no recibir una explicación de Dios. El desierto para el pueblo hizo que saliera al exterior los conflictos del corazón, era tan simple porque la primer queja es de lo externo: qué calor, que frío, pero después se irá manifestando que eso viene de adentro. Cuando llegamos a los pies del Señor los desiertos harán que reconozcamos y que miremos lo que verdaderamente somos, aunque no nos guste, con el objetivo de ayudarnos y no para que nos frustremos.

El Señor a pesar de haber mostrado su poder y juicio en ellos, necesitaba dejar claridad por las buenas a quien respaldaba, con la finalidad que desistieran sus quejas y fueran sacados de la zona de peligro. Si el cristiano no desiste de quejarse no podrá entrar en bendición, pues mientras culpemos a otros de nuestra situación estamos diciéndole a Dios que no reconocemos su Señorío.

La vara era por un lado el respaldo para Aarón pero también era la forma para hacerlos que desistieran de aspiraciones para derrocar o quitar del gobierno a Moisés y Aarón. Existen beneficios cuando reconocemos que el camino en el que vamos no es correcto, principalmente para aquel que quiere restaurarse.

Reverdece la vara. Una prueba de respaldo para una tribu, y el nombre  del jefe de familia se escribieron en cada una de las vara por Moisés, mientras tanto aquellos príncipes no tuvieron el alcance de que Dios ya respaldaba a Aarón desde Egipto, no lo pudieron ver. Esta era una prueba inocua pues no había daños a nadie, sino que se esperaba que llevara a la reflexión. El sacerdocio del tabernáculo estaba cuestionado por estos príncipes y la vara que representa autoridad que ya tenían dentro de cada tribu, pero que para el caso del sacerdocio, todos los derechos lo tenía el Señor para escoger, como lo había ya hecho con Aarón.

Las varas entonces eran símbolo de autoridad, incluso pudo ser una vara heredada de sus padres, por lo cual nos dice que estaban muy secas y posiblemente algunos estuvieran confiando en sus antepasados para ser escogidos. Esto parece extraño pues si no eran conocidos del Señor y nunca se habían involucrado, sin embargo esperaban ser escogidos, sin entender que era un cargo de confianza pues él decide a quien quiere que se esté acercando.

No hay duda que la condición humana de la que nos revestimos es impactante para distraer y  para no mirar lo que verdaderamente el Señor quiere que miremos. Moisés y Aarón no creían ser los "escogidos infalibles y perfectos", por el contrario sabían que no daban la talla, pero que alguien se los preguntara o les cuestionara era una falta de respeto no a ellos sino a Dios.

El problema de los príncipes parecía que no discernían que Dios se manifestaría a ellos, como solía hacerlo, de igual manera nosotros estamos en una condición donde no se nos debe olvidar que el Señor quiere manifestarse en nuestra vida, y darnos a conocer su voluntad, él es el principal interesado.

De un día para otro había una respuesta de Dios, no se tardó para todo lo que hizo en esa vara, porque tenía que manifestarse a aquellos de una manera inequívoca. Para Aarón fue la respuesta de Dios, y Moisés sacó todas las varas para mostrarle a cada uno su propia vara, pero el Señor pidió que fuera devuelta la vara reverdecida de Aarón al arca del testimonio para señal de los hijos rebeldes o amargados (raíz hebrea merí que significa muy rebelde, amargura). El rebelde también está amargado e inconforme, por eso cuando no aceptamos la parte que nos dan aun cuando es regalada, no estamos aceptando la voluntad de Dios y su gobierno o reino y por tanto somos rebeldes y amargados.

Si quisiéramos ver las cosas de otro modo, cuando se amarga el cristiano debería de mirar el arca del testimonio para que al observar la vara reverdecida nos recuerde que no debemos amargarnos. En la dispensación de la gracia debemos mirar a Cristo para que nos sane de nuestra inconformidad, amargura y rebelión. Por el otro lado si Dios nos escoge estaremos contentos de ver nuestra vara reverdecida.

Que hace el Señor en nosotros cuando reverdece la vara. No sé cuántas veces ha sido puesta nuestra vara y no ha reverdecido (no reales sino en supuesto), pero la voluntad de Dios es que seamos como Aarón, es decir que reverdezca, que nos sintamos agradecidos de tener el respaldo de Dios. Esto significa ser aprobado como sacerdote como hoy tenemos ese acceso por nuestro Señor Jesucristo pero muchos quizá no quieren ministrar porque no creen que hay respaldo o porque se han desactivado para la tarea.

Entonces, ¿qué es lo que hace el Señor en ese proceso de aceptación al ver la vara?, ¿qué claves podemos entender de lo que Dios hice cuando la vara reverdece?

Cuando el sacerdote ministra se manifiesta en tres áreas: de la misma vara salían flores, renuevos y frutos (almendras), lo que puede interpretarse la obra del Señor en el sacerdote en espíritu alma y cuerpo:

1. Los renuevos da la idea de transformación del alma, de renovación, de regeneración, donde se deja lo viejo y viene lo nuevo, cosa que el amargado no puede obtener. Cuando se deja la queja vendrá un proceso de diferente, pues el inconforme de todo, del clima, del gobierno, de la economía de sus padres, etc., etc. está ocupado y la obra del Espíritu Santo no puede actuar.

2. Las almendras representan los frutos que deben manifestarse externamente como el cuerpo que se relaciona con el exterior; así el hombre hace buenos frutos cuando anda en el espíritu. Los beneficios hacia los demás en lo material y en nuestra relación, este es el espacio donde tenemos que manifestar esos frutos, así mismo como sacerdotes externamente deben estar los frutos, eso es lo que los demás esperan de nosotros.

3. Las flores manifiesta en el árbol su belleza, el aroma, y la atracción, pero esta es interna solo para el Señor, pues el Sacerdote tenía que agradar al Señor más que al hombre. Esta es una manifestación espiritual que está vedada al Señor, no es para que los demás te admiren, pues eso nos haría quizá caer por arrogancia y soberbia. Esto es parecido a lo que pasa con la pareja, la belleza el aromo y la atracción es para su cónyuge, no para el trabajo u otros.

El capítulo termina lamentablemente con una reacción de los once príncipes en la dirección equivocada pues se entristecieron y dijeron estamos muertos, estamos perdidos, como si Aarón se quería desquitar con ellos, cuando era todo lo contrario, tenían que alegrarse que hubiera sacerdote y ministrara correctamente, y más allá el anhelar ser como Aarón y preguntarle al Señor que si no serían sacerdotes al menos que les permitiera ser conformes y que quitara la rebelión de ellos, pues el hecho de que desistieran era porque sabían que podían morir y que no sabían cuándo volverían a rebelarse. Nosotros por el contrario somos llamados a ejercer sacerdocio pues tenemos autoridad de parte de nuestro Señor Jesucristo porque los beneficios del que ministra son incontables.