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sábado, 12 de enero de 2013

Que reverdezca nuestra vara



Núm 17:1   Luego habló Jehová a Moisés, diciendo:
Núm 17:2  Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme a las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara.
Núm 17:3  Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada jefe de familia de sus padres tendrá una vara. Núm 17:4  Y las pondrás en el tabernáculo de reunión delante del testimonio, donde yo me manifestaré a vosotros. Núm 17:5  Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros.
Núm 17:6  Y Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en total doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.
Núm 17:7  Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio. Núm 17:8  Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras. Núm 17:9  Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara. Núm 17:10  Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio,(A) para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para que no mueran.
Núm 17:11  E hizo Moisés como le mandó Jehová, así lo hizo. Núm 17:12  Entonces los hijos de Israel hablaron a Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos. Núm 17:13  Cualquiera que se acercare, el que viniere al tabernáculo de Jehová, morirá. ¿Acabaremos por perecer todos?

Una vara seca es algo que físicamente solo sirve para echarla al fuego y muy poca utilidad puede tener, sino más bien simbólico representando poder humano. Los seres humanos que no pueden estar en la voluntad de Dios de repente se encontrarán en contra de lo que el Señor quiere hacer, pero por alguna razón a pesar de los beneficios que Dios brinda al hombre cuando reconoce su Señorío en la persona de Jesucristo, cuesta dejarse gobernar.

La verdad es que pueden ser muy distintos las fuentes de inconformidad y queja del hombre, pues cuando la situación no la entendemos, existe tendencia de comenzar a señalar personas como responsables de las cosas que nos afectan, sin preguntar, sin pedir al Señor su opinión, o sin buscar ayuda en ministros de Dios.

Llegar a la situación descrita en el capítulo 16 del libro de los Números donde existió una rebelión liderada por Coré (de la tribu de Leví), con dos más y 250 varones de renombre contratados, a quienes por seguirlos les expuso a la muerte. Así también la muerte de 14,700 personas por no estar de acuerdo con el gobierno de Dios. Los primeros murieron porque la influencia de Coré al decir que ellos eran suficientemente santos como para no reconocer autoridad de Moisés y Aarón, mientras que los 14,700 murieron porque culparon a Moisés y Aarón por la muerte de los primeros 253.

A pesar de esta rebelión podemos darnos cuenta que el Señor quería dejar claridad al respaldo en Aarón, pues de verdad que al mirar al hombre en sí mismo no veremos nada especial como para merecer y ser responsables del gobierno de Dios; Moisés no quería ese cargo y a Aarón lo designó el Señor por la tartamudez que puso de excusa. Esta es la razón por la que tuvo que enseñarle al pueblo que ser respaldados por el Señor no es por ser mejores o perfectos pero algún día sabremos las razones de las decisiones de Dios.

El quiere que cesen las quejas. En estos tiempos que se pueden echar la culpa de nuestra situación a otros, debemos de reflexionar que no hay ninguna excusa como para no recibir una explicación de Dios. El desierto para el pueblo hizo que saliera al exterior los conflictos del corazón, era tan simple porque la primer queja es de lo externo: qué calor, que frío, pero después se irá manifestando que eso viene de adentro. Cuando llegamos a los pies del Señor los desiertos harán que reconozcamos y que miremos lo que verdaderamente somos, aunque no nos guste, con el objetivo de ayudarnos y no para que nos frustremos.

El Señor a pesar de haber mostrado su poder y juicio en ellos, necesitaba dejar claridad por las buenas a quien respaldaba, con la finalidad que desistieran sus quejas y fueran sacados de la zona de peligro. Si el cristiano no desiste de quejarse no podrá entrar en bendición, pues mientras culpemos a otros de nuestra situación estamos diciéndole a Dios que no reconocemos su Señorío.

La vara era por un lado el respaldo para Aarón pero también era la forma para hacerlos que desistieran de aspiraciones para derrocar o quitar del gobierno a Moisés y Aarón. Existen beneficios cuando reconocemos que el camino en el que vamos no es correcto, principalmente para aquel que quiere restaurarse.

Reverdece la vara. Una prueba de respaldo para una tribu, y el nombre  del jefe de familia se escribieron en cada una de las vara por Moisés, mientras tanto aquellos príncipes no tuvieron el alcance de que Dios ya respaldaba a Aarón desde Egipto, no lo pudieron ver. Esta era una prueba inocua pues no había daños a nadie, sino que se esperaba que llevara a la reflexión. El sacerdocio del tabernáculo estaba cuestionado por estos príncipes y la vara que representa autoridad que ya tenían dentro de cada tribu, pero que para el caso del sacerdocio, todos los derechos lo tenía el Señor para escoger, como lo había ya hecho con Aarón.

Las varas entonces eran símbolo de autoridad, incluso pudo ser una vara heredada de sus padres, por lo cual nos dice que estaban muy secas y posiblemente algunos estuvieran confiando en sus antepasados para ser escogidos. Esto parece extraño pues si no eran conocidos del Señor y nunca se habían involucrado, sin embargo esperaban ser escogidos, sin entender que era un cargo de confianza pues él decide a quien quiere que se esté acercando.

No hay duda que la condición humana de la que nos revestimos es impactante para distraer y  para no mirar lo que verdaderamente el Señor quiere que miremos. Moisés y Aarón no creían ser los "escogidos infalibles y perfectos", por el contrario sabían que no daban la talla, pero que alguien se los preguntara o les cuestionara era una falta de respeto no a ellos sino a Dios.

El problema de los príncipes parecía que no discernían que Dios se manifestaría a ellos, como solía hacerlo, de igual manera nosotros estamos en una condición donde no se nos debe olvidar que el Señor quiere manifestarse en nuestra vida, y darnos a conocer su voluntad, él es el principal interesado.

De un día para otro había una respuesta de Dios, no se tardó para todo lo que hizo en esa vara, porque tenía que manifestarse a aquellos de una manera inequívoca. Para Aarón fue la respuesta de Dios, y Moisés sacó todas las varas para mostrarle a cada uno su propia vara, pero el Señor pidió que fuera devuelta la vara reverdecida de Aarón al arca del testimonio para señal de los hijos rebeldes o amargados (raíz hebrea merí que significa muy rebelde, amargura). El rebelde también está amargado e inconforme, por eso cuando no aceptamos la parte que nos dan aun cuando es regalada, no estamos aceptando la voluntad de Dios y su gobierno o reino y por tanto somos rebeldes y amargados.

Si quisiéramos ver las cosas de otro modo, cuando se amarga el cristiano debería de mirar el arca del testimonio para que al observar la vara reverdecida nos recuerde que no debemos amargarnos. En la dispensación de la gracia debemos mirar a Cristo para que nos sane de nuestra inconformidad, amargura y rebelión. Por el otro lado si Dios nos escoge estaremos contentos de ver nuestra vara reverdecida.

Que hace el Señor en nosotros cuando reverdece la vara. No sé cuántas veces ha sido puesta nuestra vara y no ha reverdecido (no reales sino en supuesto), pero la voluntad de Dios es que seamos como Aarón, es decir que reverdezca, que nos sintamos agradecidos de tener el respaldo de Dios. Esto significa ser aprobado como sacerdote como hoy tenemos ese acceso por nuestro Señor Jesucristo pero muchos quizá no quieren ministrar porque no creen que hay respaldo o porque se han desactivado para la tarea.

Entonces, ¿qué es lo que hace el Señor en ese proceso de aceptación al ver la vara?, ¿qué claves podemos entender de lo que Dios hice cuando la vara reverdece?

Cuando el sacerdote ministra se manifiesta en tres áreas: de la misma vara salían flores, renuevos y frutos (almendras), lo que puede interpretarse la obra del Señor en el sacerdote en espíritu alma y cuerpo:

1. Los renuevos da la idea de transformación del alma, de renovación, de regeneración, donde se deja lo viejo y viene lo nuevo, cosa que el amargado no puede obtener. Cuando se deja la queja vendrá un proceso de diferente, pues el inconforme de todo, del clima, del gobierno, de la economía de sus padres, etc., etc. está ocupado y la obra del Espíritu Santo no puede actuar.

2. Las almendras representan los frutos que deben manifestarse externamente como el cuerpo que se relaciona con el exterior; así el hombre hace buenos frutos cuando anda en el espíritu. Los beneficios hacia los demás en lo material y en nuestra relación, este es el espacio donde tenemos que manifestar esos frutos, así mismo como sacerdotes externamente deben estar los frutos, eso es lo que los demás esperan de nosotros.

3. Las flores manifiesta en el árbol su belleza, el aroma, y la atracción, pero esta es interna solo para el Señor, pues el Sacerdote tenía que agradar al Señor más que al hombre. Esta es una manifestación espiritual que está vedada al Señor, no es para que los demás te admiren, pues eso nos haría quizá caer por arrogancia y soberbia. Esto es parecido a lo que pasa con la pareja, la belleza el aromo y la atracción es para su cónyuge, no para el trabajo u otros.

El capítulo termina lamentablemente con una reacción de los once príncipes en la dirección equivocada pues se entristecieron y dijeron estamos muertos, estamos perdidos, como si Aarón se quería desquitar con ellos, cuando era todo lo contrario, tenían que alegrarse que hubiera sacerdote y ministrara correctamente, y más allá el anhelar ser como Aarón y preguntarle al Señor que si no serían sacerdotes al menos que les permitiera ser conformes y que quitara la rebelión de ellos, pues el hecho de que desistieran era porque sabían que podían morir y que no sabían cuándo volverían a rebelarse. Nosotros por el contrario somos llamados a ejercer sacerdocio pues tenemos autoridad de parte de nuestro Señor Jesucristo porque los beneficios del que ministra son incontables.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Tierra deseable al Señor


Luc 8:15  Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.
Mat 13:23  Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Mal 3:12  Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.
Stg 5:7  Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.
Pro 8:19  Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado;
Y mi rédito mejor que la plata escogida.

Hoy día el trabajo para saber si rinde es medido con índices de productividad, y todos nos vemos enfrentados a ellos y quien no rinde o se acerca a los costos esperados queda fuera de los empleos. Esta es una ley de productividad que no es más que la capacidad de dar la mayor cantidad de frutos a un costo cada vez menor. Somos deseables al ser más productivos y rechazados si no tenemos producción. Aun nuestro Señor cuando buscó fruto en la higuera y al no encontrarlos la maldijo y ésta sus discípulos la vieron después seca.

El punto es no quedarnos sin fruto, pues la parábola nos habla de darlos a 30, 60 o a 100; esto quiere decir que lo importante es dar fruto, mejor si es 100 y no 30, pero ese rendimiento dependerá de lo que alcancemos a dar de acuerdo a las capacidades que vamos adquiriendo de parte de Dios. La gran ventaja es que la fuente de esas capacidades no representan costos para nosotros, solo es disponernos.

Pero, cómo hacer para enseñarles a quienes amamos para que también entren en la productividad del Señor, pues muchos pueden ser muy productivos para trabajar pero en lo espiritual que es la obediencia al Señor muchas veces no lo desean, y luego muchos esperan ver grandes resultados por el solo hecho de visitar una iglesia. De hecho queremos beneficios con poco esfuerzo pues esto es lo que nos venden los medios y el mismo sistema, que el más listo es aquel que sin trabajar tiene muchos beneficios en la vida.

La teoría del más listo trata de confundir inclusive menospreciando la gracia del Señor con la cual el Señor nos brinda beneficios que recibimos sin merecerlo y sin costo material, pero esto no significa que no tengamos que poner de nuestra parte para ser productivos o llevar frutos espirituales; tampoco la productividad del Señor está en contradicción con la fe, pues la misma fe exige obras, de lo contrario es muerta dice el apóstol.

Entonces, ¿a qué se refiere la palabra cuando nos habla de dar mucho fruto y cuáles son los requisitos para llevarlos? ¿De dónde salen los buenos frutos o dónde se producen? ¿La tierra productiva es la misma tierra deseable?

Llevar frutos para ser buena tierra, tierra deseable. La buena tierra se vuelve tierra deseable cuando lleva frutos; ésta es como dice Malaquías Mal_3:12, aquella donde el devorador no podrá destruir el fruto, ni tampoco faltará fruto por esterilidad de la vid (nótese que la esterilidad no es de la tierra sino de la vid, es decir de lo que se sembró), la semilla que se siembra es buena y no se permitirá recibir otro tipo de semilla. Estas dos causas evitan que seamos una buena tierra y por ende que nadie la desee. Es difícil llegar a ser buena tierra y deseable cuando no se prepara el corazón, más cuando hemos sido rechazados y no creemos que podemos superarlo, creyendo que es irreversible.

La buena tierra es aquella que admiran los demás, pero esa admiración debe servir para inspirar a otros, y que no nos afecte en nuestro orgullo, de lo contrario estoy en peligro de ser afectado por los beneficios que tengo hoy, pero que pronto puedo llegar a perder porque está afectando mi alma. Si no somos tierra deseable para Dios no importa si parece ser que lo somos para otros.

Pero ¿qué es la buena tierra? El de corazón bueno y recto (o  noble), como dice en Mat_13:23; el de corazón bueno es entonces el que oye la palabra y tiene la rectitud o nobleza para aceptar la palabra, que es el entenderla. Para entender se necesita humildad de corazón y aceptar que necesitamos de ella, no es cuestión de inteligencia humana sino de actitud, porque la inteligencia sin obediencia me pone en peligro. Lo que queda es actuar en ese entendimiento para que los frutos lleguen a nuestra vida.

Entonces somos nosotros la buena o mala tierra, cuando es buena todos pueden ver la razón por la que es buena: los frutos. Cuando existen frutos todos quieren esa tierra, algunos se equivocan cuando ven una plantación con producción abundante pensando, que es porque es buena tierra en sí misma, pero pueden existir piedras que no se ven hasta que uno se acerca, las piedras se han apartado y ordenado donde acomodando la semilla.

Si nos miran con fruto no quiere decir que seamos perfectos, pero los defectos y limitaciones son superados. La buena tierra es precisamente porque se ha querido escuchar y aceptar la palabra para pasar de ser mala tierra a buena tierra, la atención de la planta es una obediencia que nos llevará a hacer lo mejor.

Se necesita paciencia y voluntad. La paciencia o perseverancia o aguante producen buenos frutos. Esta paciencia pasa por tener buena voluntad de escuchar y aceptar la palabra de Dios y los medios que el Señor usa para darnos a conocer lo que espera y quiere de nosotros.

Por esto tener un espíritu largo es necesario, ya que no tener los frutos esperados cuando los necesitamos no quiere decir que no estén allí, lo que sucede es que si los frutos están en en la semilla, y no dejamos de sembrar, de abonar, de preparar, de hacer las cosas hasta que llegue el fruto. Lo que significa que si no podemos ver en la semilla el fruto (si no se alcanza a ver la sandía cuando vemos la insignificante semilla), entonces no tenemos fe, y esto nos afectará para salir adelante de cualquier situación de la vida.

Habrá un fruto final. En Stg_5:7, nos habla que sin duda al final se manifestará un fruto final  en la venida del Señor, pues ahí se echará de ver si realmente hemos sido buena tierra o si solo ha sido pantalla. Esto a lo que nos obliga es a no cansarnos de sembrar y cuidar, hasta que venga el fruto final.

El labrador es un obrero que solo sabe trabajar y esforzarse, no es de un momento, o  tratando de hacer el mínimo esfuerzo y esperando lo máximo. Quizá el labrador no es el más inteligente ante los demás, o quien tiene más educación, sino que es uno que está dispuesto, que tiene una gran voluntad, tanto así que puede hacerle frente al desánimo cuando llega, y no deja de salir de su casa al campo, aunque llueva, haga mucho sol, aunque se sienta enfermo o se sienta triste.

Está esperando que llegue la lluvia temprana que le ayudará a crecer (dar tamaño y volumen) a la plantación, a desarrollarse (preparación antes de fruto), pero también debemos nosotros también esperar pues habrá una lluvia tardía que ayudará a que demos fruto, a que se llene y alcance tamaño y peso el fruto. Esta es la promesa del Señor, la primera es vistosidad y admiración, pero la segunda son logros. A veces solo nos conformamos con tener la primera y nos debilitamos en la fe y obediencia, y perdemos lo mejor: los frutos.

¿Cuál es nuestra motivación? Por esto dice que es mejor el fruto del Señor y no el fruto materialista Pro_8:19, esto no es fácil entenderlo, nos cuesta asimilarlo, porque solo en las crisis, cuando falta, cuando no está lo que antes mal administramos, es cuando nos damos cuenta que lo que nos mantiene no es lo material, sino algo que el Señor nos está dando y que posiblemente no lo entendemos hasta que vienen frutos nuevamente. Los frutos pueden ser abundante en este tiempo y con escasez de recursos puede haber abundancia, entonces entendemos un ley grande en nuestra vida. Los frutos pueden ser en todo tiempo y no deben afectarnos, pero esto depende de nuestra motivación que no es más que nos acordemos del Señor y de sus promesas.

Los frutos del Señor son mejores y además ganamos mejores intereses celestiales, porque así como el dueño del capital tiene que confiar donde deposita su dinero, buscando lo más sólido y confiable y luego recoge su ganancia a través de lo que gana de intereses. Entre más confiable la inversión menos tasa de interés, pero en el Señor lo que le confiamos no es nada con valor, pues solo es un escuchar y aceptar su voluntad, esto tiene beneficios en sí mismo, al instante, en este siglo, pero el Señor además de eso nos dará beneficios por haber tenido fe, nos compensa con intereses mejores que la plata escogida para este tiempo y para el siglo venidero.

Somos productivos en frutos como oro y además con réditos como plata escogida, algo doble que nos vuelve tierra deseable para Dios, porque el querrá seguir dándonos abundantemente pasando de 30 a 60 y de 60 a 100.