miércoles, 1 de agosto de 2012

La intimidad familiar


Sal 51:6  He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Sal 55:12  Porque no me afrentó un enemigo, Lo cual habría soportado; Ni se alzó contra mí el que me aborrecía, Porque me hubiera ocultado de él; 13  Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, Mi guía, y mi familiar; 14  Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, Y andábamos en amistad en la casa de Dios.
Sal 128:3  Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.

Nadie puede escapar a la realidad de la familia, no importa en el tipo de familia que nos toque vivir o nos haya tocado desarrollarnos, pues como cristianos tenemos familias formadas quizá no por los padres, sino por otros miembros que se incorporan como la propia familia y en la práctica es con quien tendrá intimidad, sea la relación buena o no muy buena.

Mantener la comunión familiar en este tiempo es todo un desafío pues existen distracciones, y barreras que la dificultan y hasta lo pueden echar a perder: El trabajo que nos toca desarrollar, la mujer que tiene empleo o trabaja fuera, pues la mujer tiene mayor intervención en el bienestar familiar y esto hace más complicada su labor, también existen todo tipo de distracciones que nos vuelve distantes y hasta totalmente ajenos a la familia, todo esto y otras cosas más reducen los espacios para la comunión y la intimidad familiar.

Está de más decir la importancia de este espacio y la intimidad familiar para desarrollar muchos de los valores espirituales para todos los miembros, además de lo enriquecedor que es para el crecimiento de casa miembro, pues podemos pensar que el aprendizaje solo tiene una dirección, de padres a hijos, pero en la práctica somos ayudados como padres a mejorar nuestra vida y que al final se vuelve en beneficio de ellos.

El peligro de la traición familiar. Cuando existen daños dentro del círculo de intimidad familiar son los más duros de resistir, de hecho dice David en el Sal_55:13-14 -acerca de un amigo que le traicionó- a quien le hizo entrar en ese círculo de intimidad, y que no respetó. Traición es el quebrantamiento de la lealtad o confianza que otro nos brinda, la familia es por definición el espacio donde la confianza se brinda por el amor que tenemos, pero cuán difícil es entender la que el precio de quebrantar la confianza tiene doble sentido.

Si nos permiten entrar en la intimidad familiar es un valor grande a guardar, pues si no se hace los daños serán grandes. Los hijos, los cónyuges nos debemos fidelidad porque tenemos el potencial de hacer mucho daño al faltar a la confianza, la cual creemos que es obligación para nosotros, pero en realidad se trata de un privilegio que nos dan. Aunque el amor facilita el perdón cuando se traiciona la confianza, no quiere decir que las consecuencias se van a detener en nosotros cuando fallamos, y esto lo debemos entender, porque el perdón es en primer lugar para mi beneficio, si la otra persona está dispuesta a cambiar ese perdón se volverá en un recordatorio poderoso para que el Señor le ayude.

Para David aquella persona no solo era un familiar, sino que además lo valoraba con liderazgo sobre su vida, como guía, es decir de quien podía recibir un consejo; este era el lugar que ocupaba y esto nos habla de que en la intimidad se avanza también en nuestra voluntad como para permitir que nos den un consejo, la traición tenía una desilusión pues cuando se espera más de las personas y traicionan no es solo la persona sino lo que representaba para nuestros planes, para David era impactante.

Perdiendo la libertad y confianza. En el huerto se perdió la confianza, y la libertad de la intimidad que gozaban con el Señor, pues metieron a uno ajeno al círculo de intimidad, la serpiente,  y elevándolo a una posición de consejero que no le correspondía. Aquí está el punto, el cuidarnos de entender a quién podemos escuchar y prestar atención y más aún seguir un consejo.

Después del pecado de Adán y Eva entendemos que se descubre lo que estaba cubierto (heb. tukja: cubierto). Dios nos da áreas cubiertas para los demás, pues el pecado lo descubre, lo desnuda, cuando Eva y Adán pecaron su primera consecuencia fue vergüenza o pena, y se llenaron de inseguridad pero lo más significativo y grave fue el esconderse de Dios, entonces son dos consecuencias graves: desnudez y alejamiento de Dios.

Lo que pasó entre Adán y Eva con el pecado fue nuevo pues ya existía una relación familiar con el Señor, y ahora se le estaba agregando un gran obstáculo que antes no existía en la relación entre ellos, pues en ese momento estaban enfocados en tratar de cubrirse a como diera lugar y  no acercarse a él a causa del pecado. Con alguna similitud se puede tener el mismo deterioro en la familia, pero aquí con el agravante que puede ser en todas las relaciones, es decir de hijo o hija a padre o madre y viceversa, y tener a causa del pecado cerrado la comunión.

El plan de Dios en la intimidad. Existen aspectos que refuerzan la intimidad y la unidad como lo dice David en los salmos:

·          Comunicación dulce de los secretos, nos debemos esforzar que sean dentro de nuestra intimidad familiar y no fuera. Que esa dulzura sea la mayor parte del tiempo, y que exista esa dulzura dentro de nuestra familia. Esto es posible cuando hay amistad, y es difícil saber que los nuestros deben de llegar a ser amigos aunque también hijos y viceversa. Cuando la dulzura la sentimos con los extraños y nunca con los nuestro podemos estar en problema.
·          La sinceridad llevará estabilidad porque nos permitirá avanzar y no estancarnos en las dificultades que se presenten, el Señor ama la verdad en lo íntimo, pues la falsedad en este nivel es el que más daño nos hace. La verdad por dura que sea nos llevará a la estabilidad.

Los beneficios de la buena intimidad. Serán muy grandes y nos llenarán de alegría, así lo describe en el Sal_128:3. Los beneficios son para el que teme o respeta al Señor en cuanto a la lealtad para no traicionar la confianza que nos ha dado de ser parte de él, porque Adán y Eva eran parte de la familia de Dios, así también somos hoy parte de su familia y promete un beneficio que va más allá del concepto de felicidad que podamos tener.

Este salmo habla de una familia donde queda tácita la presencia de la cabeza del hogar al mencionar la bendición que gozan los demás, entendiéndose que también disfruta de la bendición dada a los demás como propias:

·          En primer lugar la mujer muy bendecida dando fruto hasta en el lugar más profundo (a los lados dice el salmo y la palabra heb. yereká: es la parte más profunda o inaccesible). Esto hace referencia a lo más íntimo, esto es lo de más cuido, lo que está más cubierto y donde solo la cabeza tiene acceso completo.
·          En segundo lugar habla de los hijos como plantas de olivo (que alumbren alrededor y que no estén apagados), como en contorno haciendo un círculo o alrededor de la mesa, en el convite. Este es un lugar más accesible pero dentro de lo que cubrimos pues se ama. Si nuestros hijos están apagados y no lo notamos es porque no estamos con ellos ni siquiera en la mesa, o es porque están muy apagados porque no dan aceite, o se apaga la luz por otros vientos o porque necesita despabilarse.

La intimidad familiar es un bien que el Señor quiere que cuidemos y aunque existan fracasos, no se puede abandonar, porque el Señor pudo haber dicho que se fracasó con el hombre en el huerto de Edén, y aunque hubo consecuencias no los sacó del Edén desnudos sino que los cubrió, y esto es para que también nosotros hagamos lo mismo por misericordia que ya hemos recibido antes.

miércoles, 25 de julio de 2012

El Consejo despreciado


Jer 38:14  Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. 15  Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás.
Jer 38:16  Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.
17  Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa.
18  Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.
19  Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan.
20  Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás. 21  Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha mostrado Jehová: 22  He aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y han prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en el cieno tus pies, se volvieron atrás. 23  Sacarán, pues, todas tus mujeres y tus hijos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a fuego.
24  Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás. 25  Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey; 26  les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese volver a casa de Jonatán para que no me muriese allí. 27  Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y le preguntaron; y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto no se había oído.
28  Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalén; y allí estaba cuando Jerusalén fue tomada.

Existen momentos que necesitamos conocer la voluntad de Dios, en urgencia podríamos tomar decisiones con nuestros propios criterios y equivocarnos, pues quizá en esa situación no hay margen de error válido, por lo que debemos saber que a quien acudir. El hombre moderno pareciera que se refuerza la autosuficiencia, al punto de no tolerar escuchar un consejo no digamos seguirlo.

Existen muchas barreras para aceptar el consejo de Dios, aunque leemos en las escrituras que él es consejero admirable. A veces se espera que la instrucción venga directamente de él sin intermediarios, muchas veces nuestra necesidad sobrepasa el consejo de la palabra escrita y necesitamos una palabra directa, así como un traje a la medida confeccionado por un sastre o diseñador, que puede seguir a la perfección mis defectos en el cuerpo, se ajusta a mi necesidad, así es el consejo de Dios a través del ministro, o del profeta.

Conocer la voluntad de Dios a través del consejo tiene una ventaja pues se trata de la aplicación de una verdad a mi vida, y por ende es una canalización de la bendición y de su gracia; esto se recibe como un regalo de Dios en una aplicación práctica que nos permitirá salir de esa necesidad y avanzar en la fe.

El rey Sedequías tenía un dilema, una necesidad, una aflicción pues estaba en riesgo su propia vida, esto era quedarse y hacer frente (según el consejo de sus cercanos), o rendirse a los caldeos, sin embargo tenía que vencer algunas barreras para alcanzar la bendición de Dios, y la manera que podía hacerlo era buscando a Jeremías a quien antes había permitido que sus príncipes le metieran en la cisterna, aunque después también permitió que le sacaran de allí.

Un necesitado especial que hizo traer al consejero. El rey tenía necesidad del consejo, y algunos elementos que se pueden distinguir en lo que hizo se pueden discutir desde el punto de vista del necesitado y del que brinda la ayuda.

La barrera de sentirse superior. Este es una barrera muy difícil de superar puesto que era el rey, y Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel, y pudo haber dicho: qué tengo que aprender o escuchar a un preso, si yo tengo poder, tengo educación, dinero, entonces porque lo voy a buscar, pues no se vería bien si nosotros fuéramos a pedir consejo de un preso a una cárcel, pues se pensaría que algún nexo malo existe. En nuestro medio algún cristiano puede menospreciar al siervo por no tener la preparación que desearía que tuviera, o por no tener recursos, pero Dios no da sus competencias bajo esos requisitos humanos.

La barrera del qué dirán. El rey mandó a traer a Jeremías en la tercera entrada de la casa de Jehová, y esta era la puerta hacia el norte que daba al palacio. Esto habla del fácil acceso o poco esfuerzo para conseguir consejo, algo que hoy día muchos queremos: tener consejo sin ningún esfuerzo, como si Jeremías era el necesitado y no el rey Sedequías, así también hoy se puede querer ayudar a quien está en un grave problema facilitándole las condiciones. El rey no quería ser visto con Jeremías porque la palabra de Jeremías era muy evidente: que se tenían que rendir a los caldeos. El rey sentía compromiso con sus príncipes y esto lo hundiría, así hoy podemos tener muchas influencias para no aceptar el consejo de Dios a través del ministro y sentimos vergüenza que nos vean aceptando el consejo.

El consejo y la respuesta de Dios: un dilema. Existía una inquietud, una pregunta que el rey quería conocer su respuesta y le advierte que no le encubra nada. Esto parece valiente, pero esto tiene algunas cosas detrás que debemos ver con mayor detenimiento:

Quería saber primero las consecuencias. El querer conocer la voluntad de Dios a través de la profecía era para saber si había cambiado la palabra y medir las consecuencias, conocer hasta dónde podía llegar, si continuaba haciendo frente sin rendirse, saber si el riesgo era tolerable. Algunos de nosotros quisiéramos oír lo que nos conviene y que nos dijeran que no habrán consecuencias o que se puede arreglar con el tiempo la situación. Si alguien va por malos caminos y le dicen que nunca le pasará nada, entonces tampoco hará nada por arreglar las cosas. Otros quieren saber las consecuencias pero solo para cuidarse de ella y no cometer ciertos errores y tratar de evadirlas. Pero poco se piensa que la corrección en mi vida cambia mi destino, es decir nada está dado en nuestras vidas, todo puede cambiarse si queremos nosotros.

Dar malas noticias puede traer consecuencias para el consejero. Jeremías sabía la costumbre para el que da malas noticias, cuando no le dicen lo que quiere oír, se enoja con el que da la noticia y corre peligro de que recaiga sobre él ese enojo. La culpa no es del consejero o del mensajero, pero se enojan con él. Si alguien está diciendo las consecuencias muchas veces se cree que es el deseo del consejero, pero no es así, es todo lo contrario, Jeremías se hubiera alegrado si el rey hubiera tomado el consejo, tanto por él como por el pueblo a quien gobernaba.

El dilema es que si se dice lo que va a ocurrir, le traería consecuencias a la vida de Jeremías y el rey quedaría en una condición más difícil, hoy día cuando se carga contra el consejero se termina invalidando su obra, es lo mismo porque mata la iniciativa de otros que de corazón buscan un consejo.
La otra parte del dilema es aceptar el consejo como una alternativa para que en lugar de querer conocer la voluntad de Dios sobre algún asunto nos enfoquemos en la solución, en un plan de acción que debemos seguir para salir de la dificultad.

El consejo no me agrada, qué hago. El profeta Jeremías decía que si no le gustaba el futuro o la voluntad de Dios le podía matar, y si le daba el consejo no haría caso de él, y con esto logró al menos que no le matara. Hoy día la muerte no es física pero a quien no le gusta termina desprestigiando o desautorizando al mensajero de la voluntad de Dios, limitando su obra a favor del pueblo.

El rey entonces le promete que no le pasará nada, y Jeremías le comienza dando el consejo de parte de Dios. Esto debería ser suficiente para nosotros pero siempre queremos saber lo que va a pasar, y el que da el consejo puede pensar que para reforzar, para que sigan el consejo, tengo que hacer mucho énfasis en las consecuencias para que el temor me sirva de palanca. El consejo tiene vida, salva, es una salida a nuestras angustias y solo deberíamos de seguirlo.

Algunos conflictos sin ser graves pueden llegar a serlo, y lo único que necesitamos es orientar nuestra vida con decisiones que no son tan difíciles y que pueden traer grandes beneficios. Recuerdo que un día me había quedado en un fango con un vehículo grande, que a pesar de su 4x4 no era capaz de salir por sí mismo; luego pasó un amigo con un vehículo pequeño y me dijo espérame y te saco, y buscando entre sus cosas sacó una soga que amarró a la parte delantera de mi vehículo y me dijo: dale para adelante. Inmediatamente pensé que no lo había amarrado a su vehículo sino que lo tenía en su mano, pero me insistió y cuando intenté salir, el vehículo patinaba y él con la soga en su mano tiró para un lado halando la punta hacia él. El vehículo comenzó a tocar la parte dura y más seca del camino y logré salir. Así es nuestra vida muchas veces solo se necesita un consejo que es como un lazo con el que el Señor nos tira para que comencemos a salir.

Las consecuencias de no seguir el consejo. El final de este capítulo es triste porque el profeta queda en el patio de la cárcel hasta que sucedió la palabra que le había sido dada al rey, quien pudo haber cambiado su destino (el consejo siempre llega a tiempo), y también para todos los que estaban bajo su cobertura, pero a veces honramos más a quienes que no les debemos nada y no al Señor, por temor al qué dirán, por presión, por no ceder y perder el poder o recursos, u otras causas.

Al final Jeremías pudo ver el cumplimiento de esta palabra con sus propios ojos, no como uno que miraba con alegría por el fracaso del rey, sino con lágrimas por el amor a los suyos, al pueblo. El consejero no gana nada, ni pierde nada, somos los que necesitamos el consejo, porque si el Señor lo da es porque estamos a tiempo, no nos detengamos por nada a recibirlo.

viernes, 20 de julio de 2012

Como el que rebusca


Miqueas 7:1   ¡Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, y no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos.
2  Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano. 3  Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman.
4  El mejor de ellos es como el espino; el más recto, como zarzal; el día de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión.
5  No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca. 6  Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa.
7  Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.
8  Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz. (RV60).

¿Cómo me siento? Decía Miqueas, y quizá nadie podía entender lo que sentía, lo que había en su corazón. El profeta le tocó vivir tiempos difíciles y lo que sus ojos miraban había afectado su corazón. Lo normal es que el hombre nos fijemos en las cosas externas: si tenemos salud, si tenemos trabajo, si estamos bien, pero eso aunque parece importante no es lo que hace la diferencia en la vida de las personas.

¿Cómo te sientes por dentro? Esto no lo respondemos, porque parece una frase hecha que normalmente no va acompañado de un sincero interés. Ay de mí, decía Miqueas, me siento muy mal. Esta es una declaración de pobrecito yo, con lo que estoy viviendo. Habrán cosas que causen tanto desgaste emocional y sicológico que nos haga decir: pobre de mí. Hace una comparación de ese malestar al decir:

Me siento como si estuviera en un campo donde ya han recogido todos los frutos. Nada lo animaba, porque de seguro si estamos en un viñedo vamos a querer comer uvas, pero busco y rebusco y no encuentro nada. La desolación no era física sino en sus ánimos, cuando se ha hecho lo que teníamos que hacer y creemos que habrán frutos y no los hay, solo nos quedamos con los deseos.

No queda nada ni de uvas ni de higos frescos que tanto me gustan, esto es lo que también nos hace pensar que han cambiado las cosas, cuando lo que nos gusta ya no está a nuestro alance. Sentir la sensación que se adelantaron a llevarse lo bueno que había. Una sensación de pérdida, de madrugón, de llegar tarde y nos hace lamentar. Puede haber lamentos al pensar que pudimos hacer algo más o algo diferente, pero el tiempo se pasó y no se puede hacer nada.

Crisis: no se encuentran a fieles y honestos. Las crisis más de moda son la económica y política, sin embargo el que se escaseen los frutos de fieles y honestos se ve como algo sin importancia. Miqueas estaba diciendo que en su tierra, en su país, en Israel, podríamos proyectarlo más: en la iglesia, no quedaban hombres fieles ni personas honestas, esto es desolación, esto es no encontrar nada. Miqueas decía: todos quieren agredir, dañar y aun planean el mal para cometer homicidio, y unos a otros tratan de hacerse trampa, atraparse en redes.

Las preocupaciones de estos era saciar su necesidad de completar maldad o cerrar el ciclo de maldad, esto es tratar de perpetuarlo, volverlo un sistema que funcione a su favor, y por eso dicen que trataban de alcanzarlo con sus métodos: con sus manos el príncipe demanda o pide o exige dinero, el juez juzga pero por recompensa o soborno, los líderes hacían las leyes a su conveniencia para que otros las cumplieran y no ellos para que trabajen a su favor. El poderoso o grande es atendido y se le concede lo que habla. Esta es la realidad en nuestra sociedad que aunque algunos puedan decir que son cristianos de verdad están siendo arrastrados por la corriente de una lluvia tempestuosa de maldad manifestada en diferentes niveles y ámbitos y dependiendo de dónde se esté así son las acciones que hacen.

El profeta dice: Aunque pueda parecer que son buenas personas vienen a ser como espinos, es decir que siempre te dañan, aunque los trates con cuidado. Los más rectos u honestos son como zarzal, y esta planta no se puede enderezar por más que se le busque lado, es decir que aunque tratemos agarrar lo mejor de ellos no tienen lado correcto.

Miqueas miraba el final de la sociedad que era destrucción, y que estos tenían ya su día de castigo, y estos gobernaban con mal ejemplo, y habían fieles a Dios que todavía eran rescatables, y también habían jóvenes que podían llegar a aspirar a ser como ellos, y esto llevaba a Miqueas a establecer algunas recomendaciones para no ser arrastrados por esta corriente de maldad.

Recomendaciones: evitar las malas influencias y cubrir a los de casa. A veces necesitamos recomendaciones para no llegar a la destrucción, aunque podamos creer que no es para nosotros, pero esto es para hoy, es de actualidad. Pero qué pasa cuando ya se ha descendido, cuando ya estamos involucrados, o cuando ya nos hemos comprometido. Esto es más difícil porque están afectados nuestros sentidos espirituales y lo que sucede es que no lo alcanzamos a ver con objetividad.


Los afuera. La principal recomendación es aislarnos o limitarnos de malas influencias, por esto no debemos dejarnos llevar por amigos que andan mal y que sabemos que no quiere nada con Dios porque si nos buscan y no es con intenciones de pedir ayuda para cambiar, nos exponemos, porque traerá influencias y tenemos que evitar que poner límites es esa amistad, puede doler pero es necesario.

No confiar en amigo, es decir uno que está a nuestro nivel, ni en príncipe (que tiene poder), que nos pueda alejar del Señor, aunque parezca que tienen buenas sus intenciones, si se discute nuestra fe estamos en peligro pues al contrario debería ser para transmitírsela a través del ejemplo.

Los de adentro. La batalla más grande es mantener el control adentro para que no seamos arrastrados como aquellos. En el estado que se encontraba Miqueas es fácil abrir la boca y  perder la fe, y principalmente con los cercanos, por ejemplo cuando se habla con su esposa o cónyuge. Nosotros decimos o nos dicen palabras de desaliento y cuenta más o impacta más cuando es con los más cercanos, y si es la esposa lo más seguro es nos afecte a ambos. El lado del cuido de no decir palabras de desaliento es importante, y debería ser sustituido por lo contrario: palabras de aliento, de consuelo, de ánimo, de esperanza.

El enemigo y su sistema quiere llegar al punto de destruir la familia, por eso se está viendo más común que el hijo deshonra al padre. Deshonrar es fallar, y esto fue desde el principio cuando Adán y Eva defraudaron al Señor, al deshonrarlo se quitaron las vestiduras (tenían una conciencia sana), y que el Señor les había dado, de la cual no se daban cuenta que tenían hasta que quedaron desnudos. El Señor antes de darles el castigo a ellos por su desobediencia fueron cubiertos de su desnudez, lo que significa que no es lo mismo la corrección en el Señor, con vestidura, que sin ella. Con vestidura es superable, mientras que sin cobertura está a merced del enemigo. La capacidad para cubrir es hacerlo a pesar de haberles defraudado y deshonrado, el Señor mira la necesidad, pero sigue adelante con su plan, esto es un ejemplo para nosotros que cuando no perdonamos tampoco queremos cubrir.

Dios Padre se entristeció de lo que había pasado porque eran sus hijos y porque los amaba los cubrió, de igual manera tenemos que hacer con los nuestros. Como autoridad en la casa puedes tener enemigos dentro cuando las cosas no están bien, y cuando hay deshonra, existirán tres alternativas:
1.       No querer cubrir por los daños recibidos de la deshonra, que afectará a las partes involucradas, y quien ha deshonrado tendrá excusa de seguir en su camino.
2.      Que la autoridad cubra y la parte que ha deshonrado no acepta la cobertura, lo cual trae dolor y pérdida a todas las partes. Si Adán no hubiera aceptado la cobertura del Señor, salir fuera del Edén hubiera sido mucho más difícil y sin esperanza de restauración.
3.      Cuando se da cobertura y quien deshonró acepta la cobertura. Esto es una bendición porque de alguna manera se acepta la autoridad, existe algún indicio de querer ser restaurado y quien da la cobertura quedará satisfecho.

Para no sentirse desolado tenemos que mirar a Dios y esperar. Miqueas da su respuesta a la desesperanza que puede llegar en los siervos de Dios cuando no hay frutos: el Señor oirá nuestra necesidad; el sentirse asolado, como alguien que rebusca y no haya nada para comer y que dice pobre de mi, tiene una sola solución en esa situación.

El mirar a Dios es la única forma de soportar toda deshonra (que se quitará solo cubriendo y dejándose cubrir), toda dificultad tanto de afuera como de adentro, porque de otra manera ¿cómo podríamos aguantar tal presión? El Señor nos oirá en nuestra necesidad porque es por amor, porque queremos cumplir una de las funciones sacerdotal más importante que existe: la de cubrir.