miércoles, 23 de mayo de 2012

Envíame ayuda Señor


Sal 20:1  Jehová te oiga en el día de conflicto; El nombre del Dios de Jacob te defienda.
Sal 20:2  Te envíe ayuda desde el santuario, Y desde Sion te sostenga.
Sal 20:3  Haga memoria de todas tus ofrendas, Y acepte tu holocausto. Selah
Sal 20:4  Te dé conforme al deseo de tu corazón, Y cumpla todo tu consejo.
Sal 20:5  Nosotros nos alegraremos en tu salvación, Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; Conceda Jehová todas tus peticiones.
Sal 20:6  Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; Lo oirá desde sus santos cielos
Con la potencia salvadora de su diestra.
Sal 20:7  Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Sal 20:8  Ellos flaquean y caen, Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie. Sal 20:9  Salva, Jehová; Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.

Cuando cualquier necesidad supera al hombre en cualquier situación o área de nuestra vida, pedir ayuda es lo mejor que podemos hacer; si pedimos ayuda equivocada al hombre podría ser que si no está de acuerdo a la voluntad de Dios se vuelva con el tiempo contraproducente, porque no llega a la necesidad real, sino que muchas veces solamente a la manifestación externa.

La ayuda de Dios por otro lado es completa y llega no solo a la necesidad más interna, sino también que corrige o ayuda a mejorar otros aspectos que son parte de esa necesidad y que no vemos, es decir que tiene buen efecto a pesar de una alta complejidad que tenga. Resultan no muy claros los problemas que atravesamos aun para nosotros mismos, no digamos el que mira desde fuera. No alcanza nuestra mente pues es subjetiva muchas veces y no mira tampoco lo más antiguo sino que tiende a lo reciente, y no entiende ni distingue las verdaderas necesidades.

El rey David habla del día del conflicto o el día del problema, porque es entonces cuando nos damos cuenta que tenemos una necesidad, o es cuando necesitamos la respuesta de Dios de manera urgente. El día del problema es cuando las cosas están ya encima de nosotros, es cuando viene el desenlace: o somos aplastados o salimos en victoria.

Dios se acordará de lo bueno de ti. El salmista habla de la necesidad que tenemos  como hombres de que se recuerden de nosotros, más de las cosas buenas nos hará sentirnos seguros, nos sentiremos con derecho o al menos cómodos para pedir un favor o solicitar la ayuda. Es como cuando nos piden algo, si automáticamente pensamos en, si lo merece o no, seguramente no lo daremos. Dios no mira lo malo sino lo bueno para tener una razón más para darnos su ayuda.

La ofrenda que se recuerda el Señor es lo que hemos ayudado y participado antes y no estamos hablando de que nos vale esto como una obra para que nos perdonen hoy por equivalencia, sino más bien para que nosotros estemos tranquilos y confiados al pedir ayuda. La palabra heb. minkjá se traduce ofrenda y significa dividir en porciones, Él se acordará que otras veces hemos ayudado a otros y apartado también para su casa. Asimismo el aceptar el holocausto que hemos ofrecido es cuando el Señor se agradó de nosotros pues pide que entreguemos nuestra vida en sacrificio vivo, el holocausto es quemado completamente a excepción de la sangre, pues la vida no nos pertenece para quemarla completamente.

Dios se acuerda de lo bueno de nosotros para darnos ayuda, no se acuerda de lo malo que nos ha perdonado, esta es una gran diferencia con el hombre que tiene que encontrar algo que le permita decir que lo merecemos, porque de lo contrario no lo cede.

Existen varios tipos de ayuda de las que habla el rey David, desde la más elemental, hasta la otras que se van construyendo y nos van transformando conforme con el tiempo. Veamos una descripción y estas ayudas y cómo aplican:

1.       Una ayuda que te sostenga. En el verso 2 habla de este tipo de ayuda más importante: la que no deja que nos derrumbemos, porque cuando se permite, cuando no tenemos el apoyo, la ayuda de Dios el derrumbamiento es eminente y las consecuencias mayores a lo que esperamos. Si alguien se derrumba las consecuencias pueden ser totales o parciales, es decir bajando la guardia puede desatarse algo desde nuestro cuerpo cuando se deja de pelear y las defensas bajas permiten que seamos presas de enfermedades. Cuánto más en lo espiritual que puede comenzar a abrirse puertas por el desánimo, la desesperanza, la queja y palabras que van más allá de lo que a veces queremos decir, hablamos más de la cuenta.

Cuando alguno está por derrumbarse debemos de tener compasión porque no sabemos las consecuencias, los hijos para con los padres debemos estar pendientes y apoyar y no ser estorbo o causa de aceleración del mal. Pedir una ayuda para que sostenga a otro es clave porque de seguro el problema o conflicto pasará.

2. Te ayude conforme a tus peticiones. El Señor puede conceder todas nuestras peticiones, y este ya es un punto que va más allá de lo necesario, más allá del sustento, pues se da porque al Señor se agrada de alguien, se concede por la buena relación, por  la comunión, por el amor. Por esto es necesario que tengamos la capacidad de levantar bandera, lo cual significa que estamos orgullosos, estamos contentos de pertenecer, me siento a gusto con el Señor, es representar a alguien grande de quien me siento honrado por ser el Dios altísimo.
Las peticiones son el resultado de tener el valor de solicitar, de pedir, es algo que sale de adentro, pues la mayor parte de las veces lo hemos pensado antes de expresárselo al Señor. Cuando esas peticiones son conforme al corazón de Dios estamos seguros que nos concederá y la ayuda tendrá un impacto grande pues dio un fruto que resultó de una intervención nuestra, es decir que fuimos no solo respondidos sino avalados por el Señor.
3.   Te ayude conforme a tus deseos. David decía que te dé el Señor la ayuda conforme al deseo del corazón, y si lo dice David que era conforme al corazón de Dios, se podría decir que era ese deseo era correcto y agradable al Señor. Ayúdanos Señor a tener un buen deseo en nuestro corazón, cambia los que son incorrectos.

Los deseos del corazón parecieran que no tienen mayor relevancia porque tiende a sentirse que no son tan importantes, pero lo cierto es que son necesarios pues antes de que no hubiera día de conflicto quizá no nos dábamos cuenta de lo importante que era que fueran escuchados. El Señor cuando nos ayuda y va más allá de nuestras peticiones verbales de seguro está arreglando aspectos más íntimos de nuestra vida. Que el Señor te ayude conforme a tus deseos.

4.   Te ayude conforme a y tus planes. Por otro lado pide David que llene todos nuestros propósitos (v.4 que cumpla todo tu consejo), es decir que se puedan cumplir todos los planes, y es aquí donde nuestros planes deben ser de acuerdo a los del Señor, es decir que se cumplan los que él ha trazado. Muchos propósitos de Dios se van a cumplir y otros solo si nosotros deseamos que se cumplan. Señor que tus propósitos en nosotros no se detengan, ayúdanos. Los propósitos de Dios se cumplen con muchas pequeñas ayudas y otras grandes que van llenando el espacio hasta que va alcanzando un nivel suficiente que nos permite ver hacia dónde quiere llevar nuestra vida.

La confianza es en ti y no en carros y caballos. Habrá personas que en el problema, en el conflicto buscan sus carros o sus caballos para salir a pelear (creyéndose autosuficientes para enfrentar), pero nosotros nos acordaremos del Eterno Dios a quien adoraremos, esa memoria nos guardará, es lo que permite invocar a Dios.

La victoria viene entonces de poder adorar en el conflicto, en el problema, en la necesidad, donde otros quizá se enojan, buscan sus recursos de guerra, pero nosotros tendremos victoria porque nos rescatará al pedir su ayuda. Podremos levantarnos si caemos y estar de pie en el problema y el conflicto.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Tened buen ánimo


Hch 27:9  Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, 10  diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas. 11  Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. 12  Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí.
Hch 27:13  Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. 14  Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. 15  Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. 16  Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. 17  Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. 18  Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, 19  y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. 20  Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.
Hch 27:21  Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. 22  Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23  Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, 24  diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.
Hch 27:25  Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

En la vida no siempre estamos en el lugar donde queremos, pasan muchas cosas que no podemos controlar y que nos pueden enviar en manos de otras personas donde no queremos. Cuando no se tiene control de las situaciones quisiéramos renunciar pero existen cosas a las que no podemos, e independientemente de por donde se vaya, tenemos que seguir y hacer actuar.

El apóstol Pablo iba para Roma como preso, y en estas condiciones no podía hacer nada, pues no hacía las decisiones; así muchos podemos estar en situaciones que no las hemos buscado, Pablo era inocente. Algunos hijos, algunos cónyuges o cualquier persona pueden estar sufriendo por las decisiones de otros y es difícil no reclamar por esa situación. Quien entra en ese juego de reclamos puede terminar mal, pues en lugar de buscar salir se puede llegar a hundir en la búsqueda y acusación del culpable.

Cuando creemos que tenemos las condiciones correctas. Cuando partieron de Buenos Puertos en Creta tomaron la decisión por consejo del piloto y del dueño de la nave y partieron, contrario a lo que el apóstol les aconsejaba (v.11). Así muchos tomamos decisiones de los expertos y no de lo que el Señor nos pueda estar hablando a través de sus siervos.

Cuando vemos la incomodidad, como dice el v. 12 (Hch_27:12), nos facilita ponernos de acuerdo de manera rápida, y miramos la incomodidad como gran inconveniente para no tomar decisiones seguras. En la vida cuántas decisiones las tomamos por nuestra comodidad y no por nuestra seguridad. Nos ponemos rápido de acuerdo cuando no hay condiciones. Se mira en el v. 13, que una brisa agradable del sur nos hace parecer que todo está bien aunque tengamos la tormenta puesta al oriente, la cual no queremos ver. Familias prefieren la comodidad a la seguridad, hablando de esta en cuanto a los riesgos de pérdidas no tanto materiales, sino personales en la vida física como espiritual. Fácilmente se desintegran las familias algunas veces por buscar solo ingresos, con solo sentir una leve brisa agradable, no importando de dónde venga.

Nos dejamos llevar cuando no podemos. Pablo tuvo que salir en ese barco y aquí se puede ver lo que hace cualquier persona cuando la tormenta se pone y hay viento huracanado repentino, no dándonos tiempo de orientarnos para enfrentar la situación. Es entonces que nos dejamos llevar por la corriente, o mejor dicho por el viento huracanado. No podemos evaluar o estar enterado en el momento que se debe poner la proa contra el viento, y si no nos alineamos bien somos podemos estar en peligro. Existen tres fuerzas en el barco que la pueden mover: el viento (cuando las velas están levantadas), la corriente del mar cuando se arriaron las velas, y la fuerza mecánica.

Cuando estaban siendo arrastrados era peor querer enderezar la embarcación porque se corría peligro de ser volcados, por eso muchos cedemos cuando no podemos hacer nada, y no es que esto sea lo correcto sino que se nos pasó el tiempo para ordenar y alinear la proa o la frente al problema. Por esto es necesaria la prevención para quien no está todavía en la tormenta y está pendiente de ella, porque entonces podrá enderezarse, alinearse y ponerse bien en contra.

El temor de quedar embancado en arena. Una vez se está siendo arrastrado por el viento huracanado nos damos cuenta que la estrategia tiene que ser diferente, es decir cuando somos llevados por la corriente, en primer lugar aunque no estemos donde queremos (ya hay peligros), no quiere decir que no me importa lo que me pase.

La estrategia que siguieron fue tratar de evadir los obstáculos que alcanzaran a ver y utilizar las técnicas que me permitan hacerlo, todo lo que podamos hacer todo lo que esté a nuestra disposición. El esquife o bote salvavidas era arrastrado por el barco y por la tempestad se podía estrellar con ellos o perder, así que mientras pasaban a sotavento por la isla Clauda (la isla les servía de protección del viento), aprovecharon de subir el bote y lo sujetaron bien. No podemos dejar perder el salvavidas mientras se puede.

El peligro de la Sirte era porque se trataba de un banco de arena donde podían encallar, golpear y ser hundidos y destruidos, por esto tuvieron que evitar que la corriente de viento o huracán los llevara allí, y para esto quitaron las velas y se dejaron llevar por la corriente de agua quedando a la deriva. Sucede algunas veces que se tiene que optar por algo peligroso (como quedar sin control de la nave), pero que no nos dará tiempo en este momento. Humanamente era una buena decisión.

La hora de las pérdidas: tirando la carga de más el equipo. Después de evitar los obstáculos con las técnicas a su alcance se comienza a entrar en una etapa en la que no queremos, y es la etapa de las pérdidas. Mientras no hay pérdidas parece que mantenemos algunas fuerzas para  enfrentar la lucha.

Empezaron a alijar, esto es tirar carga, por supuesto va por prioridades, primero lo menos importante, lo que no es tan necesario, aquí comienza el conflicto, pues los que llevaban cosas de valor para ellos podían oponerse, y para el caso Pablo como preso no llevaba nada. Nadie quiere perder nada y todos consideramos que lo nuestro es prioridad. Luego comenzaron a tirar el equipo de la nave, es decir aquellas cosas que eran importantes, que eran útiles pero no para perder la vida por ellas, porque algunas personas pierden su vida por no dejar cargas. Aquí se dice que con sus propias manos tiraron las cosas, es decir a voluntad, sin oposición, pues cuando se ha perdido lo personal ya los equipos y aperos, aunque valiosos se tenía mayor claridad del peligro en el que estaban pues demasiado peso los haría hundirse rápidamente.

La tormenta incesante hace perder la esperanza de salvarse. Esta es la realidad cuando una tormenta se hace larga, cuando no se ve el sol, cuando tampoco la noche es normal pues si no hay estrellas es porque está oscuro completamente y no permite orientarnos como lo hacían los navegantes. Cuando el cristiano atraviesa una tempestad larga en la vida y no se acomoda (porque no es fácil), o no se prepara, o no hace lo que debe de hacer en ella, o aun todavía haciendo las cosas correctas, pero si no pasa la tormenta, se pierde la esperanza de salvarse.

El tiempo, el cansancio, la emoción o desgaste emocional, la poca alimentación o no tener buena alimentación, en pérdida de paz, entonces se puede entrar en la pérdida de esperanza, es decir se comienza a tener palabras de desaliento, de un destino malo, de un mal fin. Pablo mientras tanto consultaba al Señor y pedía por todos y por la tripulación.

Pablo les aconseja que tengan buen ánimo. Pablo se puso de pie en medio de ellos para comenzar diciéndoles que si le hubieran hecho caso no estarían pasando eso. Lo dice no como un reproche sino más bien para que creyeran a sus palabras. Ahora les exhorto, les aconsejo tener buen ánimo; cuando ya no hay esperanza de salir con vida, esta noticia era buena, porque él estaba en la misma nave, no era alguien de fuera que le daba ánimo. No habrá pérdida de vidas, esto sigue vigente hoy día, no nos perderemos en esta aventura, perderemos algunas cosas pero no las echaremos de menos, no nos harán falta, serán restauradas. La salida está cerca.

La seguridad viene cuando hablamos con el Señor y aleja el temor, Pablo tenía que tener primero el ánimo para animar a otros, de lo contrario no podía hacer nada. Este ánimo vino por estar en comunión con Dios, y fue así que el Señor le habló, porque el suplicaba al Señor por su vida y por la tripulación. El Señor prometió y el creyó que así sería, hoy tenía que convencerlos aunque no fueran creyentes, porque cuando hay promesa, estamos seguros y no importa que los demás no crean, esto no es por mayoría y aquí la democracia no funcionó (todos estuvieron de acuerdo en zarpar), pues es de hombres y no la voluntad de Dios.

Tened buen ánimo, pues yo confío en Dios y ustedes también lo pueden hacer, aunque perdamos la nave, figura de lo que creemos que nos va a llevar donde queremos, sin embargo el hecho de que falle no quiere decir que el Señor no nos puede dar otra forma para llegar a nuestro destino.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La impotencia que consume


Texto: Sal_69:7-14; Jua_2:16-17
Sal 69:7  Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro.
Sal 69:8  Extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre.
Sal 69:9  Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.
Sal 69:10  Lloré afligiendo con ayuno mi alma, Y esto me ha sido por afrenta. Sal 69:11  Puse además cilicio por mi vestido, Y vine a serles por proverbio.
Sal 69:12  Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, Y me zaherían en sus canciones los bebedores.
Sal 69:13  Pero yo a ti oraba, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad; Oh Dios, por la abundancia de tu misericordia, Por la verdad de tu salvación, escúchame.
Sal 69:14  Sácame del lodo, y no sea yo sumergido; Sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas.

Cuando se tiene un encuentro con Dios a través de su hijo Jesucristo y se tiene una conversión verdadera, trae cambios a nuestras vidas que son innegables y nos transforman trayendo beneficios que van más allá de nuestro entendimiento. Esta realidad nos hace darnos cuenta que lo que hemos recibido en grande, sobrenatural, eterno y nos percatamos que estos beneficios deben estar en nuestros cercanos, familia, amigos, y aun los quienes no lo son se acerquen al Señor y experimenten la transformación que hemos recibido nosotros, porque les amamos. Nos preguntamos ¿por qué no puede también otra persona si yo lo recibí?

Existe presión cuando los que se acercan no reciben beneficios de Dios y pareciera que están estancados, esto lo sentimos porque amamos. Los cercanos que llamamos quizá se acercan a su manera a Dios, y no obtienen ningún beneficio, sus vidas siguen igual, no hay frutos ni cambios que quisiéramos ver que obtuvieran, se hunden. Cuando los que se acercan lo hacen a su manera, sin hacerlo de corazón, no alcanzan a comprender la forma de vida que Dios quiere que tengamos, una vida en santidad, de respeto a Dios, haciendo todo el esfuerzo para agradarle, pidiendo perdón por las faltas y buscando acercarnos a él. Como el hijo prodigo que viviendo en la casa del Padre, no había entendido el amar de su padre.

Confusión del justo. Cuando aquel que ha nacido de nuevo, es decir aquel que es espiritual y no carnal, mira que otras personas no cambian, aunque Dios ha sido bueno y ha hecho milagros o les ha dado señales que deberían ser suficientes, trae confusión. La preocupación por otros no siempre es tenida en estima, sino por el contrario puede traer afrentas, porque cuantos padres han sido despreciados por sus propios hijos por preocuparse, y hasta ofendidos por entrometidos, los límites son difusos, David dice que ha estado dispuesto a sufrir por amor al Señor la deshonra de los que ama.

Los cristianos se vuelven infructuosos para Dios por la confusión que llega a sus vidas porque no se entiende por qué las personas que amamos no cambian o no se ven los frutos que esperamos, y la confusión se acrecienta porque pareciera que la palabra no funciona para ellos, cuando nosotros sabemos que el Señor no falla.

Hermanos que se dejan influenciar por la mediocridad de otros, y quieren vivir de manera liviana, pero más temprano que tarde son llevados a dificultades en sus vidas, que esperaban que automáticamente por asistir a una iglesia de vez en cuando sería una vacuna infalible a los problemas, necesidades y conflictos que casi siempre son materiales y hasta carnales.

El que ama al Señor es el que recibe deshonra o reproche porque hasta le dicen que es un entrometido, cuando lo único que se ha querido hacer es ayudar porque alcanza a ver la desgracia o el peligro en el que ama, quien no acepta ninguna ayuda, porque ahí sí pide el respeto a sus derechos y a la no intromisión, esto puede causar mucho desgaste y la confusión con el Señor, porque le preguntamos por qué no se acepta la ayuda, y por qué no hay frutos en sus vidas.

Me desconocen los conocidos. De todo esto nos damos cuenta que existe un desconocimiento de aquellos a los que deberíamos de estar influenciando, y a otros que se encuentran lejanos a ellos sí estamos ayudando. Esto se refiere a la cercanía en cuanto a confianza, pues los que nos conocen bien pareciera que no alcanzan a ver la realidad y no se dan cuenta que le amamos, sin embargo los que apenas nos conocen muchas veces pueden confiar.

Pero, ¿en qué áreas viene el desconocimiento? Si vemos que este salmo lo escribe David, entonces podríamos decir que lo vieron como extraño sus propios hermanos y cercanos, quienes a pesar de conocerlo por años y pertenecer a la misma familia no le conocían de verdad. No confiaban en él como si no le hubieran visto todos los días frente a ellos ayudando a su padre, siendo responsable y enfrentando los riesgos y peligros de un pastor de ovejas.

Esto suele desconcertar a cualquier ministro que conociendo su vida, muchos prefieren confiar en el extraño, en el lejano y no en él, que conocen su vida, su familia, los detalles de lo cotidiano y aun lo mejor, la respuesta a sus problemas y necesidades. Algunos cuentan al extraño que no les puede ayudar, hasta las intimidades que no debe revelar, y quien les ama y puede bendecirles de parte de Dios se comportan desconociéndonos.

Que el Señor nos dé la confianza que un día podrán quizá reconocer las bondades de vivir cerca, así como el hijo pródigo se dio cuenta que en la casa de su padre el jornalero vivía mejor que como él estaba, entonces toma la decisión de volver. En esto podemos notar que el padre no le fue a buscar, sino que era él quien tenía que tomar la decisión de volver, porque aunque estemos dispuestos a dar todo por amor, la otra parte tiene que aceptar ese amor. Desgraciadamente los que están en pecado están tranquilos culpando a aquel que les ama y quiere ayudar, porque no alcanzan a ver su destrucción, por eso culpan a quien les ama de su mal proceder y destino aunque no tengan nada de razón, atreviéndose hasta a chantajear (material y emocionalmente), quizás al único que se preocupa por ellos.

La impotencia por el celo. Cuando David veía los problemas en aquellos que amaba, se daba cuenta que era impotente, porque la solución no dependía de su intervención o de su oración, sino de lo que cada uno tomaba como decisión. El Señor sacó a los cambistas y comerciantes del templo, sabiendo que de seguro volvería a hacer lo mismo, sin embargo dejó manifiesto su posición y esto no era en vano para sus discípulos que como dice Juan el apóstol: el celo de tu casa me consume; esto significa que aun en la impotencia se puede actuar con la guianza del Señor.

Las personas que David amaba quizá no estaban acompañándolo espiritualmente, sino que podían estar cercanas por otras razones. El padre del hijo pródigo fue impotente cuando su hijo decidió salir de casa, pero no podía actuar porque lo echaría a perder. Hasta en los momentos de impotencia tenemos que tener fe de que el Señor les ayudará a reconocer aun si tengan que tocar fondo como el hijo pródigo.

La impotencia, el no poder hacer nada, aunque se pida al Señor que tenga misericordia, aparentemente nos hace a la mayoría quedarnos solo de observadores pero disponiéndonos a recibirles, y a perdonarles. Esta espera es lo que consume, desgasta, es lo que nos puede devorar, esta forma es la más común, nuestra posición después de ser desconocidos por las personas, sin embargo David hizo otras cosas a pesar de que hablaban de él. El padre del hijo pródigo estaba allí esperándolo, no estaba en cama enfermo por el desgaste, consumido emocionalmente, sino de pie esperando para seguir amando, y volver a comenzar, a ayudar, cubrir, y devolverle su lugar, pues el que regresa es por algo.


David oraba, ayunaba porque como hombre podía hundirse en el lodo de la impotencia, porque muchos son consumidos por las enfermedades derivadas. Sobreponerse a esto era la misión, porque nos podemos involucrar más de lo que debemos y llegar a sucumbir. La oración, el ayuno, la súplica son necesarias para que nos permita el Señor actuar como se debe. Muchos cristianos se están consumiendo y aunque puedan creer que es lo correcto porque el amor es muestra que lo hacen por el celo de la casa del Señor, esto no necesariamente es así, porque en nuestro caso debemos estar libres, que no nos acabe, ni que nos meta en luto eterno porque estaríamos dejando que consuma nuestra vida completa sin movernos a la acción de Dios. Debemos liberarnos y no quedar atrapados en el lodo de la incomprensión y creer que por el amor hacemos lo correcto y nos estemos hundiendo.

No se debe dejar la oración primero por nosotros para tener siempre la libertad de Dios y así alcanza a ayudar aunque sea en el último momento para esta gente necesitada. El hijo prodigo no llego con condición de hijo sino de siervo a la casa de su padre, restauración hay para el que quiere, por eso no podemos estar hundidos, porque entonces no podremos ayudar a restaurarles. El padre del hijo prodigo debía estar fuerte libre para perdonar y amarlo en el tiempo oportuno de Dios.