miércoles, 16 de mayo de 2012

Tened buen ánimo


Hch 27:9  Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, 10  diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas. 11  Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. 12  Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí.
Hch 27:13  Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. 14  Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. 15  Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. 16  Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. 17  Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. 18  Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, 19  y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. 20  Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.
Hch 27:21  Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. 22  Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23  Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, 24  diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.
Hch 27:25  Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

En la vida no siempre estamos en el lugar donde queremos, pasan muchas cosas que no podemos controlar y que nos pueden enviar en manos de otras personas donde no queremos. Cuando no se tiene control de las situaciones quisiéramos renunciar pero existen cosas a las que no podemos, e independientemente de por donde se vaya, tenemos que seguir y hacer actuar.

El apóstol Pablo iba para Roma como preso, y en estas condiciones no podía hacer nada, pues no hacía las decisiones; así muchos podemos estar en situaciones que no las hemos buscado, Pablo era inocente. Algunos hijos, algunos cónyuges o cualquier persona pueden estar sufriendo por las decisiones de otros y es difícil no reclamar por esa situación. Quien entra en ese juego de reclamos puede terminar mal, pues en lugar de buscar salir se puede llegar a hundir en la búsqueda y acusación del culpable.

Cuando creemos que tenemos las condiciones correctas. Cuando partieron de Buenos Puertos en Creta tomaron la decisión por consejo del piloto y del dueño de la nave y partieron, contrario a lo que el apóstol les aconsejaba (v.11). Así muchos tomamos decisiones de los expertos y no de lo que el Señor nos pueda estar hablando a través de sus siervos.

Cuando vemos la incomodidad, como dice el v. 12 (Hch_27:12), nos facilita ponernos de acuerdo de manera rápida, y miramos la incomodidad como gran inconveniente para no tomar decisiones seguras. En la vida cuántas decisiones las tomamos por nuestra comodidad y no por nuestra seguridad. Nos ponemos rápido de acuerdo cuando no hay condiciones. Se mira en el v. 13, que una brisa agradable del sur nos hace parecer que todo está bien aunque tengamos la tormenta puesta al oriente, la cual no queremos ver. Familias prefieren la comodidad a la seguridad, hablando de esta en cuanto a los riesgos de pérdidas no tanto materiales, sino personales en la vida física como espiritual. Fácilmente se desintegran las familias algunas veces por buscar solo ingresos, con solo sentir una leve brisa agradable, no importando de dónde venga.

Nos dejamos llevar cuando no podemos. Pablo tuvo que salir en ese barco y aquí se puede ver lo que hace cualquier persona cuando la tormenta se pone y hay viento huracanado repentino, no dándonos tiempo de orientarnos para enfrentar la situación. Es entonces que nos dejamos llevar por la corriente, o mejor dicho por el viento huracanado. No podemos evaluar o estar enterado en el momento que se debe poner la proa contra el viento, y si no nos alineamos bien somos podemos estar en peligro. Existen tres fuerzas en el barco que la pueden mover: el viento (cuando las velas están levantadas), la corriente del mar cuando se arriaron las velas, y la fuerza mecánica.

Cuando estaban siendo arrastrados era peor querer enderezar la embarcación porque se corría peligro de ser volcados, por eso muchos cedemos cuando no podemos hacer nada, y no es que esto sea lo correcto sino que se nos pasó el tiempo para ordenar y alinear la proa o la frente al problema. Por esto es necesaria la prevención para quien no está todavía en la tormenta y está pendiente de ella, porque entonces podrá enderezarse, alinearse y ponerse bien en contra.

El temor de quedar embancado en arena. Una vez se está siendo arrastrado por el viento huracanado nos damos cuenta que la estrategia tiene que ser diferente, es decir cuando somos llevados por la corriente, en primer lugar aunque no estemos donde queremos (ya hay peligros), no quiere decir que no me importa lo que me pase.

La estrategia que siguieron fue tratar de evadir los obstáculos que alcanzaran a ver y utilizar las técnicas que me permitan hacerlo, todo lo que podamos hacer todo lo que esté a nuestra disposición. El esquife o bote salvavidas era arrastrado por el barco y por la tempestad se podía estrellar con ellos o perder, así que mientras pasaban a sotavento por la isla Clauda (la isla les servía de protección del viento), aprovecharon de subir el bote y lo sujetaron bien. No podemos dejar perder el salvavidas mientras se puede.

El peligro de la Sirte era porque se trataba de un banco de arena donde podían encallar, golpear y ser hundidos y destruidos, por esto tuvieron que evitar que la corriente de viento o huracán los llevara allí, y para esto quitaron las velas y se dejaron llevar por la corriente de agua quedando a la deriva. Sucede algunas veces que se tiene que optar por algo peligroso (como quedar sin control de la nave), pero que no nos dará tiempo en este momento. Humanamente era una buena decisión.

La hora de las pérdidas: tirando la carga de más el equipo. Después de evitar los obstáculos con las técnicas a su alcance se comienza a entrar en una etapa en la que no queremos, y es la etapa de las pérdidas. Mientras no hay pérdidas parece que mantenemos algunas fuerzas para  enfrentar la lucha.

Empezaron a alijar, esto es tirar carga, por supuesto va por prioridades, primero lo menos importante, lo que no es tan necesario, aquí comienza el conflicto, pues los que llevaban cosas de valor para ellos podían oponerse, y para el caso Pablo como preso no llevaba nada. Nadie quiere perder nada y todos consideramos que lo nuestro es prioridad. Luego comenzaron a tirar el equipo de la nave, es decir aquellas cosas que eran importantes, que eran útiles pero no para perder la vida por ellas, porque algunas personas pierden su vida por no dejar cargas. Aquí se dice que con sus propias manos tiraron las cosas, es decir a voluntad, sin oposición, pues cuando se ha perdido lo personal ya los equipos y aperos, aunque valiosos se tenía mayor claridad del peligro en el que estaban pues demasiado peso los haría hundirse rápidamente.

La tormenta incesante hace perder la esperanza de salvarse. Esta es la realidad cuando una tormenta se hace larga, cuando no se ve el sol, cuando tampoco la noche es normal pues si no hay estrellas es porque está oscuro completamente y no permite orientarnos como lo hacían los navegantes. Cuando el cristiano atraviesa una tempestad larga en la vida y no se acomoda (porque no es fácil), o no se prepara, o no hace lo que debe de hacer en ella, o aun todavía haciendo las cosas correctas, pero si no pasa la tormenta, se pierde la esperanza de salvarse.

El tiempo, el cansancio, la emoción o desgaste emocional, la poca alimentación o no tener buena alimentación, en pérdida de paz, entonces se puede entrar en la pérdida de esperanza, es decir se comienza a tener palabras de desaliento, de un destino malo, de un mal fin. Pablo mientras tanto consultaba al Señor y pedía por todos y por la tripulación.

Pablo les aconseja que tengan buen ánimo. Pablo se puso de pie en medio de ellos para comenzar diciéndoles que si le hubieran hecho caso no estarían pasando eso. Lo dice no como un reproche sino más bien para que creyeran a sus palabras. Ahora les exhorto, les aconsejo tener buen ánimo; cuando ya no hay esperanza de salir con vida, esta noticia era buena, porque él estaba en la misma nave, no era alguien de fuera que le daba ánimo. No habrá pérdida de vidas, esto sigue vigente hoy día, no nos perderemos en esta aventura, perderemos algunas cosas pero no las echaremos de menos, no nos harán falta, serán restauradas. La salida está cerca.

La seguridad viene cuando hablamos con el Señor y aleja el temor, Pablo tenía que tener primero el ánimo para animar a otros, de lo contrario no podía hacer nada. Este ánimo vino por estar en comunión con Dios, y fue así que el Señor le habló, porque el suplicaba al Señor por su vida y por la tripulación. El Señor prometió y el creyó que así sería, hoy tenía que convencerlos aunque no fueran creyentes, porque cuando hay promesa, estamos seguros y no importa que los demás no crean, esto no es por mayoría y aquí la democracia no funcionó (todos estuvieron de acuerdo en zarpar), pues es de hombres y no la voluntad de Dios.

Tened buen ánimo, pues yo confío en Dios y ustedes también lo pueden hacer, aunque perdamos la nave, figura de lo que creemos que nos va a llevar donde queremos, sin embargo el hecho de que falle no quiere decir que el Señor no nos puede dar otra forma para llegar a nuestro destino.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La impotencia que consume


Texto: Sal_69:7-14; Jua_2:16-17
Sal 69:7  Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro.
Sal 69:8  Extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre.
Sal 69:9  Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.
Sal 69:10  Lloré afligiendo con ayuno mi alma, Y esto me ha sido por afrenta. Sal 69:11  Puse además cilicio por mi vestido, Y vine a serles por proverbio.
Sal 69:12  Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, Y me zaherían en sus canciones los bebedores.
Sal 69:13  Pero yo a ti oraba, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad; Oh Dios, por la abundancia de tu misericordia, Por la verdad de tu salvación, escúchame.
Sal 69:14  Sácame del lodo, y no sea yo sumergido; Sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas.

Cuando se tiene un encuentro con Dios a través de su hijo Jesucristo y se tiene una conversión verdadera, trae cambios a nuestras vidas que son innegables y nos transforman trayendo beneficios que van más allá de nuestro entendimiento. Esta realidad nos hace darnos cuenta que lo que hemos recibido en grande, sobrenatural, eterno y nos percatamos que estos beneficios deben estar en nuestros cercanos, familia, amigos, y aun los quienes no lo son se acerquen al Señor y experimenten la transformación que hemos recibido nosotros, porque les amamos. Nos preguntamos ¿por qué no puede también otra persona si yo lo recibí?

Existe presión cuando los que se acercan no reciben beneficios de Dios y pareciera que están estancados, esto lo sentimos porque amamos. Los cercanos que llamamos quizá se acercan a su manera a Dios, y no obtienen ningún beneficio, sus vidas siguen igual, no hay frutos ni cambios que quisiéramos ver que obtuvieran, se hunden. Cuando los que se acercan lo hacen a su manera, sin hacerlo de corazón, no alcanzan a comprender la forma de vida que Dios quiere que tengamos, una vida en santidad, de respeto a Dios, haciendo todo el esfuerzo para agradarle, pidiendo perdón por las faltas y buscando acercarnos a él. Como el hijo prodigo que viviendo en la casa del Padre, no había entendido el amar de su padre.

Confusión del justo. Cuando aquel que ha nacido de nuevo, es decir aquel que es espiritual y no carnal, mira que otras personas no cambian, aunque Dios ha sido bueno y ha hecho milagros o les ha dado señales que deberían ser suficientes, trae confusión. La preocupación por otros no siempre es tenida en estima, sino por el contrario puede traer afrentas, porque cuantos padres han sido despreciados por sus propios hijos por preocuparse, y hasta ofendidos por entrometidos, los límites son difusos, David dice que ha estado dispuesto a sufrir por amor al Señor la deshonra de los que ama.

Los cristianos se vuelven infructuosos para Dios por la confusión que llega a sus vidas porque no se entiende por qué las personas que amamos no cambian o no se ven los frutos que esperamos, y la confusión se acrecienta porque pareciera que la palabra no funciona para ellos, cuando nosotros sabemos que el Señor no falla.

Hermanos que se dejan influenciar por la mediocridad de otros, y quieren vivir de manera liviana, pero más temprano que tarde son llevados a dificultades en sus vidas, que esperaban que automáticamente por asistir a una iglesia de vez en cuando sería una vacuna infalible a los problemas, necesidades y conflictos que casi siempre son materiales y hasta carnales.

El que ama al Señor es el que recibe deshonra o reproche porque hasta le dicen que es un entrometido, cuando lo único que se ha querido hacer es ayudar porque alcanza a ver la desgracia o el peligro en el que ama, quien no acepta ninguna ayuda, porque ahí sí pide el respeto a sus derechos y a la no intromisión, esto puede causar mucho desgaste y la confusión con el Señor, porque le preguntamos por qué no se acepta la ayuda, y por qué no hay frutos en sus vidas.

Me desconocen los conocidos. De todo esto nos damos cuenta que existe un desconocimiento de aquellos a los que deberíamos de estar influenciando, y a otros que se encuentran lejanos a ellos sí estamos ayudando. Esto se refiere a la cercanía en cuanto a confianza, pues los que nos conocen bien pareciera que no alcanzan a ver la realidad y no se dan cuenta que le amamos, sin embargo los que apenas nos conocen muchas veces pueden confiar.

Pero, ¿en qué áreas viene el desconocimiento? Si vemos que este salmo lo escribe David, entonces podríamos decir que lo vieron como extraño sus propios hermanos y cercanos, quienes a pesar de conocerlo por años y pertenecer a la misma familia no le conocían de verdad. No confiaban en él como si no le hubieran visto todos los días frente a ellos ayudando a su padre, siendo responsable y enfrentando los riesgos y peligros de un pastor de ovejas.

Esto suele desconcertar a cualquier ministro que conociendo su vida, muchos prefieren confiar en el extraño, en el lejano y no en él, que conocen su vida, su familia, los detalles de lo cotidiano y aun lo mejor, la respuesta a sus problemas y necesidades. Algunos cuentan al extraño que no les puede ayudar, hasta las intimidades que no debe revelar, y quien les ama y puede bendecirles de parte de Dios se comportan desconociéndonos.

Que el Señor nos dé la confianza que un día podrán quizá reconocer las bondades de vivir cerca, así como el hijo pródigo se dio cuenta que en la casa de su padre el jornalero vivía mejor que como él estaba, entonces toma la decisión de volver. En esto podemos notar que el padre no le fue a buscar, sino que era él quien tenía que tomar la decisión de volver, porque aunque estemos dispuestos a dar todo por amor, la otra parte tiene que aceptar ese amor. Desgraciadamente los que están en pecado están tranquilos culpando a aquel que les ama y quiere ayudar, porque no alcanzan a ver su destrucción, por eso culpan a quien les ama de su mal proceder y destino aunque no tengan nada de razón, atreviéndose hasta a chantajear (material y emocionalmente), quizás al único que se preocupa por ellos.

La impotencia por el celo. Cuando David veía los problemas en aquellos que amaba, se daba cuenta que era impotente, porque la solución no dependía de su intervención o de su oración, sino de lo que cada uno tomaba como decisión. El Señor sacó a los cambistas y comerciantes del templo, sabiendo que de seguro volvería a hacer lo mismo, sin embargo dejó manifiesto su posición y esto no era en vano para sus discípulos que como dice Juan el apóstol: el celo de tu casa me consume; esto significa que aun en la impotencia se puede actuar con la guianza del Señor.

Las personas que David amaba quizá no estaban acompañándolo espiritualmente, sino que podían estar cercanas por otras razones. El padre del hijo pródigo fue impotente cuando su hijo decidió salir de casa, pero no podía actuar porque lo echaría a perder. Hasta en los momentos de impotencia tenemos que tener fe de que el Señor les ayudará a reconocer aun si tengan que tocar fondo como el hijo pródigo.

La impotencia, el no poder hacer nada, aunque se pida al Señor que tenga misericordia, aparentemente nos hace a la mayoría quedarnos solo de observadores pero disponiéndonos a recibirles, y a perdonarles. Esta espera es lo que consume, desgasta, es lo que nos puede devorar, esta forma es la más común, nuestra posición después de ser desconocidos por las personas, sin embargo David hizo otras cosas a pesar de que hablaban de él. El padre del hijo pródigo estaba allí esperándolo, no estaba en cama enfermo por el desgaste, consumido emocionalmente, sino de pie esperando para seguir amando, y volver a comenzar, a ayudar, cubrir, y devolverle su lugar, pues el que regresa es por algo.


David oraba, ayunaba porque como hombre podía hundirse en el lodo de la impotencia, porque muchos son consumidos por las enfermedades derivadas. Sobreponerse a esto era la misión, porque nos podemos involucrar más de lo que debemos y llegar a sucumbir. La oración, el ayuno, la súplica son necesarias para que nos permita el Señor actuar como se debe. Muchos cristianos se están consumiendo y aunque puedan creer que es lo correcto porque el amor es muestra que lo hacen por el celo de la casa del Señor, esto no necesariamente es así, porque en nuestro caso debemos estar libres, que no nos acabe, ni que nos meta en luto eterno porque estaríamos dejando que consuma nuestra vida completa sin movernos a la acción de Dios. Debemos liberarnos y no quedar atrapados en el lodo de la incomprensión y creer que por el amor hacemos lo correcto y nos estemos hundiendo.

No se debe dejar la oración primero por nosotros para tener siempre la libertad de Dios y así alcanza a ayudar aunque sea en el último momento para esta gente necesitada. El hijo prodigo no llego con condición de hijo sino de siervo a la casa de su padre, restauración hay para el que quiere, por eso no podemos estar hundidos, porque entonces no podremos ayudar a restaurarles. El padre del hijo prodigo debía estar fuerte libre para perdonar y amarlo en el tiempo oportuno de Dios.

lunes, 30 de abril de 2012

Desvaciándonos voluntariamente


Jer 48:11  Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado.
Jer 48:12  Por eso vienen días, ha dicho Jehová, en que yo le enviaré trasvasadores que le trasvasarán; y vaciarán sus vasijas, y romperán sus odres.
Jer 48:13  Y se avergonzará Moab de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó de Bet-el, su confianza.
Jer 48:14  ¿Cómo, pues, diréis: Somos hombres valientes, y robustos para la guerra?
Jer 48:15  Destruido fue Moab, y sus ciudades asoladas, y sus jóvenes escogidos descendieron al degolladero, ha dicho el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.
Jer 48:16  Cercano está el quebrantamiento de Moab para venir, y su mal se apresura mucho.

Aunque la profecía es para Moab, es mucho lo que podemos aprender de ella, porque dice que se encontraban confiados, pero también el significado es estar campante lo que sugiere de la actitud de Moab, que les parecía que no les podía pasar nada porque siempre fueron librados, aun cuando pasó Israel por sus tierras. Podemos pensar en esa misma actitud de cristianos que parece que se estancaron no tanto en una situación buena, sino en una situación cómoda.

La sensación de autosuficiencia puede ser reforzada por no tener nada en contra y sin embargo vio a sus vecinos de Israel agitados en cantidad de batallas. El único que puede salir bien y terminar con victoria la vida no es el autosuficiente sino el que confía en el Señor; sin embargo cuando estamos tranquilos el Señor tiene que hacer algunas cosas que nos ayuden a salir de la confianza en nuestras propias fuerzas y pasar a la confianza en él. El estar lleno nos hace sentirnos fuertes, sentirnos de buen estado de ánimo, como valientes y seguros, sin embargo pareciera que estar lleno de nosotros mismos nos traerá consecuencias.

Con cual sabor y olor estamos. Nos cuesta entender que como personas tenemos cosas que nos hacen individuales y otras que están dentro del plan de Dios para cambiarlas hasta que lleguemos a tener su imagen y semejanza, por tanto si somos como él estaremos cumpliendo su plan. Así que mucho de lo que pensamos que son los mejores atributos en nosotros, llegan a ser las que nos pueden eliminar y el enemigo quiere hacernos pensar que por ellas somos lo que somos.

La comparación que aquí hace es con el vino pues era algo que ellos podían entender porque se dedicaban a esta actividad, y les dice que son como el vino con su sedimento que le da su sabor y la fuerza, el cual no ha cambiado desde su juventud dándoles su propio sabor y olor. Si nosotros tenemos el mismo sabor y olor desde jóvenes es como decir que no has existido cambios en ellos, que se quedaron como jóvenes. Si hacemos la comparación con el vino su primera etapa es con el jugo nuevo sacarle las impurezas, ramitas, cáscara, etc., luego una etapa de reposo para sedimentar, y es aquí donde se purifica, y por último se pasa a los odres para añejar. Quiere decir que no se puede añejar si no se ha fermentado, limpiado y quitado el sedimento.

Moab era añejo con todas sus impurezas, y esta es la condición del cristiano que no quiere cambiar, pero que sin embargo sigue en la iglesia, llevando una vida religiosa, queda con su propio sabor y olor, en lugar de mejorar empeora. Este es el proceso que ellos conocían que el producto con el tiempo tiene que cambiar, mejorar su sabor y olor, sin embargo ellos tenía su propio olor y sabor sin transformación. En el verdadero cristiano cuando pasa el tiempo y somos los mismos y no se ven los cambios, debería de haber preocupación en nosotros porque lo que está pasando como dice Jeremías: es que estamos reposados o tranquilos, cómodos, es decir sin sentirnos mal por no haber cambiado, esto nos debe debería dar temor pues a Moab le daban una profecía dura, de juicio, debemos aprender con solo mirar alrededor nuestro.

El problema de no vaciarse. No sé cuantas veces hemos sentido la sensación de estar vacíos y ese estado nos hace reaccionar a buscar algo que nos llene inmediatamente. Pues algo parecido es lo que el Señor les habla a este pueblo (aunque la profecía se cumplió en Moab), y también nos lo dice a nosotros. No nos imaginamos lo bueno que es vaciarse de manera voluntaria y darnos cuenta en esa sensación de vacuidad que necesitamos volver a llenarnos. A veces los procesos pueden no tan cortos y otras veces los acontecimientos son rápidos.

Existe una capacidad máxima que cada uno cree tener y que realmente se vuelve al menos en ese momento nuestro máximo, es decir tenemos una capacidad máxima en lo emocional, en lo físico, en nuestras capacidades y hasta en lo espiritual. El límite puede ser movido y depende del envase o del recipiente donde se contiene. Por eso si no somos vaciados no podremos llenarnos nuevamente, porque de repente sentimos que ya no podemos con muchas cosas, es ese el momento que tenemos que ser vaciados.

Pero si vemos como es que se vaciaba la vasija de vino nuevo, nos damos cuenta que era por decantación, es decir inclinándola, y esa es la figura nuestra cuando nos inclinamos suplicándole y podemos sacar lo que nos ha llenado, o al menos nos ha dado la sensación de una llenura desagradable. Si nos vaciamos voluntariamente entonces el Señor viene a llenarnos porque se da cuenta que estamos buscándole para que nos llene, porque al botar lo anterior es como decir que no nos sirve.

Este ejemplo lo vemos en Ana cuando no podía tener hijos y su rival (1Sam_1:6), Penina si los tenía y la irritaba, la enojaba y la entristecía, y su marido Elcana no encontraba forma que ella superara su esterilidad. Ana se pudo vaciar en Elcana pero no podía porque continuaba su malestar, hasta que lo hizo delante del Señor en el templo, donde inclusive el sacerdote Elí la tuvo por ebria. Ana se llenó de muchos sentimientos dañinos, y tenía que desvaciarse donde pudiera ser llenada nuevamente, y esto era en el templo delante del Señor, pues no podía hacerlo con su marido aunque quizá lo intentó. Vaciarse entonces se vuelve una obligación para el cristiano que quiere avanzar en este camino.

A qué se compara el vaciado obligado. Cuando el Señor hace que nos vaciemos lo que sucede es que somos obligados a inclinarnos y vaciarnos y no necesariamente con alguien que nos va a llenar. Por eso el Señor les dice que les enviaría trasvasadores porque ellos nunca habían sido vaciados ni tampoco habían estado en cautiverio. Aquí la palabra cautiverio viene de otra raíz hebrea “galá” que significa desnudar, revelar o descubrir o exilio o cautividad. Esto indica que nos están vaciando cuando somos desnudados, por esto es importante no llegar a esta crisis sino hacerlo voluntariamente.

El que era llevado cautivo salía sin nada y quedaba desnudo no tanto de ropa, sino de recursos, de fuerzas, de valor, de libertad, y hasta de sueños. Si estos son los síntomas que tenemos es porque el Señor quiere que nos vaciemos y que corramos a llenarnos de él. El cautivo quiere tener quien abogue por él, quien le ayude o le dé una palabra de aliento, porque la alegría se va, el canto no sale, y la esperanza se desvanece.

Mientras tengamos vasija y odre hay esperanza. Muchos podemos sentirnos llenos porque el proceso no ha sido el adecuado en nosotros, pero se nos olvida que si nos vaciamos voluntariamente hay esperanza, pues el recipiente está completo y puede seguir sirviendo. Este es el tiempo que el Señor nos da para que lo hagamos voluntariamente, de lo contrario tendremos problemas porque cuando quieren destruir la vasija y el odre es porque no nos interesamos en tener de Dios dentro sino cualquier cosa y sin seguir el proceso.

El proceso del Señor tiene ciclos diferentes, pues no permitirá que reposemos en nuestro sedimento, sino que nos vaciemos para quitar el sedimento y toda impureza, y aquí no aplica añejarse para mejorar, sino en la depuración y mejoramiento que hace la decantación o el vaciado.

Ser volteado o acostado o agobiado (cuando hay fuerza de resistencia), es un proceso que viene de afuera, es obligado, pero quizá la única forma viable, pero si es quebrada la vasija, el proceso termina. Los volteadores existen, porque aunque no los contraten se prestan a voltear al hermano con la intención de hacer daño, pues la vasija vacía es más fácil de quebrar, está más frágil, vulnerable, y es por eso que el Señor quiere que no nos pase como a Moab, sino que aunque el vacío es una sensación dura, o desesperante, que esa misma sensación nos haga buscar la Señor para ser llenados nuevamente.

Se puede decir que vaciarse es necesario cuando nos vamos llenando y el sedimento (el viejo hombre), le va dando el mismo sabor a todo, entonces debemos vaciarnos para que el Señor saque el sedimento y nos vaya limpiando. Pero el proceso de vaciado puede ser voluntario y obligado, este último muchas veces es para destrucción porque hay juicio, pero también puede ser para darnos una última oportunidad de que, en ese vacío busquemos a Dios que ya antes nos había llenado y esa experiencia nos hace buscarlo. El otro vaciado es al estilo de Ana, voluntario delante del Señor y este es el que nos cambia porque es sacado el sedimento (o chingaste como decían las abuelitas), que ya no sirve y eso viejo es eliminado.