viernes, 28 de septiembre de 2012

Reconociendo la autoridad



Luc 20:1  Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,
Luc 20:2  y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?
Luc 20:3  Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme:
Luc 20:4  El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?
Luc 20:5  Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
Luc 20:6  Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta.
Luc 20:7  Y respondieron que no sabían de dónde fuese.
Luc 20:8  Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.

Sin duda una de los aspectos que más conflictos traen a la vida de las personas es el reconocimiento de la autoridad, pues aun cuando creemos que nadie la ejerce en nuestras vidas podemos pensar que estamos bien delante de Dios, aunque esto sea cuestión de visión (nadie está sin autoridad), puede ser que no se vea que ejercen autoridad sobre nosotros porque se está sometido a Dios y no se siente o en el otro extremo porque ya no se quiere ejercer autoridad pues se da por perdido el caso y se espera que llegue a un desenlace fruto de lo que se ha sembrado.

Por este motivo muchos de nosotros siendo adolescentes quizá nos dejaran hacer las cosas a nuestra manera, pensando que esa etapa en la vida pasaría y posteriormente se volvería al camino correcto, el del reconocimiento de la autoridad y sometimiento voluntario, pues es el que trae beneficios. Por otro lado en la iglesia podemos sentir una diferencia significativa cuando no es por obligación o porque me pagan como en un empleo, sino por amor y esto es un proceso.

Cuando llegamos al Señor muchas veces no se entiende que la vida de obediencia es el único camino válido y bueno para que el hombre prospere, pero esto implica primero conocer al Señor, de lo contrario solo nos quedaremos con la autoridad ejercida pero sin aceptarla. Aceptar la autoridad comienza por conocer al Señor y ese vínculo si no se rompe nos ayudará a mantener la relación de sometimiento a su autoridad para beneficio nuestro. Aun en lo natural podemos ver que en los empleos reconocer la autoridad y el respeto trae frutos que llevan a depositar confianza y a delegar autoridad en aquel que la reconoce.

La autoridad puede reconquistar lo que se ha perdido, pues en la experiencia que acababa de ocurrir el Señor sacó a aquellos mercaderes del templo y luego seguía predicando allí al pueblo. Algunos podemos renunciar a esta bendición, pero aunque la hayan convertido en cueva de ladrones, el Señor puede sacar todo mal. Muchos templos se han perdido y la autoridad del Señor viene a restaurar su verdadero camino, pasando de cueva de ladrones a casa de oración, sin embargo existe siempre aquellos que no quieren este camino.

Quién eres para ejercer autoridad y quién te la dio. Las preguntas solo podían venir de aquellos que se habían visto afectados por el orden puesto en el templo, mientras el pueblo que recibía las buenas nuevas no tuvo ese conflicto. Por esto cuando nos sentimos mal por una decisión de la autoridad debemos pedir la capacidad a Dios para discernir, si el malestar es porque me afectó en algo material o en mi alma, si esto es así, ya estamos en camino para resolverlo, porque el Señor nos ayudará a salir de ese problema con la autoridad.

Si no queremos obedecer porque nos gusta la anarquía y el desorden, entonces primero cuestionaremos la autoridad la cual tiene dos aspectos claves para poder ejercerla, sin embargo aquel que no puede ejercer dicha autoridad se apoyará en esos aspectos:

·    ¿Quién eres para tener esa autoridad? Esto es clave pero, ¿quién es? no lo dice o no quiere valerse por ese título sino por su misma presencia. Alguien puede no decir que es el dueño de la empresa para tener más autoridad y saber quién hace las cosas por sí mismo y no porque lo vean.
·    ¿Quién te la dio? Siempre parece que es válida la pregunta pero no lo es, pues en este caso siendo Dios, no parecía muy fácil decir soy Dios y no necesito que me la den, o como Hijo de Dios decir mi Padre en los cielos me la ha dado. Los que preguntan están diciendo tu no la tienes, pero quiero ver quien está más arriba tuyo y voy a ver si me convence. Es claro que quienes preguntan es porque no quieren someterse, y una respuesta no cambiará esa realidad.

No podemos invalidar a nadie que el Señor le ha dado la autoridad, y los ministro a quienes se la han dado no quieren imponer su condición o título, sino tener la bendición que sea por amor, por reconocimiento, porque me conoces y sabes que no deseo tu fracaso, aunque no pese lo que tú quisieras.

En este caso los sacerdotes, escribas y principales no preguntaban porque estuvieran dispuestos a obedecer sino para encontrar una forma de debatir o invalidar la autoridad, por esto no podía decirlo, y ni nos imaginamos lo que los discípulos del pueblo podían entrar en conflicto pues podían ser débiles.

La respuesta es una pregunta. La sutileza era más que directa y pondría en conflicto a aquellos por el atrevimiento que tuvieron de cuestionar más que de preguntar. Muchas veces hay cuestionamientos donde tenemos que callar y no altercar, pero no porque no exista respaldo de Dios, sino porque estamos muy claros que lo importante es que el Señor nos reconozca y con esos no importará lo que digamos no serán convencidos.

La pregunta acerca si Juan bautizaba porque a él se le ocurrió hacerlo, en cuyo caso no existía autoridad auténtica para hacerlo y esto invalidaba su obra (esto significaba que era del hombre); o si venía de Dios, era una pregunta que daba respuesta a la autoridad, pues existe una autoridad suprema, que muchas veces por conveniencia el hombre no reconoce.

La respuesta de aquellos si decían que era del hombre el pueblo que estaba convencido que era lo contrario (venía de Dios), entonces perdían su respaldo porque el que no obedece a Dios está pendiente de los hombres, en este caso era crítico pues podían ser apedreados. Pero si decían que venía de Dios, entonces claramente quedaban en evidencia no eran obedientes a Dios.

Tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas. Escoger demencia, desconocimiento en la respuesta no nos exime de la responsabilidad. Ellos dijeron "no sabemos" pero esa mentira no exaltó al Señor como para regañarlos por eso, sino que simplemente dijo: yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas. Es otra forma de decir no soy yo el afectado, pues yo hago lo que el Padre me manda hacer y ni siquiera hablo lo propio, nosotros siempre seremos necesitados de estar sometidos a él, y de esa manera no tendríamos conflictos en nuestra alma.

Es sorprendente no perder la paz, ni exaltarse en las respuestas, porque esa tranquilidad servía para el pueblo y sus discípulos que necesitaban aprender, porque quien no entiende la autoridad no se puede obligar a que la reconozca. El Señor sigue en su labor y no se detiene, sigue predicando porque su autoridad trae beneficios a los que se quieren someter, nunca es obligatoria pues aún se mira la reacción del padre con el hijo pródigo, no se impone cuando ya no se puede hacer nada, era mayor de edad, y no lo podía o debía detener.

Solo los verdaderos hijos podemos someternos a la autoridad sin cuestionar la fuente o el título de autoridad, la iglesia crece con base en este principio, y el Señor no se salta la autoridad delegada, la respeta aunque tiene límite, mientras que la que viene del Padre no tiene fin, es completa y eterna.

viernes, 21 de septiembre de 2012

No te quedarás con las manos vacías



Gén 31:38  Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.
Gén 31:39  Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.
Gén 31:40  De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.
Gén 31:41  Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.
Gén 31:42  Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.
Éxo 23:14  Tres veces en el año me celebraréis fiesta. Éxo 23:15  La fiesta de los panes sin levadura guardarás.(H) Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.
Éxo 23:16  También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores,(I) que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo.(J)
Éxo 23:17  Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor.
Éxo 23:18  No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni la grosura de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana.
Éxo 23:19  Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios.(K) No guisarás el cabrito en la leche de su madre.

Deu 15:12  Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo le despedirás libre. Deu 15:13  Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías.

Éxo 3:21  Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías; Éxo 3:22  sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huésped alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.

Las manos vacías en estos tiempos de crisis económicas en muchos países del mundo, pareciera que es lo normal en la vida de muchas familias que sucumben por las limitaciones económicas, pareciendo que es lo que el Señor ha destinado para nosotros y muchas veces se puede renunciar  a las promesas de Dios. Pero, ¿cuál es el deseo de Dios en el hombre? Seguramente no las manos vacías es algo extremo, pero el hombre en la antigüedad tenía no podía presentarse al Señor de esta manera, sino que algo tenía que presentar. Entonces es algo relativo porque el que ofrendaba lo hacía de acuerdo a su capacidad y de cómo había sido prosperado materialmente.

Estos tiempos son de quejas entre unos a otros, entre los sectores de la sociedad, o más común contra los gobiernos; y no se puede pasar por alto que las personas que pueden soportar las crisis no son los que tienen más recursos, sino aquellos que habiendo perdido materialmente se puede reflexionar y evaluar cómo hemos vivido, y estar dispuestos a cambiar y obedecer a Dios, creyendo que él puede suplir en cualquier situación.

Con la situación complicada para muchos cristianos pareciera que se le puede decir al Señor que nos podemos presentar con las manos vacías delante de Él, y que por supuesto lo entiende, y que estamos exentos de participar en la obra material que significa mantener la obra de Dios. Desgraciadamente algunos podemos sacrificar lo espiritual por lo material, como si fuera lo primero por sacrificar. Pero el Señor quiere que conozcamos en el tiempo de la Ley qué significaba presentarse con las manos vacías, y cuál era el mandato en este tema, porque crisis siempre han existido.

Nadie se presentará con las manos vacías.  Este era parte de la ley, presentarse a las tres fiestas que eran solemnes, es decir aquellas a las que tenían compromiso de asistir. Nadie podía excusarse para no asistir, y no solo eso, sino que también no podían presentarse con las manos vacías, sino que tenían que traer algo para compartir, no era diezmo, sino algo voluntario. Exodo_23:15-19.

Las manos no vacías era cumplir aspectos claves en estas fiestas, para la de los panes sin levadura o la pascua, el pan que se presentase tenía que ser sin levadura, y esto significaba todo lo limpio, sin levadura que simboliza el pecado, por tanto algo legal. Esto era la forma de llevar al Señor, lo contrario era presentar con levadura incumpliendo la ley, y era peor que presentarse con las manos vacías. Así salieron de Egipto sin levadura, esto por la prisa de salir evadiendo la muerte de sus primogénitos que fue dada por el Señor por la cobertura a la muerte del cordero que se sacrificó. La aflicción ayuda a dejar a un lado la levadura, esta es la forma en que tenemos que presentarnos.

La fiesta de los primeros frutos o primicias (fiesta de las semanas o pentecostés), que definían el inicio de la cosecha, se tenían que presentar con frutos de la tierra, lo que implicaba que no importaba si la cosecha sería abundante o limitada. Alguno podía estar tentado a decir que su cosecha no sería buena, pero eso no los eximía de llevar su primicia, se llevaba conforme a cómo había sido bendecido, porque el Señor puede cambiar por nuestra obediencia lo demás de la cosecha que estaba por venir. Las primicias es cuestión de fe, y por insignificante que sea no podemos dejar de dar, pues aunque poco, es un privilegio.

La tercera fiesta era de la cosecha, cuando terminaba (también conocida de los tabernáculos), donde podían ver el resultado de su esfuerzo de haber trabajado durante esa temporada, lo que presentaban era variado, animales para sacrificio, así como frutos de la tierra, de igual manera no importaba si era poco o mucho lo que se presentaba pero participar dando es un verdadero privilegio. En estas fiestas se prohibía presentar la sangre del sacrificio con pan leudo, tampoco se podía guisar el cabrito con la leche de su madre, esto se consideraba crueldad pues la leche era para alimentar la cría y no para cocinarlo.

En situaciones adversas él llena las manos. El Señor quiere que su pueblo tenga disposición de ofrendar y de dar, pero él es quien primero lo hace con nosotros para que nadie llegue a pensar que lo damos por autosuficiencia, sino porque nos llenó las manos primero.

Cuando el pueblo salió de Egipto el Señor quiso que salieran con sus manos vacías, y por esta razón el esclavo israelita su hermano al séptimo año lo tenía que liberar, y no lo podía mandar con las manos vacías (Deu_15:13), porque le había servido, tenía que darle con liberalidad, cuanto más el Señor a nosotros, era un nuevo comienzo, una oportunidad, por esto quien ha perdido por negligencia (haciéndose esclavo), no crea que el Señor no le puede dar una nueva oportunidad. Es una ley para que nosotros demos un nuevo comienzo a otros.

Cuando salían de Egipto el pueblo de Israel pidieron joyas a los egipcios y por la gracia que el Señor puso en ellos recibieron, y  no salieron con las manos vacías, sino que salieron con alhajas de oro y plata y con vestidos (Exo_3:21-22). Esto demuestra que cuando parece imposible que Dios nos llene las manos puede poner gracia para recibir lo imposible, de la manera menos creíble.

La injusticia vencida por el temor a Dios. Cuando se vacían las manos o nunca se han llenado pudiera caerse en la tentación de llenarlas a como dé lugar, pero solo el temor a Dios puede detenernos. En un mundo que cada día se corrompe más, y los valores se van relajando, estaremos en algún momento en posibilidad o tentación de llenar nuestras manos, esta fue una posibilidad que tuvo Jacob con Labán, pero después de la salida de su casa, estando en tierra lejana quería ser diferente a lo que su nombre por naturaleza significaba: que toma por el talón o suplantador.

Jacob le sirvió a su suegro y lo hizo con rectitud a costa de tener sus manos vacías, pero el Señor no lo permitió pues es el Justo, y aunque sean injustos con nosotros no importa si logramos mantenernos viviendo en esa justicia. En Gen_31:38-42 le dice a Labán que en 20 años había hecho correctamente su trabajo y que aunque teniendo derecho nunca había comido un tan solo carnero, ni tampoco le llevó lo arrebatado de las fieras sino que lo pagó, y aun lo hurtado tanto de día como de noche se lo descontaba. La injusticia estaba casi ganándole la batalla porque si nosotros renunciamos, interrumpimos lo que el Señor está haciendo en nosotros, así como en Jacob tenía que experimentar la injusticia y de esta manera amaría más la justicia, y esto es solo cuando esperamos hasta que el Señor actúe por nosotros.

Aun los de la misma sangre (Labán era también su tío), pudo ser injusto con Jacob, esto quiere decir que de quien menos esperas puede haber injusticia, y no somos nosotros los que los cambiaremos sino hasta que Dios les hable. El Señor sacó a Jacob como debía pues le dio rebaño pariendo los animales crías de colores (según un trato de pago de salario de Labán), y esto era muestra del llenado de sus manos por Dios, ahora el problema era si lo dejarían salir sin ser despojado, y por esto intervino el Señor hablándole a Labán. Solo caminando justicia y el temor de Dios puede hacer la obra en nosotros.

Al terminar de llenarnos las manos también nos permitirá la salida sin pérdidas, pues se ha sido valiente de vivir en justicia y la obra en nuestra alma ha terminado por de pronto, la prueba pasa y aun sin merecerlo llenará nuestras manos vacías para que podamos participar presentándonos a él para dar y bendecir a otros.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Hará que se cumplan tus deseos



2Sa 23:1 Estas son las palabras postreras de David.Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob,El dulce cantor de Israel:
2Sa 23:2 El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,
Y su palabra ha estado en mi lengua.  
2Sa 23:3 El Dios de Israel ha dicho, Me habló la Roca de Israel:
Habrá un justo que gobierne entre los hombres, Que gobierne en el temor de Dios.  
2Sa 23:4 Será como la luz de la mañana, Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.  
2Sa 23:5 No es así mi casa para con Dios; Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo,
Ordenado en todas las cosas, y será guardado, Aunque todavía no haga él florecer
Toda mi salvación y mi deseo.  2Sa 23:6 Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados, Los cuales nadie toma con la mano; 2Sa 23:7 Sino que el que quiere tocarlos
Se arma de hierro y de asta de lanza, Y son del todo quemados en su lugar.

Cuando pensamos os deseos que nos mueven pueden venir muchas cosas a nuestra mente dominadas por lo que necesitamos hoy, y no pensar en un deseo transferido o proyectado por el Señor a nuestras vidas. El problema es que nos conformamos con los deseos que tenemos aunque sean de corto plazo y no nos atrevemos a pedir que nos ayude a cambiarlos porque no vemos peligro en ellos.

Los deseos van cambiando en nuestra vida, de acuerdo a factores pero se ven marcados por la madurez que vamos alcanzando; los deseos de niño no son los del adolescente, ni tampoco los de un adulto joven, ni los de alguien como David que se dice eran sus últimas palabras, quizá no porque estuviera muriendo pero sí por ser las del final de su vida.

La madurez entonces se refiere a la espiritual, a la que viene no tanto por la edad, sino por la capacidad de soportar mayor peso de responsabilidad haciendo lo correcto en la vida. David habla como un estadista que puede hacer un repaso de su desempeño como rey y principalmente de lo que Dios había hecho en su vida, y a pesar que estaba terminando su carrera no estaba satisfecho en cuando a sus deseos, pues seguramente sabía que los que no se habían cumplido en su vida se terminarían de cumplir en el siglo venidero.

Entonces tiene mucho valor aprender de alguien que estuvo con el Señor, que no solo fue rey, sino que también fue pastor de ovejas, y que fue un hombre muy próspero materialmente, pero también fue una persona que vivió en humilde condición; no fue toda su vida un hombre renombrado y conocido sino que también fue un hombre desconocido, anónimo. Tuvo siempre deseos que fueron moldeados por Dios y que en cada etapa de su vida pudo vivir sin que le robaran ni tampoco los abandonó.

El forjamiento de sus deseos. Cómo fueran nuestros deseos si viviéramos el mismo camino de David. Esta es una pregunta que no debemos contestar a la ligera, porque a David se le fueron dando ciertos privilegios, pero también sufrió cantidad de dificultades duras. Quizá se piensa que en los cambios de vida o etapas que se pasan ameritan cambios en las cosas que se desean, y es correcto que los habrá pero que siempre sea el Señor quien los ordene, para que nuestra puntería no se vaya a quedar en cosas materiales únicamente.

Dice la porción que David fue levantado en alto, y cuáles serían sus deseos al estar en alto, nos damos cuenta que fue la mayor parte del tiempo ayudar, proteger, y llevar justicia, y no hubo un deseo de conquistar por poder como la mayoría de los reyes. También dice que fue ungido, en esto tenía claridad pues cuando revisamos de donde lo sacó el Señor para ungirlo la primera vez por medio de profeta y juez Samuel, nos damos cuenta que esa unción no cambió su imagen de sí mismo, ni comenzó a decirles a sus hermanos que ya no haría las obligaciones que tenía porque sería alguien especial (que se lo había dado Samuel), como muchos que hoy piensan que si son llamados es para estar sobre los demás y no como servidor de ellos.

Se dice también de David que era el dulce cantor de Israel; que desearíamos como un cantor que era compositor y músico, pero que además deleitaba cuando lo hacía, pues sabemos que tocaba con unción pues cuando ministraba el espíritu de Saúl se tranquilizaba. No deseaba ser como ningún famoso, solo quería agradar a Dios cantando lo que el Señor le inspiraba, nunca pensó en fama como el camino a seguir como medio para generar ingresos por sobre todo, que es una trampa actual donde sucumben ministros que se apartan de sus ministerios y se vuelven profesionales independientes (freelancer), y pueden perderse en poner condiciones para ministrar al Señor y por supuesto se cambian los deseos de Dios por esos de grandeza y notoriedad.

El deseo de David en su sucesor. Tenía una gran preocupación y era quien le sucediera, que pudiera cumplir ciertas características para que fuera bendecido por el Señor. Otros reyes no se preocuparon por esto, porque pensaban que por ser sus hijos los sucesores en la dinastía eran los mejores (por eso les tocaba), pero los deseos de David no estaban en quien seguiría la obra que está dejando y que es necesario continuar y mejorar, sino que quien lo haga pueda cumplir los deseos del Señor.

El Espíritu de Jehová ha hablado por mí y hoy también tengo su palabra en mi lengua, esto quería decirlo para que fuera puesta atención a lo que decía haciendo recordar que no solo tenía autoridad en su palabra sino que era el Señor quien se la daba. La Roca que es Cristo le habló y le dijo que preguntara si había un justo que gobernara con el temor de Dios. El deseo del Señor fue manifestado y esto es grande, pues si obedecemos tenemos asegurada la victoria. Este debe se nuestro deseo si esperamos gobernar no importando lo que sea, grande o pequeño pues es lo mismo.

Podemos pensar en gobernar y hacerlo como se le antojara, pero esto está muy lejos de la realidad David hacía conforme a la voluntad del Señor. Cuando se llega a administrar (que bien es sinónimo de gobernar), tenemos un gran desafío para tener éxito: ser justo y temeros de Dios (respetar a Dios en lo que hacemos), es decir con temor en todas nuestras acciones, como si él está enfrente y le pudiéramos preguntar si es correcto cuando tenemos duda.

David era ejemplo de esto, aunque se equivocara en decisiones, pero fue rectificado al permitir que Dios obrara. Se puede brillar como el sol en un día sin nubes, y se puede ser como lluvia que hace brillar la hierba. Esta es la visión del Señor para nosotros que al gobernar podamos hacer que la luz brille sin estorbos, llegue a todos y que la lluvia haga crecer la hierba, para que prospere el ganado, y haya leche y carne. Todo esto es prosperidad y en esa visión se alinean nuestros deseos.

Su pacto es lo primero para que se cumplan los deseos. Parece ser que cuando dice en el verso 5: no es así mi casa para con Dios, pudiera referirse a que esté hablando a su propia casa donde no hizo su mejor gobierno, pues tuvo algunas dificultades graves con sus hijos que fue tarde para resolverlas.

Podemos pensar que nuestros deseos son primero, que nuestras necesidades son primeras, y que por tanto todo lo demás queda en segundo plano, pero esto no es lo que mantiene, ni lo que nos hará salir adelante, es claro que es el Señor pero para que pueda actuar y que pueda bendecirnos con todo es necesario que se respete el pacto con él, este no expira pues es eterno, a perpetuidad. David pudo entender que no obraba solo sino que estaba regido por un pacto que tenía que respetar.

Decía: el pacto es ordenado; entonces no es como vayan saliendo las cosas, sino que está bien reglamentado para que lo podamos practicar en cada área de nuestra vida y esta incluye los mismos deseos que brotan de nuestra carne, los cuales tenemos que superarlos; este orden servirá para que no se quede como una buena intención nada más. David podía decir que no había gobernado como a él se le había antojado sino que guardó este pacto y todo lo siguió al pie de la letra como decía el reglamento.

Aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo. El hecho de que no se cumplieran todos sus deseos y que no tuviera la victoria final, no quería decir que no seguiría el pacto. Esto es muy diferente a lo que nuestra mente nos puede decir: si las cosas no van bien y no se cumplen tus deseos, puedes incumplir algunas cláusulas y compensar de alguna manera lo que el Señor todavía no ha hecho, pero se nos olvida que ese pacto es no negociable, y que es solo para nuestro beneficio.

El que no florezca, el que no brote, significa que no se ve claro todavía, que no van las cosas por el camino que nosotros deseamos para que se arreglen las cosas, pero el rey David nos dice que en su casa siempre ha salido el sol y que siempre ha habido hierba (que es el inicio de otras cosas), pues después del agua, viene la hierba y entonces comen los animales y entonces hay leche, y queso, y mantequilla, y hasta sorbete, siempre estuvieron seguros.

Así como brotó la vara de Aarón y no la de los demás, esto ocurrió no porque la rama era la buena, la que tenía la mayor posibilidad de reverdecer, sino porque el Señor la hizo brotar, y dar flores y aun frutos. Los deseos los cumple el Señor según su voluntad.