viernes, 5 de octubre de 2012

¡Ay! la aflicción



Isa 5:8  ¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?
Isa 5:9  Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.
Isa 5:10  Y diez yugadas de viña producirán un bato, y un homer de semilla producirá un efa.
Isa 5:11  ¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende! Isa 5:12  Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino, y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos.
Isa 5:13  Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed. Isa 5:14  Por eso ensanchó su interior el Seol, y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su fausto, y el que en él se regocijaba. Isa 5:15  Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los ojos de los altivos. Isa 5:16  Pero Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia. Isa 5:17  Y los corderos serán apacentados según su costumbre; y extraños devorarán los campos desolados de los ricos.
Isa 5:18  ¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta, Isa 5:19  los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!
Isa 5:20  ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!
Isa 5:21  ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!
Isa 5:22  ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida;
Isa 5:23  los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho!
Isa 5:24  Por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel.

Sin duda alguna que no existe nadie que no se aflija en la vida, y no estamos hablando de la aflicción que viene por aspectos sin control, sino aquellos atribuidos a nuestras decisiones y acciones  que se salieron de la voluntad de Dios. Los aspectos más difíciles son aquellos que sabemos que traen consecuencias malas, pero que no nos detienen, y siguen dando malos frutos en nuestra vida.

Cuando alguien vive una mala situación, ha llegado allí por una serie de sucesos, algunos de ellos en los que no se pudo detener, entonces podemos aprender de esa situación, de esa experiencia, porque podemos llegar a lo mismo, dicho de otro modo tenemos potencial, aunque digamos en nuestro interior no soy igual a esa persona. Todos tenemos malas experiencias que pueden servir a otros para no hacer lo mismo.

Isaías profetiza en Jerusalén posiblemente en tiempo cercano a la deportación a Babilonia, y esta profecía era una advertencia de lo que se avecinaba. Esta experiencia era como toda profecía que advierte las consecuencias anticipadamente.

Los ayes son la expresión de dolor que el Señor tiene por su omnisciencia, ya que el dolor que viene es inevitable, pero el dolor de quien ama es primero, es decir la causa es el ay; la aflicción que sufrirá la persona amada viene después, son las consecuencias, el resultado es inevitable y es el que pensamos que es el sufrimiento. Para el Señor el primer ay es el sufrimiento el de origen, pero nuestra visión puede ser corta y no nos recordamos de los ayes de quienes nos aman y se anticiparon a las consecuencias. Esto es como cuando una persona mayor sabe al mirar la forma de actuar de un joven que hay una cosecha que le vendrá, entonces dice: ay este joven va a sufrir.

Los ayes ¿para quienes? Esta pregunta es clave y aquí se señalan seis ayes que simbolizan al hombre que se puede inclinar por más de alguno de ellos:

1.        Los acumuladores. (v. 8-10) Sin importarles que el tiempo fuera malo seguían acumulando, aprovechando ese mal tiempo para llenarse de bienes, este es un materialismo salvaje que puede llegar a torcer la relación con Dios, vida misma y la familia. La visión se hace corta porque no podían creer que la profecía del Señor se cumpliría y el profeta decía me ha dicho al oído el Señor que esas casas quedarán solas. Esto es hoy común con la brecha cada vez mayor en la población mundial. Vemos que quienes tienen los mayores bienes están aprendiendo a hacer más dinero sin usar a las personas para ganarlo, esto es complicado.

Este es el resultado si acumulamos sin mirar al lado ni lo que el Señor quiere que hagamos; la soledad es una consecuencia, pues queda solo porque lo material solo une por un momento de interés. Lo que tenían y habían acumulado dejaría de producir, y el Señor quería que compartieran, de lo contrario, se volvería estéril la viña y la producción de granos se reduciría a la décima parte de lo que se sembraba. Tiene que ver también con dejarse ganar la batalla de la ambición y avaricia deseando lo material en detrimento de la abundancia espiritual, perdiendo lo mejor.

2.       Los buscadores de placer. (v. 11-13) Este ay es cuando se piensa que la vida es solo para disfrutarla, sin darnos cuenta de lo terrible que pueda estar pasando alrededor, esto nos vuelve insensibles. Cuando no se puede mirar ni considerar la obra del Señor, entonces no queda nada para disfrutar de parte de Dios, y es cuando solo nos atraerá lo sofisticado, lo inalcanzable, y las cosas que son en contra de lo natural. Bienaventurado el niño que se alegra y puede disfrutar un dulce, por ser niño es librado de los males que hay alrededor.

La altivez será quitada con humillación, lo que significa que perdieron la oportunidad de hacerlo voluntariamente, esta es la gran salida que nos da el Señor que tengamos la sensatez. Esta falta de conocimiento del pueblo se trata de tener grandes revelaciones, sino lo más elemental que es guardar nuestra vida anticipadamente, por esto llegaron a Babilonia.

3.    Los que traen la maldad y pecado. (v. 18) El Señor quiere que traigamos las buenas nuevas, la bendición, la fe, la esperanza en el Señor, pero cuando no lo hacemos podemos estar trayendo la maldad atada con cuerdas de mentira, de vanidad, o el pecado atado con coyundas de carreta.

La maldad es más sutil de ver para los demás, pero esa culpa es una cuerda que aunque sea del grosor de un cabello mientras esté con nosotros afectaremos a otros, y poco a poco se apoderará de nuestra vida. El pecado amarrado con correas de cuero ya no se suelta fácilmente al menos que otro las quite, pero por nosotros mismos es imposible; por esto el buey se agacha para que le quiten las coyundas porque su amo lo libera, de igual manera el pecado solo lo puede soltar de nosotros nuestro dueño, nuestro Señor Jesucristo.

El pecado se amarra con coyundas y no se sueltan, pero quisiéramos corregir y salir de esa situación, no se estaría diciendo: que el Señor venga para que sepamos, pues ya sabemos lo que debemos hacer, pero no se quiere actuar, este es el problema. No es falta de consejo por lo que no sabemos, sino porque no accionamos, algunos empantanados en cuántas cosas que ya se ve como imposible salirse, aunque nunca es tarde.

4.   Los que acomodan a su conveniencia el mal. (v. 20) A lo malo le dicen bueno, es tratar de convencer de su mal accionar, y que al final se pueda llegar a creer, para facilitar la vida y no tener que cambiar. La luz la hacen tinieblas, y lo amargo lo hacen dulce, esto tratar también de convencer al débil.

En Jer_4:18, habla de la amargura que llega cuando el pecado no es perdonado, por esto quien está en esa situación quiere hacer parecer que está bien, que lo disfruta, y atrae y confunde a los débiles en la fe, y los hace caer en el hoyo. Muchas veces no se tiene dimensión del mal que se hace con el mal ejemplo haciéndolo bueno con las palabras, pues no sabemos las intenciones o tentaciones que el débil en la fe tiene.

5.    Sabios para sí mismo. (v. 21) Sorprendentemente esta es una de las causas de ay, aunque cualquiera pueda hasta decir: es seguro de sí mismo, por esto se le pasa la mano, pero esto no tiene nada que ver, es sentir que tenemos todo el control y que dirigimos bien las cosas, pero esto está lejos de la realidad, pues nos distanciamos de la obra de Dios en nuestras vidas.

Al sabio para sí mismo lo que hace le parece que siempre fue lo mejor, lo más inteligente, por eso ya no queda espacio para mejorar, sino seguir en el mismo nivel aunque este sea de fracaso. En aquel tiempo se podía ver la señal de Dios así como hoy, que les decía las cosas que vienen, así también no obliga a estar preparados en nuestras vidas, porque eso nos ayudará a salir adelante. Esta falta no es exceso de autoestima, sino falta de reconocimiento de Dios, de aceptar que no somos lo máximo en lo que creemos tener dominio, esa humildad nos permitirá seguir avanzando. Algunos pensaban ser más que el profeta Isaías y esto hace que automáticamente se deseche la voluntad de Dios.

6.   Los que hacen mezclas. (v. 22-23) Los valientes para sumergirse hasta perder la conciencia, haciendo mezclas que pareciera que les hace valientes porque se atreven a jugar con fuego, pero eso los relaja, facilita ceder y hacer otras cosas más graves. La conciencia sobria no permite hacer algunas cosas y es entonces que se debe quitar la sobriedad y esto es cualquier droga como el alcohol u otra. El mezclar es con un fin, no es por gusto cuando se quiere hacer creer que esa mezcla es para mejorar, sí, ¿pero para mejorar qué? No es más que para engañar a otros y a sí mismo.

Adormecida la conciencia se puede aceptar cohecho, y aunque un juez por definición debe impartir justicia se dedica a aceptar dádivas quitando el derecho al justo. Nosotros podemos mirar que esto trae sufrimiento y consecuencias, como las tuvo para el pueblo al ser llevados cautivos.

Bienaventurado quien puede atender a quien nos está poniendo en alerta y nos está diciendo que ya existe un ay en nosotros, esto nos librará de las consecuencias nefastas, porque el estar en el camino y aun tener salvación no nos libra de los ayes. Quién sabe cuánto tiempo hay entre el momento que el Señor dice el ay y el momento en que llega el sufrimiento, este tiempo es de gracia; somos responsables de aprovechar ese tiempo para cuanto antes podamos aceptar que hay alguien que nos ama y que ya está sufriendo por nosotros, y que no quiere que se consuma el otro ay de sufrimiento personal.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Reconociendo la autoridad



Luc 20:1  Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,
Luc 20:2  y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?
Luc 20:3  Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme:
Luc 20:4  El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?
Luc 20:5  Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
Luc 20:6  Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta.
Luc 20:7  Y respondieron que no sabían de dónde fuese.
Luc 20:8  Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.

Sin duda una de los aspectos que más conflictos traen a la vida de las personas es el reconocimiento de la autoridad, pues aun cuando creemos que nadie la ejerce en nuestras vidas podemos pensar que estamos bien delante de Dios, aunque esto sea cuestión de visión (nadie está sin autoridad), puede ser que no se vea que ejercen autoridad sobre nosotros porque se está sometido a Dios y no se siente o en el otro extremo porque ya no se quiere ejercer autoridad pues se da por perdido el caso y se espera que llegue a un desenlace fruto de lo que se ha sembrado.

Por este motivo muchos de nosotros siendo adolescentes quizá nos dejaran hacer las cosas a nuestra manera, pensando que esa etapa en la vida pasaría y posteriormente se volvería al camino correcto, el del reconocimiento de la autoridad y sometimiento voluntario, pues es el que trae beneficios. Por otro lado en la iglesia podemos sentir una diferencia significativa cuando no es por obligación o porque me pagan como en un empleo, sino por amor y esto es un proceso.

Cuando llegamos al Señor muchas veces no se entiende que la vida de obediencia es el único camino válido y bueno para que el hombre prospere, pero esto implica primero conocer al Señor, de lo contrario solo nos quedaremos con la autoridad ejercida pero sin aceptarla. Aceptar la autoridad comienza por conocer al Señor y ese vínculo si no se rompe nos ayudará a mantener la relación de sometimiento a su autoridad para beneficio nuestro. Aun en lo natural podemos ver que en los empleos reconocer la autoridad y el respeto trae frutos que llevan a depositar confianza y a delegar autoridad en aquel que la reconoce.

La autoridad puede reconquistar lo que se ha perdido, pues en la experiencia que acababa de ocurrir el Señor sacó a aquellos mercaderes del templo y luego seguía predicando allí al pueblo. Algunos podemos renunciar a esta bendición, pero aunque la hayan convertido en cueva de ladrones, el Señor puede sacar todo mal. Muchos templos se han perdido y la autoridad del Señor viene a restaurar su verdadero camino, pasando de cueva de ladrones a casa de oración, sin embargo existe siempre aquellos que no quieren este camino.

Quién eres para ejercer autoridad y quién te la dio. Las preguntas solo podían venir de aquellos que se habían visto afectados por el orden puesto en el templo, mientras el pueblo que recibía las buenas nuevas no tuvo ese conflicto. Por esto cuando nos sentimos mal por una decisión de la autoridad debemos pedir la capacidad a Dios para discernir, si el malestar es porque me afectó en algo material o en mi alma, si esto es así, ya estamos en camino para resolverlo, porque el Señor nos ayudará a salir de ese problema con la autoridad.

Si no queremos obedecer porque nos gusta la anarquía y el desorden, entonces primero cuestionaremos la autoridad la cual tiene dos aspectos claves para poder ejercerla, sin embargo aquel que no puede ejercer dicha autoridad se apoyará en esos aspectos:

·    ¿Quién eres para tener esa autoridad? Esto es clave pero, ¿quién es? no lo dice o no quiere valerse por ese título sino por su misma presencia. Alguien puede no decir que es el dueño de la empresa para tener más autoridad y saber quién hace las cosas por sí mismo y no porque lo vean.
·    ¿Quién te la dio? Siempre parece que es válida la pregunta pero no lo es, pues en este caso siendo Dios, no parecía muy fácil decir soy Dios y no necesito que me la den, o como Hijo de Dios decir mi Padre en los cielos me la ha dado. Los que preguntan están diciendo tu no la tienes, pero quiero ver quien está más arriba tuyo y voy a ver si me convence. Es claro que quienes preguntan es porque no quieren someterse, y una respuesta no cambiará esa realidad.

No podemos invalidar a nadie que el Señor le ha dado la autoridad, y los ministro a quienes se la han dado no quieren imponer su condición o título, sino tener la bendición que sea por amor, por reconocimiento, porque me conoces y sabes que no deseo tu fracaso, aunque no pese lo que tú quisieras.

En este caso los sacerdotes, escribas y principales no preguntaban porque estuvieran dispuestos a obedecer sino para encontrar una forma de debatir o invalidar la autoridad, por esto no podía decirlo, y ni nos imaginamos lo que los discípulos del pueblo podían entrar en conflicto pues podían ser débiles.

La respuesta es una pregunta. La sutileza era más que directa y pondría en conflicto a aquellos por el atrevimiento que tuvieron de cuestionar más que de preguntar. Muchas veces hay cuestionamientos donde tenemos que callar y no altercar, pero no porque no exista respaldo de Dios, sino porque estamos muy claros que lo importante es que el Señor nos reconozca y con esos no importará lo que digamos no serán convencidos.

La pregunta acerca si Juan bautizaba porque a él se le ocurrió hacerlo, en cuyo caso no existía autoridad auténtica para hacerlo y esto invalidaba su obra (esto significaba que era del hombre); o si venía de Dios, era una pregunta que daba respuesta a la autoridad, pues existe una autoridad suprema, que muchas veces por conveniencia el hombre no reconoce.

La respuesta de aquellos si decían que era del hombre el pueblo que estaba convencido que era lo contrario (venía de Dios), entonces perdían su respaldo porque el que no obedece a Dios está pendiente de los hombres, en este caso era crítico pues podían ser apedreados. Pero si decían que venía de Dios, entonces claramente quedaban en evidencia no eran obedientes a Dios.

Tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas. Escoger demencia, desconocimiento en la respuesta no nos exime de la responsabilidad. Ellos dijeron "no sabemos" pero esa mentira no exaltó al Señor como para regañarlos por eso, sino que simplemente dijo: yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas. Es otra forma de decir no soy yo el afectado, pues yo hago lo que el Padre me manda hacer y ni siquiera hablo lo propio, nosotros siempre seremos necesitados de estar sometidos a él, y de esa manera no tendríamos conflictos en nuestra alma.

Es sorprendente no perder la paz, ni exaltarse en las respuestas, porque esa tranquilidad servía para el pueblo y sus discípulos que necesitaban aprender, porque quien no entiende la autoridad no se puede obligar a que la reconozca. El Señor sigue en su labor y no se detiene, sigue predicando porque su autoridad trae beneficios a los que se quieren someter, nunca es obligatoria pues aún se mira la reacción del padre con el hijo pródigo, no se impone cuando ya no se puede hacer nada, era mayor de edad, y no lo podía o debía detener.

Solo los verdaderos hijos podemos someternos a la autoridad sin cuestionar la fuente o el título de autoridad, la iglesia crece con base en este principio, y el Señor no se salta la autoridad delegada, la respeta aunque tiene límite, mientras que la que viene del Padre no tiene fin, es completa y eterna.

viernes, 21 de septiembre de 2012

No te quedarás con las manos vacías



Gén 31:38  Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.
Gén 31:39  Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.
Gén 31:40  De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.
Gén 31:41  Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.
Gén 31:42  Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.
Éxo 23:14  Tres veces en el año me celebraréis fiesta. Éxo 23:15  La fiesta de los panes sin levadura guardarás.(H) Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.
Éxo 23:16  También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores,(I) que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo.(J)
Éxo 23:17  Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor.
Éxo 23:18  No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni la grosura de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana.
Éxo 23:19  Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios.(K) No guisarás el cabrito en la leche de su madre.

Deu 15:12  Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo le despedirás libre. Deu 15:13  Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías.

Éxo 3:21  Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías; Éxo 3:22  sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huésped alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.

Las manos vacías en estos tiempos de crisis económicas en muchos países del mundo, pareciera que es lo normal en la vida de muchas familias que sucumben por las limitaciones económicas, pareciendo que es lo que el Señor ha destinado para nosotros y muchas veces se puede renunciar  a las promesas de Dios. Pero, ¿cuál es el deseo de Dios en el hombre? Seguramente no las manos vacías es algo extremo, pero el hombre en la antigüedad tenía no podía presentarse al Señor de esta manera, sino que algo tenía que presentar. Entonces es algo relativo porque el que ofrendaba lo hacía de acuerdo a su capacidad y de cómo había sido prosperado materialmente.

Estos tiempos son de quejas entre unos a otros, entre los sectores de la sociedad, o más común contra los gobiernos; y no se puede pasar por alto que las personas que pueden soportar las crisis no son los que tienen más recursos, sino aquellos que habiendo perdido materialmente se puede reflexionar y evaluar cómo hemos vivido, y estar dispuestos a cambiar y obedecer a Dios, creyendo que él puede suplir en cualquier situación.

Con la situación complicada para muchos cristianos pareciera que se le puede decir al Señor que nos podemos presentar con las manos vacías delante de Él, y que por supuesto lo entiende, y que estamos exentos de participar en la obra material que significa mantener la obra de Dios. Desgraciadamente algunos podemos sacrificar lo espiritual por lo material, como si fuera lo primero por sacrificar. Pero el Señor quiere que conozcamos en el tiempo de la Ley qué significaba presentarse con las manos vacías, y cuál era el mandato en este tema, porque crisis siempre han existido.

Nadie se presentará con las manos vacías.  Este era parte de la ley, presentarse a las tres fiestas que eran solemnes, es decir aquellas a las que tenían compromiso de asistir. Nadie podía excusarse para no asistir, y no solo eso, sino que también no podían presentarse con las manos vacías, sino que tenían que traer algo para compartir, no era diezmo, sino algo voluntario. Exodo_23:15-19.

Las manos no vacías era cumplir aspectos claves en estas fiestas, para la de los panes sin levadura o la pascua, el pan que se presentase tenía que ser sin levadura, y esto significaba todo lo limpio, sin levadura que simboliza el pecado, por tanto algo legal. Esto era la forma de llevar al Señor, lo contrario era presentar con levadura incumpliendo la ley, y era peor que presentarse con las manos vacías. Así salieron de Egipto sin levadura, esto por la prisa de salir evadiendo la muerte de sus primogénitos que fue dada por el Señor por la cobertura a la muerte del cordero que se sacrificó. La aflicción ayuda a dejar a un lado la levadura, esta es la forma en que tenemos que presentarnos.

La fiesta de los primeros frutos o primicias (fiesta de las semanas o pentecostés), que definían el inicio de la cosecha, se tenían que presentar con frutos de la tierra, lo que implicaba que no importaba si la cosecha sería abundante o limitada. Alguno podía estar tentado a decir que su cosecha no sería buena, pero eso no los eximía de llevar su primicia, se llevaba conforme a cómo había sido bendecido, porque el Señor puede cambiar por nuestra obediencia lo demás de la cosecha que estaba por venir. Las primicias es cuestión de fe, y por insignificante que sea no podemos dejar de dar, pues aunque poco, es un privilegio.

La tercera fiesta era de la cosecha, cuando terminaba (también conocida de los tabernáculos), donde podían ver el resultado de su esfuerzo de haber trabajado durante esa temporada, lo que presentaban era variado, animales para sacrificio, así como frutos de la tierra, de igual manera no importaba si era poco o mucho lo que se presentaba pero participar dando es un verdadero privilegio. En estas fiestas se prohibía presentar la sangre del sacrificio con pan leudo, tampoco se podía guisar el cabrito con la leche de su madre, esto se consideraba crueldad pues la leche era para alimentar la cría y no para cocinarlo.

En situaciones adversas él llena las manos. El Señor quiere que su pueblo tenga disposición de ofrendar y de dar, pero él es quien primero lo hace con nosotros para que nadie llegue a pensar que lo damos por autosuficiencia, sino porque nos llenó las manos primero.

Cuando el pueblo salió de Egipto el Señor quiso que salieran con sus manos vacías, y por esta razón el esclavo israelita su hermano al séptimo año lo tenía que liberar, y no lo podía mandar con las manos vacías (Deu_15:13), porque le había servido, tenía que darle con liberalidad, cuanto más el Señor a nosotros, era un nuevo comienzo, una oportunidad, por esto quien ha perdido por negligencia (haciéndose esclavo), no crea que el Señor no le puede dar una nueva oportunidad. Es una ley para que nosotros demos un nuevo comienzo a otros.

Cuando salían de Egipto el pueblo de Israel pidieron joyas a los egipcios y por la gracia que el Señor puso en ellos recibieron, y  no salieron con las manos vacías, sino que salieron con alhajas de oro y plata y con vestidos (Exo_3:21-22). Esto demuestra que cuando parece imposible que Dios nos llene las manos puede poner gracia para recibir lo imposible, de la manera menos creíble.

La injusticia vencida por el temor a Dios. Cuando se vacían las manos o nunca se han llenado pudiera caerse en la tentación de llenarlas a como dé lugar, pero solo el temor a Dios puede detenernos. En un mundo que cada día se corrompe más, y los valores se van relajando, estaremos en algún momento en posibilidad o tentación de llenar nuestras manos, esta fue una posibilidad que tuvo Jacob con Labán, pero después de la salida de su casa, estando en tierra lejana quería ser diferente a lo que su nombre por naturaleza significaba: que toma por el talón o suplantador.

Jacob le sirvió a su suegro y lo hizo con rectitud a costa de tener sus manos vacías, pero el Señor no lo permitió pues es el Justo, y aunque sean injustos con nosotros no importa si logramos mantenernos viviendo en esa justicia. En Gen_31:38-42 le dice a Labán que en 20 años había hecho correctamente su trabajo y que aunque teniendo derecho nunca había comido un tan solo carnero, ni tampoco le llevó lo arrebatado de las fieras sino que lo pagó, y aun lo hurtado tanto de día como de noche se lo descontaba. La injusticia estaba casi ganándole la batalla porque si nosotros renunciamos, interrumpimos lo que el Señor está haciendo en nosotros, así como en Jacob tenía que experimentar la injusticia y de esta manera amaría más la justicia, y esto es solo cuando esperamos hasta que el Señor actúe por nosotros.

Aun los de la misma sangre (Labán era también su tío), pudo ser injusto con Jacob, esto quiere decir que de quien menos esperas puede haber injusticia, y no somos nosotros los que los cambiaremos sino hasta que Dios les hable. El Señor sacó a Jacob como debía pues le dio rebaño pariendo los animales crías de colores (según un trato de pago de salario de Labán), y esto era muestra del llenado de sus manos por Dios, ahora el problema era si lo dejarían salir sin ser despojado, y por esto intervino el Señor hablándole a Labán. Solo caminando justicia y el temor de Dios puede hacer la obra en nosotros.

Al terminar de llenarnos las manos también nos permitirá la salida sin pérdidas, pues se ha sido valiente de vivir en justicia y la obra en nuestra alma ha terminado por de pronto, la prueba pasa y aun sin merecerlo llenará nuestras manos vacías para que podamos participar presentándonos a él para dar y bendecir a otros.