miércoles, 9 de mayo de 2012

La impotencia que consume


Texto: Sal_69:7-14; Jua_2:16-17
Sal 69:7  Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro.
Sal 69:8  Extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre.
Sal 69:9  Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.
Sal 69:10  Lloré afligiendo con ayuno mi alma, Y esto me ha sido por afrenta. Sal 69:11  Puse además cilicio por mi vestido, Y vine a serles por proverbio.
Sal 69:12  Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, Y me zaherían en sus canciones los bebedores.
Sal 69:13  Pero yo a ti oraba, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad; Oh Dios, por la abundancia de tu misericordia, Por la verdad de tu salvación, escúchame.
Sal 69:14  Sácame del lodo, y no sea yo sumergido; Sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas.

Cuando se tiene un encuentro con Dios a través de su hijo Jesucristo y se tiene una conversión verdadera, trae cambios a nuestras vidas que son innegables y nos transforman trayendo beneficios que van más allá de nuestro entendimiento. Esta realidad nos hace darnos cuenta que lo que hemos recibido en grande, sobrenatural, eterno y nos percatamos que estos beneficios deben estar en nuestros cercanos, familia, amigos, y aun los quienes no lo son se acerquen al Señor y experimenten la transformación que hemos recibido nosotros, porque les amamos. Nos preguntamos ¿por qué no puede también otra persona si yo lo recibí?

Existe presión cuando los que se acercan no reciben beneficios de Dios y pareciera que están estancados, esto lo sentimos porque amamos. Los cercanos que llamamos quizá se acercan a su manera a Dios, y no obtienen ningún beneficio, sus vidas siguen igual, no hay frutos ni cambios que quisiéramos ver que obtuvieran, se hunden. Cuando los que se acercan lo hacen a su manera, sin hacerlo de corazón, no alcanzan a comprender la forma de vida que Dios quiere que tengamos, una vida en santidad, de respeto a Dios, haciendo todo el esfuerzo para agradarle, pidiendo perdón por las faltas y buscando acercarnos a él. Como el hijo prodigo que viviendo en la casa del Padre, no había entendido el amar de su padre.

Confusión del justo. Cuando aquel que ha nacido de nuevo, es decir aquel que es espiritual y no carnal, mira que otras personas no cambian, aunque Dios ha sido bueno y ha hecho milagros o les ha dado señales que deberían ser suficientes, trae confusión. La preocupación por otros no siempre es tenida en estima, sino por el contrario puede traer afrentas, porque cuantos padres han sido despreciados por sus propios hijos por preocuparse, y hasta ofendidos por entrometidos, los límites son difusos, David dice que ha estado dispuesto a sufrir por amor al Señor la deshonra de los que ama.

Los cristianos se vuelven infructuosos para Dios por la confusión que llega a sus vidas porque no se entiende por qué las personas que amamos no cambian o no se ven los frutos que esperamos, y la confusión se acrecienta porque pareciera que la palabra no funciona para ellos, cuando nosotros sabemos que el Señor no falla.

Hermanos que se dejan influenciar por la mediocridad de otros, y quieren vivir de manera liviana, pero más temprano que tarde son llevados a dificultades en sus vidas, que esperaban que automáticamente por asistir a una iglesia de vez en cuando sería una vacuna infalible a los problemas, necesidades y conflictos que casi siempre son materiales y hasta carnales.

El que ama al Señor es el que recibe deshonra o reproche porque hasta le dicen que es un entrometido, cuando lo único que se ha querido hacer es ayudar porque alcanza a ver la desgracia o el peligro en el que ama, quien no acepta ninguna ayuda, porque ahí sí pide el respeto a sus derechos y a la no intromisión, esto puede causar mucho desgaste y la confusión con el Señor, porque le preguntamos por qué no se acepta la ayuda, y por qué no hay frutos en sus vidas.

Me desconocen los conocidos. De todo esto nos damos cuenta que existe un desconocimiento de aquellos a los que deberíamos de estar influenciando, y a otros que se encuentran lejanos a ellos sí estamos ayudando. Esto se refiere a la cercanía en cuanto a confianza, pues los que nos conocen bien pareciera que no alcanzan a ver la realidad y no se dan cuenta que le amamos, sin embargo los que apenas nos conocen muchas veces pueden confiar.

Pero, ¿en qué áreas viene el desconocimiento? Si vemos que este salmo lo escribe David, entonces podríamos decir que lo vieron como extraño sus propios hermanos y cercanos, quienes a pesar de conocerlo por años y pertenecer a la misma familia no le conocían de verdad. No confiaban en él como si no le hubieran visto todos los días frente a ellos ayudando a su padre, siendo responsable y enfrentando los riesgos y peligros de un pastor de ovejas.

Esto suele desconcertar a cualquier ministro que conociendo su vida, muchos prefieren confiar en el extraño, en el lejano y no en él, que conocen su vida, su familia, los detalles de lo cotidiano y aun lo mejor, la respuesta a sus problemas y necesidades. Algunos cuentan al extraño que no les puede ayudar, hasta las intimidades que no debe revelar, y quien les ama y puede bendecirles de parte de Dios se comportan desconociéndonos.

Que el Señor nos dé la confianza que un día podrán quizá reconocer las bondades de vivir cerca, así como el hijo pródigo se dio cuenta que en la casa de su padre el jornalero vivía mejor que como él estaba, entonces toma la decisión de volver. En esto podemos notar que el padre no le fue a buscar, sino que era él quien tenía que tomar la decisión de volver, porque aunque estemos dispuestos a dar todo por amor, la otra parte tiene que aceptar ese amor. Desgraciadamente los que están en pecado están tranquilos culpando a aquel que les ama y quiere ayudar, porque no alcanzan a ver su destrucción, por eso culpan a quien les ama de su mal proceder y destino aunque no tengan nada de razón, atreviéndose hasta a chantajear (material y emocionalmente), quizás al único que se preocupa por ellos.

La impotencia por el celo. Cuando David veía los problemas en aquellos que amaba, se daba cuenta que era impotente, porque la solución no dependía de su intervención o de su oración, sino de lo que cada uno tomaba como decisión. El Señor sacó a los cambistas y comerciantes del templo, sabiendo que de seguro volvería a hacer lo mismo, sin embargo dejó manifiesto su posición y esto no era en vano para sus discípulos que como dice Juan el apóstol: el celo de tu casa me consume; esto significa que aun en la impotencia se puede actuar con la guianza del Señor.

Las personas que David amaba quizá no estaban acompañándolo espiritualmente, sino que podían estar cercanas por otras razones. El padre del hijo pródigo fue impotente cuando su hijo decidió salir de casa, pero no podía actuar porque lo echaría a perder. Hasta en los momentos de impotencia tenemos que tener fe de que el Señor les ayudará a reconocer aun si tengan que tocar fondo como el hijo pródigo.

La impotencia, el no poder hacer nada, aunque se pida al Señor que tenga misericordia, aparentemente nos hace a la mayoría quedarnos solo de observadores pero disponiéndonos a recibirles, y a perdonarles. Esta espera es lo que consume, desgasta, es lo que nos puede devorar, esta forma es la más común, nuestra posición después de ser desconocidos por las personas, sin embargo David hizo otras cosas a pesar de que hablaban de él. El padre del hijo pródigo estaba allí esperándolo, no estaba en cama enfermo por el desgaste, consumido emocionalmente, sino de pie esperando para seguir amando, y volver a comenzar, a ayudar, cubrir, y devolverle su lugar, pues el que regresa es por algo.


David oraba, ayunaba porque como hombre podía hundirse en el lodo de la impotencia, porque muchos son consumidos por las enfermedades derivadas. Sobreponerse a esto era la misión, porque nos podemos involucrar más de lo que debemos y llegar a sucumbir. La oración, el ayuno, la súplica son necesarias para que nos permita el Señor actuar como se debe. Muchos cristianos se están consumiendo y aunque puedan creer que es lo correcto porque el amor es muestra que lo hacen por el celo de la casa del Señor, esto no necesariamente es así, porque en nuestro caso debemos estar libres, que no nos acabe, ni que nos meta en luto eterno porque estaríamos dejando que consuma nuestra vida completa sin movernos a la acción de Dios. Debemos liberarnos y no quedar atrapados en el lodo de la incomprensión y creer que por el amor hacemos lo correcto y nos estemos hundiendo.

No se debe dejar la oración primero por nosotros para tener siempre la libertad de Dios y así alcanza a ayudar aunque sea en el último momento para esta gente necesitada. El hijo prodigo no llego con condición de hijo sino de siervo a la casa de su padre, restauración hay para el que quiere, por eso no podemos estar hundidos, porque entonces no podremos ayudar a restaurarles. El padre del hijo prodigo debía estar fuerte libre para perdonar y amarlo en el tiempo oportuno de Dios.

lunes, 30 de abril de 2012

Desvaciándonos voluntariamente


Jer 48:11  Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado.
Jer 48:12  Por eso vienen días, ha dicho Jehová, en que yo le enviaré trasvasadores que le trasvasarán; y vaciarán sus vasijas, y romperán sus odres.
Jer 48:13  Y se avergonzará Moab de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó de Bet-el, su confianza.
Jer 48:14  ¿Cómo, pues, diréis: Somos hombres valientes, y robustos para la guerra?
Jer 48:15  Destruido fue Moab, y sus ciudades asoladas, y sus jóvenes escogidos descendieron al degolladero, ha dicho el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.
Jer 48:16  Cercano está el quebrantamiento de Moab para venir, y su mal se apresura mucho.

Aunque la profecía es para Moab, es mucho lo que podemos aprender de ella, porque dice que se encontraban confiados, pero también el significado es estar campante lo que sugiere de la actitud de Moab, que les parecía que no les podía pasar nada porque siempre fueron librados, aun cuando pasó Israel por sus tierras. Podemos pensar en esa misma actitud de cristianos que parece que se estancaron no tanto en una situación buena, sino en una situación cómoda.

La sensación de autosuficiencia puede ser reforzada por no tener nada en contra y sin embargo vio a sus vecinos de Israel agitados en cantidad de batallas. El único que puede salir bien y terminar con victoria la vida no es el autosuficiente sino el que confía en el Señor; sin embargo cuando estamos tranquilos el Señor tiene que hacer algunas cosas que nos ayuden a salir de la confianza en nuestras propias fuerzas y pasar a la confianza en él. El estar lleno nos hace sentirnos fuertes, sentirnos de buen estado de ánimo, como valientes y seguros, sin embargo pareciera que estar lleno de nosotros mismos nos traerá consecuencias.

Con cual sabor y olor estamos. Nos cuesta entender que como personas tenemos cosas que nos hacen individuales y otras que están dentro del plan de Dios para cambiarlas hasta que lleguemos a tener su imagen y semejanza, por tanto si somos como él estaremos cumpliendo su plan. Así que mucho de lo que pensamos que son los mejores atributos en nosotros, llegan a ser las que nos pueden eliminar y el enemigo quiere hacernos pensar que por ellas somos lo que somos.

La comparación que aquí hace es con el vino pues era algo que ellos podían entender porque se dedicaban a esta actividad, y les dice que son como el vino con su sedimento que le da su sabor y la fuerza, el cual no ha cambiado desde su juventud dándoles su propio sabor y olor. Si nosotros tenemos el mismo sabor y olor desde jóvenes es como decir que no has existido cambios en ellos, que se quedaron como jóvenes. Si hacemos la comparación con el vino su primera etapa es con el jugo nuevo sacarle las impurezas, ramitas, cáscara, etc., luego una etapa de reposo para sedimentar, y es aquí donde se purifica, y por último se pasa a los odres para añejar. Quiere decir que no se puede añejar si no se ha fermentado, limpiado y quitado el sedimento.

Moab era añejo con todas sus impurezas, y esta es la condición del cristiano que no quiere cambiar, pero que sin embargo sigue en la iglesia, llevando una vida religiosa, queda con su propio sabor y olor, en lugar de mejorar empeora. Este es el proceso que ellos conocían que el producto con el tiempo tiene que cambiar, mejorar su sabor y olor, sin embargo ellos tenía su propio olor y sabor sin transformación. En el verdadero cristiano cuando pasa el tiempo y somos los mismos y no se ven los cambios, debería de haber preocupación en nosotros porque lo que está pasando como dice Jeremías: es que estamos reposados o tranquilos, cómodos, es decir sin sentirnos mal por no haber cambiado, esto nos debe debería dar temor pues a Moab le daban una profecía dura, de juicio, debemos aprender con solo mirar alrededor nuestro.

El problema de no vaciarse. No sé cuantas veces hemos sentido la sensación de estar vacíos y ese estado nos hace reaccionar a buscar algo que nos llene inmediatamente. Pues algo parecido es lo que el Señor les habla a este pueblo (aunque la profecía se cumplió en Moab), y también nos lo dice a nosotros. No nos imaginamos lo bueno que es vaciarse de manera voluntaria y darnos cuenta en esa sensación de vacuidad que necesitamos volver a llenarnos. A veces los procesos pueden no tan cortos y otras veces los acontecimientos son rápidos.

Existe una capacidad máxima que cada uno cree tener y que realmente se vuelve al menos en ese momento nuestro máximo, es decir tenemos una capacidad máxima en lo emocional, en lo físico, en nuestras capacidades y hasta en lo espiritual. El límite puede ser movido y depende del envase o del recipiente donde se contiene. Por eso si no somos vaciados no podremos llenarnos nuevamente, porque de repente sentimos que ya no podemos con muchas cosas, es ese el momento que tenemos que ser vaciados.

Pero si vemos como es que se vaciaba la vasija de vino nuevo, nos damos cuenta que era por decantación, es decir inclinándola, y esa es la figura nuestra cuando nos inclinamos suplicándole y podemos sacar lo que nos ha llenado, o al menos nos ha dado la sensación de una llenura desagradable. Si nos vaciamos voluntariamente entonces el Señor viene a llenarnos porque se da cuenta que estamos buscándole para que nos llene, porque al botar lo anterior es como decir que no nos sirve.

Este ejemplo lo vemos en Ana cuando no podía tener hijos y su rival (1Sam_1:6), Penina si los tenía y la irritaba, la enojaba y la entristecía, y su marido Elcana no encontraba forma que ella superara su esterilidad. Ana se pudo vaciar en Elcana pero no podía porque continuaba su malestar, hasta que lo hizo delante del Señor en el templo, donde inclusive el sacerdote Elí la tuvo por ebria. Ana se llenó de muchos sentimientos dañinos, y tenía que desvaciarse donde pudiera ser llenada nuevamente, y esto era en el templo delante del Señor, pues no podía hacerlo con su marido aunque quizá lo intentó. Vaciarse entonces se vuelve una obligación para el cristiano que quiere avanzar en este camino.

A qué se compara el vaciado obligado. Cuando el Señor hace que nos vaciemos lo que sucede es que somos obligados a inclinarnos y vaciarnos y no necesariamente con alguien que nos va a llenar. Por eso el Señor les dice que les enviaría trasvasadores porque ellos nunca habían sido vaciados ni tampoco habían estado en cautiverio. Aquí la palabra cautiverio viene de otra raíz hebrea “galá” que significa desnudar, revelar o descubrir o exilio o cautividad. Esto indica que nos están vaciando cuando somos desnudados, por esto es importante no llegar a esta crisis sino hacerlo voluntariamente.

El que era llevado cautivo salía sin nada y quedaba desnudo no tanto de ropa, sino de recursos, de fuerzas, de valor, de libertad, y hasta de sueños. Si estos son los síntomas que tenemos es porque el Señor quiere que nos vaciemos y que corramos a llenarnos de él. El cautivo quiere tener quien abogue por él, quien le ayude o le dé una palabra de aliento, porque la alegría se va, el canto no sale, y la esperanza se desvanece.

Mientras tengamos vasija y odre hay esperanza. Muchos podemos sentirnos llenos porque el proceso no ha sido el adecuado en nosotros, pero se nos olvida que si nos vaciamos voluntariamente hay esperanza, pues el recipiente está completo y puede seguir sirviendo. Este es el tiempo que el Señor nos da para que lo hagamos voluntariamente, de lo contrario tendremos problemas porque cuando quieren destruir la vasija y el odre es porque no nos interesamos en tener de Dios dentro sino cualquier cosa y sin seguir el proceso.

El proceso del Señor tiene ciclos diferentes, pues no permitirá que reposemos en nuestro sedimento, sino que nos vaciemos para quitar el sedimento y toda impureza, y aquí no aplica añejarse para mejorar, sino en la depuración y mejoramiento que hace la decantación o el vaciado.

Ser volteado o acostado o agobiado (cuando hay fuerza de resistencia), es un proceso que viene de afuera, es obligado, pero quizá la única forma viable, pero si es quebrada la vasija, el proceso termina. Los volteadores existen, porque aunque no los contraten se prestan a voltear al hermano con la intención de hacer daño, pues la vasija vacía es más fácil de quebrar, está más frágil, vulnerable, y es por eso que el Señor quiere que no nos pase como a Moab, sino que aunque el vacío es una sensación dura, o desesperante, que esa misma sensación nos haga buscar la Señor para ser llenados nuevamente.

Se puede decir que vaciarse es necesario cuando nos vamos llenando y el sedimento (el viejo hombre), le va dando el mismo sabor a todo, entonces debemos vaciarnos para que el Señor saque el sedimento y nos vaya limpiando. Pero el proceso de vaciado puede ser voluntario y obligado, este último muchas veces es para destrucción porque hay juicio, pero también puede ser para darnos una última oportunidad de que, en ese vacío busquemos a Dios que ya antes nos había llenado y esa experiencia nos hace buscarlo. El otro vaciado es al estilo de Ana, voluntario delante del Señor y este es el que nos cambia porque es sacado el sedimento (o chingaste como decían las abuelitas), que ya no sirve y eso viejo es eliminado.

miércoles, 25 de abril de 2012

La dispersión dentro del rebaño


Jua 10:11 Yo soy el buen pastor;(A) el buen pastor su vida da por las ovejas.
Jua 10:12  Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.
Jua 10:13  Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.
Jua 10:14  Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
Jua 10:15  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
Jua 10:16  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Estamos viviendo un tiempo de una dispersión interna, es decir una dispersión que no es al estilo de diáspora de los judíos que estaban en persecución, ni de la dispersión que venía como un castigo, sino una dispersión dentro de la misma iglesia, dentro del mismo rebaño.

La dispersión está hoy vigente en la iglesia gentil donde se percibe un aislamiento por aspectos externos o internos, como el temor, o por el individualismo que nos es inculcado de maneras elegantes por la misma sociedad, por ejemplo el afán por ser competitivo, y aunque estemos cercanos a otros hermanos, existe tendencia a actuar aisladamente aun en las cosas de la fe. El cristiano quiere hoy resultados y respuestas de Dios sin intervención de nadie, ni del ministro, ni del líder ni de ningún hermano.

El problema del individualistas se refleja hasta para pedir, y no miramos las cosas comunes que si pueden resolver de manera general y nos darían bienestar a todos. Esto es real pues la sorpresa que nos llevamos cuando conocemos los problemas reales de las personas es similar y hasta repetidos muchos de ellos, y las soluciones están al alcance, pero como estamos empeñados en nuestro propio mundo de soluciones no los alcanzamos a ver lo que Dios tiene a través del ministro.

Si miramos las soluciones podríamos distinguir varios niveles de solución: a través de la predicación y enseñanza, soluciones a través de la oración, soluciones a través de la consejería, y soluciones generales. Esta última la menos frecuente que observemos hoy día.

El efecto rebaño. Es difícil hoy día hablar de los beneficios que se tiene el ser parte del rebaño del Señor, pues siempre estamos limitados a la crítica de aquellos que posiblemente están pensando que la libertad está en tener las características, opciones y decisiones individuales y no esperan que nadie les diga lo que deban hacer y mucho menos tener un efecto de bendición como congregación como rebaño. Existe preferencia en pertenecer a otros tipos de organizaciones que pertenecer al rebaño del Señor.

Desgraciadamente los resultados y temores que algunos tienen de lo que han observado y vivido les puede dejar fuera de la bendición como rebaño. Este efecto no lo alcanzamos a percibir y llegamos a creer que solo existe una bendición individual y no global. En la antigüedad era fácil darse cuenta que existía una bendición generalizada como nación, porque los problemas los atacaban a todos de manera general como en 2Cr_20:1-12, donde Josafat como pastor de Israel busca a Dios y les bendice a todos como rebaño, como nación.

Cuando está establecido el rebaño (más si es grande), se puede hacer un mal uso al sentir poder, más si se tiene un rebaño que reconoce y acepta, que recibe lo espiritual, pudiendo llegar a convertirse en una tentación de creer que se está autorizado para utilizar el rebaño como un medio para otros fines, del cual se aprovecharán aquellos que no piensan en bendecir o que son asalariados.

Cuando el Señor bendecía como rebaño terminaba en un avivamiento, y esto es algo colectivo y no individual, y aquí nos podemos preguntar que si estamos solo en lo individual y la iglesia está dispersa en el redil, ¿cuándo llegará el avivamiento? Parece que estamos lejos cuando existen rebaños dispersos que no entiende el juntos y unánimes.

El peligro de esta dispersión es que hoy se han formado grandes congregaciones con gente dispersa, siendo capaces de atraer todo lo disperso. La gente dispersa está sujeta y tiene la necesidad de ser atraída, porque se necesita la ayuda del Señor, sin embargo también es  vulnerable a ser engañada por los temores que se afianzan en la dispersión, por esto algunos ya no pueden buscar dirección y caer en un nivel de ser cazadas o lazadas a lo salvaje del marketing religioso. Debemos pedir dirección a Dios para que el disperso alcance seguridad pero también libertad para tomar decisiones y no simplemente suplir la necesidad de pertenecer, porque de esto dependerá su restauración.

El lobo y los daños. Primero hay que definir al lobo, y en 1Sa_17:34-36 David compara al león y al oso con el filisteo enemigo del rebaño de Israel. David siendo pastor entendía que era una labor igual a lo que hizo con el rebaño de su padre, es la situación Cristo como hijo del Padre que cuida las ovejas y que es el único que tiene la capacidad de quitarle de las pauses la oveja arrebatada.

El primer daño del lobo son las que arrebata o de la que se apodera –porque solo se lleva una a la vez- y es la oveja que se lleva el lobo que puede tener dos resultados una es que sea comida y la otra que sea rescatada. David las rescataba y esto es lo que sorprende de él porque lo aprendió del Señor. El lobo solo puede llevarse una no puede matarlas a todas, entonces ¿con quién lo hace? Con la más fácil, la débil, la enferma, la distraída, la que se queda.

El segundo daño entonces es la dispersión, porque mientras se vuelve a tener el efecto rebaño pasará algún tiempo, y si la falla fue de un asalariado entonces devolver la confianza tomará un tiempo más largo, esto dependerá si la dispersión es dentro del redil o fuera de él. Cuando se dispersa dentro será rápida su agregación, pero si está fuera queda a la deriva del depredador y los daños pueden encallarse, pues se ha sabido de hermanos que se encierran en el daño y no quieren volver a congregarse.

El que se asusta. Pueden existir dos asustados por la presencia del lobo: la oveja y el pastor asalariado. El que es asalariado huye porque tiene miedo y no se quiere exponer porque las ovejas no son de él, dice el Señor. Este efecto es porque no siente compromiso de nada, tirar la toalla no es porque el rebaño en muy pequeño y no vale la pena, sino más bien por el temor al lobo y solo le interesa la paga.

También por el otro lado existen ovejas que se asustan al ver que la cosa es seria, y que puede llegar a ser presa cuando se está débil, distraída, o cuando se es desobediente. El impacto sobre las demás ovejas es clave porque algunos se apercibirán pero otras se sentirán con temor que les pase lo mismo y esto precisamente las vuelve presa.

Daños de mayor plazo cuando se queda afectada la oveja y no se recupera y no se sana, termina aislándose y volviéndose individualista porque llega a creer que las cosas se resuelven de manera individual, y no con el cuido general del pastor.

El Señor conoce las ovejas y sus ovejas le conocen. Parece que el mutuo conocimiento en estos tiempos, por el mismo individualismo, no se da, pues existe un muro de "no te metas conmigo". Esto está afectando que mucho pueblo no esté siendo restaurado después de alguna dispersión.

La voz del pastor es clave para devolver la unidad y el efecto rebaño, no existe otro medio, porque los que reconocen volverán a congregarse, mientras que las que no, seguirán de seguidores a medias o de lejos, haciendo más estorbo que ayudando algunas veces. Esta es la realidad porque los que no se acercan con la voz del pastor no tendrán oportunidad de vida aunque estén en el redil.

Por otro lado la voz desconocida será también un dispersante, les dará temor, se sentirán amenazado, y llegará a tener un efecto similar al del lobo, por esta razón el mensaje que viene de Dios, y la doctrina se vuelven los que dan el timbre de voz al ministro. Dar el mensaje de Dios y la doctrina del Señor no es la voz propia del pastor terrenal sino la voz del Pastor de pastores, por esto no podemos tener voz propia.

Existen ovejas que no son de este redil y que habrá que atraerlas, debemos saber que tenemos esa labor con las dispersas y con las que todavía no conocen del Señor, y por lo tanto no debemos menguar porque el rebaño o la manada crecerá si damos a conocer la voz de Dios, para que las que escuchan se acostumbren a su voz y no permitan voces desconocidas.

La pregunta es válida: ¿pertenecemos al rebaño del Señor o estamos dispersos?